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Lourdes Couñago Mora. Asociación Primavera Andaluza

Quienes, al leer este título, tengáis la intención de afilar el dedo acusador, absteneos.

Miradme de frente. Os habla la madre, la mujer, la hembra, la compañera, la hija, la amiga, la nieta, la que vive en el piso de al lado, o con la que os encontráis cada mañana por las calles de vuestra ciudad.

No os atreváis a juzgar sin conocer

No os atreváis a juzgar sin sentir.

Sin ninguna intención excluyente, solo una mujer que se ha sabido embarazada, puede entender lo que digo. La sensación desconocida pero inherente a nuestra esencia de hembra de la especie. Ese instinto y esa sabiduría ancestral que a millones de mujeres hermana.

En un minuto se agolpan todas las emociones habidas y por haber. En el minuto siguiente, llega la realidad, que no es única, hay tantas como mujeres, sentimientos que van unidos a un deseo esperado, a una sorpresa grata, o que nos enfrenta con algo que queremos ajeno.

Ninguna mujer... No no, perdón, en mayúsculas, NINGUNA mujer quiere abortar. Por educación, por valores adquiridos en el proceso de socialización, incluso por ese instinto de hembra. Y cuando la decisión es tomada, algo se rompe muy dentro.

Y ya está. No es necesario mayor argumento. Las mujeres estamos legitimadas para que la decisión de abortar, sea NUESTRA decisión. Nadie ajeno a una mujer, ni puede ni debe decidir. A nosotras nos compete, a nosotras nos corresponde. Es nuestro derecho y nuestra responsabilidad.

Desengañaos quienes creáis inocentemente que la ley del PP va a conseguir que las mujeres no aborten. A vosotr@s os lo digo, a los del dedo acusador.

Volveremos a aquellos años en los que, las de “buena familia”, acomodadas y económicamente en un estatus elevado, muchas de ellas católicas practicantes, de misa dominical y ayuda a los pobres, se marchaban a Londres y en un fin de semana estaba resuelto “el problema”.

Y el resto, lo harán en un cuchitril, a escondidas, sin ningún tipo de asepsia, poniendo en riesgo su vida y su cuerpo, apretando los puños y los dientes y pidiéndole a la vida que la agonía física y emocional acabe pronto.

20 años después de que pidiéramos en las calles nuestro derecho a decidir sobre nuestro cuerpo y nuestra maternidad, volvemos a decirlo de frente, y con nuestra fuerza cortaremos tantos dedos acusadores que nos señalan. Si nosotras parimos, también nosotras decidimos.

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