Rectificar es de sabios

Seamos sabios, pues si algo he aprendido de mis errores, es que cada persona es "dueña de su silencio, esclava de sus palabras y víctima de su orgullo”.

Jeremy Irons. FOTO: GAGE SKIDMORE
Jeremy Irons. FOTO: GAGE SKIDMORE

Esta semana, en la presentación de la Berlinale, hemos sido testigos de cómo el actor británico Jeremy Irons, en su calidad de presidente del jurado, ha reconocido sus errores pasados, abriendo el citado festival de cine de Berlín con unas contundentes afirmaciones de apoyo al matrimonio homosexual y a las leyes de interrupción voluntaria del embarazo, así como para respaldar el movimiento Me too y deplorar todo tipo de abuso de género a las mujeres. Con su declaración, el actor, ha querido rectificar y “dejar clara de una vez y del todo” su postura sobre estos temas después de que anteriores opiniones suyas sobre estos asuntos provocaran fuertes críticas y controversias. Ya lo decía el poeta Inglés, Alexander Pope… "errar es de humanos, perdonar es divino, rectificar es de sabios".

La RAE (Real Academia Española) define el error como “acción desacertada o equivocada” y equivocarse como “tomar desacertadamente algo por cierto o adecuado”. En mi opinión, creo que el error es parte fundamental de la vida, pues de los errores se aprende y que todos tenemos el derecho a equivocarnos pero también debemos tener la obligación de rectificar.

Los errores tienes tres pasos: aceptarlos, superarlos y no volver a cometerlos. Cuando aceptamos que nos hemos equivocado, nos permitimos aprovechar la oportunidad de mejora que nos ofrece el error. Pero si cometemos un error que involucra a otras personas, debemos aprender a pedir perdón, empatizar con el malestar generado en otros y responsabilizarnos de las consecuencias de nuestras acciones. Superar los errores nos lleva a poner el foco de atención en la solución y no en el problema. Y debemos asumir que no podemos evitar cometer errores, pero sí podemos intentar evitar cometer el mismo la siguiente vez. Y eso, es lo que nos proporcionan nuestros errores, la oportunidad de aprender y mejorar gracias a ellos.

Por ello, siempre he defendido que equivocarse es un derecho, pero rectificar y pedir perdón debería ser una obligación. Porque si el error se mantiene y la rectificación no llega de la mano del convencimiento y el reconocimiento de éste, las consecuencias para el entorno, así como para los demás implicados y aludidos, pueden llegar a ser mucho mayores.

Pero además, la rectificación no sólo es de sabios, sino que también es de sentido común. Mucha gente no rectifica por orgullo, ego o prepotencia e intentan argumentar y justificar su error desde una aparente sabiduría, cuando en realidad lo único que desprenden es falta de empatía, ignorancia y ligereza como persona. Incluso hay quienes piensan que rectificar a petición de los dañados o aludidos, es de necios. Pero de necios sería saber que te has equivocado y aun así persistir en tu errada opinión. Porque como apuntaba el científico español y ganador de un premio Nobel, Santiago Ramón y Cajal… “Lo peor no es cometer un error, sino tratar de justificarlo, en vez de aprovecharlo como aviso providencial de nuestra ligereza o ignorancia”. Por ello, seamos sabios, pues si algo he aprendido de mis errores, es que cada persona es "dueña de su silencio, esclava de sus palabras y víctima de su orgullo”.

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