La celebración de entrada en 2022 trae propósitos de año nuevo.
La celebración de entrada en 2022 trae propósitos de año nuevo.

Es la época, ¿no? En cierto modo este tema me recuerda a cuando durante la carrera nuestro profesor de Política Económica nos hablaba de los programas electorales. De ellos decía que no se cumple ni el 20% principalmente por dos razones: La primera es que un programa está escrito para un momento en concreto y luego los problemas que se presentan pueden ser otros. Y la segunda y más importante es que hay muchos elementos de adorno que desde un principio se sabe que son imposibles de realizar, pero ayudan a definir la ideología de la formación o a justificar otra política porrillera. Por ejemplo, en su día el programa de Ciudadanos decía que todas las bajadas de impuestos se compensarían con la supresión de las SICAV, algo simplemente imposible.

Con los propósitos de año nuevo suele pasar siempre algo parecido, alrededor del 80% suelen ser imposibles de realizar. Ya estamos acostumbrados a clásicos como “este año dejo de fumar”, “este año voy a tomarme en serio el gym” o “voy a dejar de masturbarme”. En nuestro grupo de amigos, el propósito imposible de realizar más gracioso que hemos podido ver es “voy a dejar de comer comida basura de aquí en adelante”. Si bien puede parecer razonable, lo cierto es que no se puede decir a ciencia cierta que no vas a volver a pisar un McDonald’s. Hasta aquí, quien sea lector veterano podrá adivinar que este artículo es otro más de los basados en una charla con cervecita. 

Los propósitos de año nuevo en nuestro grupo no son especialmente ambiciosos. Yo me he propuesto que después de escribir cada artículo, ya que está el ordenador encendido, voy a ponerme a escribir por fin mi libro. Así dejaré zanjado de una vez por todas mi tema estrella y una de las preguntas más recurrentes que me hacen: mis anécdotas de las Juventudes Comunistas y mis motivos tanto como para entrar como para salir de la organización. Pienso contar todo tal y como fue, si alguien tiene algo en contra nos veremos en el juzgado de primera instancia si lo ve conveniente. Mis intenciones fueron motivo de risa en el grupo de amigos, sobre todo porque el padre de Luis, Santiago Cordero, nos regaló hace poco su libro donde cuenta su experiencia en el Camino de Santiago en momentos tan duros como el ERE del Ayuntamiento. Finalmente, Isa sentenció: “Por favor, si alguna vez escribo un libro contando mi vida, matadme.”

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