Piezas de oro del Tesoro de El Carambolo. Imagen: Junta de Andalucía / J. Morón.
Piezas de oro del Tesoro de El Carambolo. Imagen: Junta de Andalucía / J. Morón.

¡Qué gente tan generosa! Si no fuera por ellos ni existiríamos. Y qué tierra tan pobre, incapaz de construir un cuenco para comer, ni de tener siquiera un dios propio. Es la conclusión de un cártel de arqueólogos, deseosos de ratificar la historia “oficial”, la que beneficia  a los gobiernos de España y justifica la ocupación militar de Andalucía, mandada escribir por un rey analfabeto, a su vez basada en un poema que confunde datos y miente deliberadamente, y unos pseudo-historiadores creídos merecedores del título por haber aprobado el último curso, pero incapaces de investigar, de cruzar información, de ser lógicos, también, afianzando la historia que más conviene al poder, para ganarse sus simpatías. Estos arqueólogos y pseudo historiadores, pretenden hacernos creer que todo, absolutamente todo cuanto se ha encontrado, se está encontrando y –presumiblemente- se encuentre en Andalucía, se debe a los fenicios.

La última de estas atrevidas perlas, asegura que los “buhoneros del Mediterráneo”, enseñaron a escribir a los nativos. Grave aserto, pues, ¿cómo, entonces, hay muestras de escritura tartesia que aún no se ha podido descifrar? Si la escritura tartesia fuera fenicia, se podría leer por su misma regla. ¡Son como niños! Si se detuvieran a pensar antes de soltar uno de sus despropósitos, no quedarían en tan mal lugar. Sólo es la última, no la única. Para atribuir naturaleza tiria a la adoración lunar, personificada en la diosa Astarté, sólo se molestan en comparar el nombre: Ishtar en Palestina, Baal en Tiro… Pero tampoco piensan en sus contradicciones: Baal es masculino. ¿de dónde procede el cambio de sexo? Pero, si discutible es aceptar la naturaleza siria de Astarté ¿qué ocurre con Noctiluca, reina de la noche, dotada de los mayores atributos, con extensos poderes y madre de sus fieles? Aquí ni siquiera hay semejanza de nombre. Sí, es posible; muy posible la equiparación.

No sólo de la mitología tartesia con la siria; sino de la sirio-fenicia con la egipcia, y con la israelita, y con la griega. Ishtar, Isis, Venus, Astarté. Que se puedan equiparar por similitud de rasgos y funciones, es lo más normal; todos los pueblos de Oriente próximo tuvieron contactos y creencias comunes, por los que es posible hallar dioses casi idénticos, con nombres distintos, ó muy parecidos, según el lugar. Pero hacer dependientes de Tiro únicamente a los tartesios, no pasa de estulticia magnificada, si no burda manipulación para ocultar la realidad andaluza. Los contactos no se dieron únicamente entre los pueblos del Este del Mediterráneo. Tartessos navegaba regularmente a Atenas, Tiro, Jerusalén y otras ciudades del extremo opuesto del mar, tanto como los fenicios comerciaron en la costa tartesia.

Comerciaban. Traían mercaderías y es normal que se llevaran otras, unos y otros, tartesios y fenicios. Luego sería lógico que en Andalucía se hallaran restos de artesanía siria o griega tanto como que se encuentren allí restos de obras originales tartesias. Pero, para los investigadores auto-limitados a certificar procedencia oriental, son fenicios hasta Marroquíes Bajos y El Carambolo. Pese a que su descubrimiento permitió identificar otros hallazgos anteriores —Saltés, Cancho Roano, Setefilla, La Aliseda— y se les pudo catalogar, al descubrir sus características comunes, hay profesionales de la piqueta empeñados en adjudicar su autoría, también, a Tiro. Sin embargo, en toda Siria no se ha encontrado el menor rastro de objetos que pudieran emparentarse con los de El Carambolo o la Aliseda. Ni siquiera les desanima la evidencia de que los fenicios no se adentraban más allá de la línea de costa, y Jaén, Carmona, Cancho Roano y El Carambolo están tierra adentro, y La Aliseda más tierra adentro aún, en Cáceres, dónde es totalmente impensable que pudieran llegar los “buhoneros”. Pero la obsesión por negar la existencia de una civilización en Andalucía, es más fuerte para ellos que la evidencia y la búsqueda de la verdad

Negar la existencia de una civilización en Andalucía, anterior a la dominación romana, permitiría negar la antigüedad de esta tierra y su formación, muy anterior a la existencia del reino de España, algo que la historiografía oficial no está dispuesta a admitir. Aunque la bandera española sea del siglo XVIII y la andaluza del XII. Aunque el himno de España sea un calco de una nuba andalusí del siglo X. Aunque los fenicios no llegaran a visitar Carmo (Carmona), Spalis (Sevilla), ni a conocer tierras al norte, su esfuerzo por hacernos creer que Andalucía nace a partir de la conquista castellano-leonesa, es persistente pero no meritorio. Negar la verdad no es ningún mérito.

Hacernos dependientes de otros lugares, de movimientos migratorios foráneos, viene siendo una obsesión en la Historia de España. «Los íberos venían de África», fue principio inamovible, hasta que lo movió el conocimiento del viaje de ida y vuelta de los Curetes. El descubrimiento de El Carambolo permitió clasificar otros encuentros anteriores, la escritura tartesia aún no está descifrada, pero nada obsta a estos «descubridores» de lo ya mantenido, certificadores de una «realidad» impuesta por un régimen basado en grandes mentiras históricas, al que la verdad, y la existencia de una civilización anterior ponen en grave evidencia. Pero la verdad sólo tiene un camino, que se abre entre tanta torticera manipulación.

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