La realidad no está garantizada

Tal vez habremos bajado la guardia, tantos estímulos, tanta corrupción, tantas horas de trabajo, tanto 'todos son iguales'… qué sé yo

Una obra del escultor Jacques Tilly.
30 de enero de 2026 a las 10:08h

¿Cómo iba a imaginarse él, un pastor evangélico, mexicano de nacimiento, residente en Minneapolis desde hace 24 años, convertido al cristianismo hace 17, que alguien tan campechano y directo como Donald Trump, cuando hablaba de acabar con la delincuencia callejera, se refería a limpieza étnica? ¿Por qué es tan difícil ver al lobo? Incluso cuando ese lobo ni se molesta en disfrazarse.

Vemos lo que deseamos. Imagino que el bueno de Sergio Amezcua, agradecido a ese país de superhéroes de papel, creyó ver en el grandullón pelirrojo a otro de aquellos salvadores. No debió de pensarlo dos veces, porque si se hubiera detenido a ello, se habría dado cuenta de que, por ejemplo, Superman, por poner un caso bien conocido, utilizó todos sus superpoderes —haciendo que la Tierra girara en sentido contrario al natural para volver al pasado— solo movido por rescatar de la muerte a su amada Lois Lane. Como Donald Trump, que reserva todas sus fuerzas solo para cumplir un sueño: hacerse por completo con las calles y edificios del Monopoly. Tanta ingenuidad, ciudadanos del mundo, nos está dando muchos quebraderos de cabeza.

Que están aquí es una realidad, aunque nos recuerde a una de esas pesadillas que se desvanecen al levantarnos de la cama. Lo que parecía imposible hace unos años —nadie ni nada quebrantaría nuestra sociedad de bienestar, donde los derechos se ganaban y no se perdían, imbuidos en la rutina de trabajar, para consumir y consumir para entender por qué trabajábamos— hoy está en la cuerda floja. Tal vez habremos bajado la guardia, tantos estímulos, tanta corrupción, tantas horas de trabajo, tanto todos son iguales… qué sé yo. Pero, una vez salen del armario, las maneras de estos ultraconservadores son fáciles de identificar. Claro que salen cuando tienen la fuerza de un huracán.

Entonces, siembran el terror entre muchos de los que los alzaron al poder con su voto; e incluso siembran el miedo fuera de su país, porque para ellos no hay fronteras, y ahí tenemos a Putin acusando al escultor alemán, Jacques Tilly, de difamación a las fuerzas armadas rusas. Así, saltándose leyes y el sentido común. Este escultor satírico y crítico con Putin será juzgado en Rusia. No podrán aplicarle la condena, al menos por el momento, mientras no nos invadan, pero ya ha metido el miedo en el cuerpo a otros artistas, periodistas, políticos por el temor a ser cancelados y encarcelados. Jacques Tilly no podrá viajar a ningún país con el que Rusia tenga acuerdos de extradición, lo que le llevará a cuidar muy mucho por donde pisa, literal y metafóricamente.

Para muchos, la violencia que están ejerciendo Trump o Putin, por poner los casos que más suenan por nuestras tierras, está sentando como un jarro de agua fría, ¿quién iba a imaginar que la realidad es tan voluble? Más se parece a cualquier ganga que compras sin garantía que a la verdad. Ya es tarde para arrancar ese árbol que ha crecido tanto, pero no debemos renunciar a construir una realidad más justa donde quepamos todos. Habrá que plantar otros árboles, muchos más, que rodeen a ese árbol venenoso hasta formar un bosque que lo deje fuera de juego. Aquel mexicano que engrandeció a Trump con su voto es ahora su opositor, ejerciendo sus derechos, pese a estar siendo pisoteados, luchando porque la Justicia (que no la voluntad de un cacique) impere en Minneapolis; el artista alemán no se ha amedrantado ante el ogro ruso y mantiene su posición crítica y satírica a través del arte. La voz de cada uno puede ser como un árbol robusto.