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El próximo domingo cuando se cierren los colegios electorales confirmaremos lo que ya son certezas: que el PP se hundirá en Andalucía, lo que acelerará también su salida de la Moncloa y de muchos ayuntamientos, como el de Jerez; que Izquierda Unida sufrirá a pesar de tener un gran candidato, como es Antonio Maillo (ojalá me equivoque); que Moreno Bonilla se volverá para Madrid con una oreja menos tras el bocao que le pegará Ciudadanos, y que Podemos se confirmará como un vendaval que ha conseguido movilizar a gran parte de la ciudadanía harta y cabreada, e irrumpirá con fuerza en el tablero andaluz tras 35 años de Gobierno del PSOE.

Según los últimos sondeos, la suma del voto de izquierda (PSOE, IU, Podemos) será mayoritario en Andalucía, frente a una derecha sin crédito, por tanto sufrimiento infligido a la ciudadanía, y podrida hasta la médula por su vinculación con tramas corruptas como la Gürtel, de las que Jerez no se ha librado. De hecho, las propias gaviotas tendrán que posar sus alas en el banquillo de la Audiencia Nacional, tras imputar Ruz al partido de Rajoy y Pelayo por enriquecerse presuntamente con los manejos de Correa, Bárcenas, el Bigotes y compañía.

No les voy a decir a quién voy a votar, pero sí quién quiero que gane y quien quiero que pierda. Además de Moreno Bonilla y su partido imputado, quiero que pierdan los responsables de que Juan y Medio exhiba en las pantallas de Canal Sur a la Andalucía "graciosa" y atrasada, en la que modestas amas de casa cuentan sus miserias y escupen sus frustraciones, jubilados ofrecen pisito y pensión a una a posible esposa, y niños prodigios hacen monerías adiestrados por sus papás.

Quiero que pierdan quienes confunden la identidad cultural andaluza con rancios tópicos que bloquean cualquier opción de avanzar hacia la modernidad, haciéndonos referencia de la peor versión de la España de charanga y pandereta. Que pierda la Virgen del Rocío, la Macarena y todos los crucificados cuya simbología respeto, y a quienes creen en ella, pero detrás de la cual hay dinero de ayuntamientos que, en algunos casos, no pueden pagar las nóminas de sus trabajadores y, en otros, abandonan, privatizan o prescinden de servicios públicos básicos. Quiero que pierdan los que exigen a las administraciones públicas dinero para la enseñanza privada religiosa, a costa de que no haya papel higiénico en más de un colegio público, o de que los niños y las niñas tengan que dar clases sin quitarse el abrigo so pena de coger una pulmonía...

El domingo quiero que gane la capacidad intelectual y el buen gusto, la honradez y la lealtad, y no la imbecilidad, la corrupción y la intolerancia; que ganen quienes me respeten y consideren una persona inteligente, y no un mero espectador de una democracia administrativa que, al día de hoy, en muchos casos, solo provee de trabajo a funcionarios de partidos que no podrían encontrar acomodo en el mercado laboral.

Quiero que el día 23 de marzo haya un Gobierno decidido a hacer de Andalucía una tierra integradora y de oportunidades para todos y no meros administradores resignados a que sigamos siendo paradigma del atraso y la precariedad en el sur de Europa. Quiero que  gane el consenso entre los partidos que apuestan por la homologación de Andalucía con otros territorios inteligentes que fían su futuro al desarrollo educativo, la promoción de la cultura y el acceso de la ciudadanía a las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación. Eso significa que quiero un Gobierno de personas ilustradas, que lean y se afanen por aprender, y no de zafios incapaces de reproducir sin trabucarse el argumentarlo que le receta su  partido cada mañana.

Quiero que ganen los que se comprometan con una política económica al servicio de la igualdad y de la felicidad de las personas, y que pierdan los que  universalizan el sufrimiento para mayor gloria de oligarcas y banqueros. Que ganen quienes defiendan la calidad de vida de mi madre, niña en la España del 36, que cobra una mísera pensión de poco más de 300 euros, y que pierdan los responsables de que miles de familias estén desahuciadas del sistema. Quiero la victoria de los que sean capaces de decidir, de inmediato, que ni un solo niño andaluz sobreviva con un bocata de nocilla y una sopa de avecrén, y que pierdan los esclavistas que, al amparo la reforma laboral criminal de Rajoy, ofrecen salarios de 400 euros a mujeres desesperadas.

En resumen, quiero que  triunfen quienes defiendan una Andalucía igualitaria y culta, que revalorice sus recursos y redistribuya las plusvalías de su inmenso patrimonio; y que pierdan los que representan al señorito cateto y sus imitadores, a los del postureo, el tópico, el pelotazo y la especulación. Quiero la victoria de la Andalucía de Columela y Averroes; de Velázquez y de Picasso; de Lorca, Alberti y Paco de Lucía; de Ramón de Cala y de José Paúl y Angulo. Quiero que ganen Mariana Pineda y María Zambrano. Quiero que gane la inteligencia.

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