¿Qué dicen de nosotros nuestras cunetas?

En muchos países europeos, tirar basura desde el coche es un acto impensable, ya sea por concienciación o por miedo a la sanción. En nuestro país, hace falta un cambio cultural revolucionario

Cuneta llena de basura de una carretera del Parque Natural Sierra de Grazalema.
10 de noviembre de 2025 a las 10:59h

Nuestro país, al menos el país que yo conozco, es un país de cunetas sucias. Sucias de toda clase de residuos: latas, cartones, plásticos, colillas, toallitas, hasta electrodomésticos. Evidentemente, no solo tenemos asquerosas nuestras cunetas, sino ríos, pantanos, playas, parajes naturales, descampados… Pero, tal vez, sean los lados de las carreteras, por razones obvias, donde toda esta porquería se hace más visible. 

El abandono de basura en todo tipo de parajes tiene consecuencias medioambientales graves: contamina el agua y el suelo, puede ser ingerida por animales y causa otros muchos tipos de afecciones a la fauna, aumenta el riesgo de incendios —o en el caso, por ejemplo, de las colillas; directamente los provocan—. 

Pero además de los daños ecológicos, ¿qué imagen damos como país? ¿Qué pensarán sobre nosotros las personas que nos visitan y viajan por las carreteras de nuestro país al ver esto que no aparece en los folletos turísticos? Yo creo que la respuesta es obvia y no nos gustaría escucharla: que no somos civilizados, que somos todos unos guarros. Este fenómeno, tan cotidiano que ya muchos ni lo notan, es un espejo incómodo donde mirarnos que denota nuestra forma de relacionarnos con nuestro entorno. Mientras presumimos de sol, playas y de la belleza de nuestra naturaleza, vivimos anclados en la cultura de la desidia y la indolencia: tirar al suelo y mirar para otro lado.

Limpiar estos vertederos ilegales —responsabilidad de distintas administraciones, según el  tipo de vía— es una tarea prácticamente imposible. Muchos voluntarios también se empeñan en limpiar estos y otros parajes, pero el resultado es siempre efímero: se limpian y, al poco tiempo, vuelven a estar sucios. No se trata de limpiar mucho, sino de no ensuciar. 

En muchos países europeos, tirar basura desde el coche es un acto impensable, ya sea por concienciación o por miedo a la sanción. En nuestro país, hace falta un cambio cultural revolucionario que nos ponga, por fin, a nivel europeo en materia de civismo. Para ello, es necesaria una educación ambiental y cívica real —en las aulas y en los hogares—, campañas continuadas y la aplicación efectiva de las leyes —y las correspondientes sanciones— que ya existen.