'Ole' y no 'olé': olé, las papas con bistec

Otro tema recurrente entre las conversaciones de los treintañeros es alrededor de los recuerdos de la adolescencia: “¿Tú te acuerdas de cuando en tal sitio hicimos tal y cual…?”

jose (2)

Trabajador social en Fakali, Federación de Asociaciones de Mujeres Gitanas

'Ole' y no 'olé': olé, las papas con bistec
'Ole' y no 'olé': olé, las papas con bistec JUNTA DE ANDALUCÍA

Las conversaciones con amigos, como es lógico y normal, son de lo más variopintas. A esta edad, solemos tratar temas que van desde las hipotecas a los agobios de los trabajos, pasando por la búsqueda del empleo, oposiciones, niños y algo de actualidad. Tratamos un poco el fútbol, cotilleos e incluso, repasamos la última faltada de respeto entre famosetes de tres al cuarto. Pero no podemos obviar que los temas recurrentes son los niños. La gente nos habla de sus infantes, de lo que suelen hacer, de sus ocurrencias, al fin y al cabo. Nosotros, como no tenemos, y en un esfuerzo empático hablamos de nuestro perro. “Mi niño el otro día hizo tal trastada”, nos cuentan. “Pues el Duende el otro día abrió la bolsa de la compra, cogió un melón y se lo zampó, el sinvergüenza”, respondemos (caso verídico). Todos nos reímos, al fin y al cabo, y es que, el perro es para tenerlo cerca. Algún día les contaré, si gustan, algunas aventuras del can.

Otro tema recurrente entre las conversaciones de los treintañeros es alrededor de los recuerdos de la adolescencia. “¿Tú te acuerdas de cuando en tal sitio hicimos tal y cual…?” Y así hasta que solemos llegar a recordar aquellos años en los que nos pasábamos una Feria de Abril de cabo a rabo. Y tan cierto que era. Comenzábamos después del pescaíto y no la soltábamos hasta el día de los cohetes. Del grupo había algunos que se quedaban un ratito (muchas comillas) después de los cohetes. Cada noche era un espectáculo. Juntábamos los dineros y con eso, sabíamos cuánto teníamos para pasar la noche. La noche llegaba hasta el alba. Qué bonitas son las amanecidas en una Feria de Abril ante una juerga por bulerías, por cierto. “¿Tú te acuerdas de cuando entrábamos en la caseta, que ya nos conocía hasta el dueño y, ya de madrugada nos quitaba las sevillanas y nos ponía aquella de la Química de Diego Carrasco? Ahí comenzaba todo”, asegura uno.

Ciertamente, ahí comenzaba la fiesta, por derecho, digo. Comenzábamos tímidos aquel grupo de cinco o seis, al que se sumaban otros tantos. Al final, la caseta era flamenca, pero de la de sin ojana. La caseta entraba a compás, poquito a poco. El dueño, enamorado del cante y del baile, nos agasajaba. Otra, nos contaba que el momento que más le gustaba de todos era cuando nos poníamos a cantar y a bailar rumbas, bulerías…y a veces sevillanas. En ese orden. Y a veces surgía incluso sin caseta. No era necesario. El coro inicial de cinco o seis se convertía en quince, luego en treinta…Todo el mundo era muy flamenco en esa semana. Quizás como cantaba Raimundo lo de “los días señalaítos”. Más o menos. También venían los malajes, para qué mentir. Entonces había gente que por respeto al ambiente hacía un par de quiebros para que el metepatas saliera rápido del lugar. Y también se acercaban las forasteras. Y se metían en la juerga. Yo fruncía el ceño, pero bueno, son cosas mías. Algunas forasteras y forasteros, extasiados de ver cómo efectivamente, sus prejuicios eran ciertos, con botella de manzanilla en la mano te gritaban fuertemente al oído un ¡olé! Con tilde en la e y bien alargada sobre tu sistema auditivo.

Nunca les dije que olé aquí no. Aunque hay quienes le dicen que sí, pero es que no. Aunque la real y muy ilustre academia de la lengua española (y mucho española) diga que sí. Aunque el teclado predictivo de nuestros móviles diga lo que quiera, lo cierto es que ole se escribe sin tilde, libre y al viento. A veces, le podemos poner una `j´, y alargando la `o´ en una expresión más flamenca. Sucede lo mismo que con la mil veces mal dicha `zambombá`. Vamos a ver, ¿no llevamos siglos explicando que la tilde en la `a´ ahí no va? Pues vienen foráneos a decirnos que sí, que es “olé” y “zambombá”. Para eso marcan el país como debe ir. Para ello nos dicen cuánto ganamos por aquí. Nosotros le ponemos el compás y ellos las palabras (y los números). Y así hasta el fin de los días. Si ellos dicen “olé”, pues será “olé las papas con bistec”.

Así pues, y según la Wikipedia, la interjección es usada para el Flamenco y los toros, si bien yo la he escuchado incluso, en Semana Santa, fruto de la procedencia popular que tiene esa fiesta de los sentidos, que tan mal vista sigue por ojos foráneos que, con aires de superioridad, nos hablan del concepto epistemológico del trozo de madera. Y hasta incluso, he llegado a escuchar un `oooole´ dedicado a un político que desde su tribuna ha bordado la faena. Y para funciones teatrales. Qué decir, por cierto, de cuántas veces se pronuncia en el Teatro Falla. Y qué bonito suena, dicho sea de paso.

Por eso, ya que insisten los intelectuales de la lengua en decirnos dónde debemos poner la tilde, veo bien que en las banderas del 12 de octubre pongan “olé España”. Porque esa tilde marca la diferencia. Ole la España de currantes, de gente que saca sus hijos adelante sin necesidad de cuentas en Suiza. Ole el feminismo, el antirracismo, la equidad, la tolerancia y el respeto entre los pueblos. Ole la gente de a pie y el olor a puchero entre las calles estrechas de cualquier barrio, que, pasando penurias, sigue adelante con lo que tiene. Olé (entonces con tilde) la España de bandera y sillón. La de Francisco con sus recuerdos y la de la gente ordenada, claro que sí. Ole entonces la resistencia. La de la gente que, sin haber alcanzado una conciencia crítica y metafísica, sabe discernir entre clases y clases. Si quieren, póngale la “j” por delante. Joooole la España crítica consigo misma, los que tuvieron que salir de su país con lágrimas en los ojos porque aquí el futuro era incierto. Joooole los que salen a la calle a reclamar sus derechos e incluso, los tuyos.

Usted decide si ponerle el compás donde no es a la “e”, misma letra por la que empieza esta unión de territorios y culturas. En cualquier caso, evite ese malsonante ´ele´, que es casi peor aún. Y haga el favor de que al menos, cuando haya unos cantes de por medio, se guarde la interjección para sí. No hace falta que nos digan de dónde son y a qué vienen con tres letras y una tilde donde no êh.

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