Marché de Nápoles a Roma, camino inverso al que realizara Caravaggio y, huelga decirlo, sin asesinar a nadie como presuntamente el celebérrimo pintor barroco hiciera en su momento. ¡AVE, Roma! Que ya llega quien te admiraba sin conocerte, sin más edicto que el de tu legado, tu imperio, tu historia, tu gloria, tu Corpus Iuris Civilis y tu nombre pronunciado al revés, que todos sabemos lo que es.
Lo de París es un mito que lleva a una decepción hecha síndrome bajo el mismo nombre para el apasionado turista y para el amante viajero. Roma está siendo continuamente asediada y conquistada por legiones de turistas que no pueden ser contenidas. Bárbaros llegados de todos lados con los que al romano no le ha quedado otra que aprender a convivir lo más pacíficamente posible. Es lo que tiene vivir bajo el yugo de unas siglas mundialmente conocidas, SPQR.
Pero ya saben eso de que el diablo sabe más por viejo que por diablo. Y a Roma pocas le ganan de antigua, así que ella se anticipa y te facilita la contraseña con la que debes visitar sus hermosos, eternos e infinitos rincones. Todo el mundo sabe lo que esconde la palabra Roma si se lee en orden inverso en castellano, pero pocos saben que es la clave para visitar o vivir la ciudad.
Roma hay que conocerla exclusivamente si se está enamorado. Roma es la ciudad de Hugo y Pilar. Uno tiene que ir allí con la faena ya estudiada desde casa, con el anillo preparado en el bolsillo. Todo elemento llamativo o singular de la ciudad es un recuerdo del pasado, algo que en el amor no debe servir de nada. Porque el amor no se conjuga en un pretérito simple, sino en un presente continuo y un futuro pluscuamperfecto.
Su exposición permanente de muestras históricas deja en vergüenza a cualquier actual tendencia de Tik Tok, por lo que no hay nada más necio que caminar por Roma mientras se mira una pantalla, obviando que puede haber una persona al lado a la que cuidar, con la que reír y a la que amar. Hay labios que encierran aquello que solo Miguel Ángel veía en un bloque de mármol.
En esta ciudad todo puede estar en ruinas, hasta el amor. Y si eso ocurre, ni la Capilla Sixtina es para tanto, ni se es capaz de hallar ni un mínimo de fe entre tantas iglesias y basílicas. No hay camino que lleve a la clemencia pretoriana, ni treguas ni bulas papales valen en este lugar, o se ama o no se ama. A ver si te vas a creer que el culto al dios Baco también es casualidad. Roma te enseña la fidelidad a través de Francesco Totti, il eterno capitano. Preferible es morir que vivir sin amar. Por tanto, si cuando quieres descubrirla no estás enamorado, siempre te quedará Roma.



