Un hombre pasa delante de un Árbol de Navidad.
Un hombre pasa delante de un Árbol de Navidad. MANU GARCÍA

Tengo que confesar que para felicitar la Navidad soy algo parecido al Grinch. No suelo mandar memes ni cadenas de éstas de copia y pega. Normalmente soy de escribir algo en mis redes sociales para hacer repaso y crítica a lo acontecido, pero en esta ocasión, ya que no nos volveremos a leer hasta el año de los dos patitos he decidido que mi mensaje navideño personal, único, exclusivo e intransferible sea en esta tribuna. Un segundo, que me siente en el sofá, me sirva un poco de vino dulce y ponga de fondo el tradicional villancico Oh, blanca Navidad.

Quería felicitarte. A ti, que me estás leyendo y muy posiblemente ni siquiera me conozcas. Quería hacerlo no sólo porque cumplimos con un tradicional rito en el que teóricamente todo debe ser mejor, bonito y cercano, sino porque has conseguido una vez más alcanzar y completar los 365 pese a las luces, sombras, tormentas, soles y nubarrones. Y ahora toca volver a empezar. Ciertamente esto parece Los juegos del hambre, donde tenemos que ir pasando de fase en fase, de problema en problema hasta alcanzar la meta. Y no nos lo ponen fácil, desde luego. Por eso quería felicitarte.

Oh, blanca Navidad, sueño
Y con la nieve alrededor
Blanca es mi quimera
Y es mensajera de paz y de puro amor

Y quería decirte que me alegra enormemente que la humanidad o, mejor dicho, una gran parte de la humanidad siga demostrando entereza frente a las adversidades, frente a las normas, quienes las dictan y quienes las firman. Pese a todo, la humanidad no ha acabado. A pesar de ser el hombre un lobo para el propio hombre, la humanidad demuestra madurez. A pesar de los pesares, seguimos de pie e incluso, para muchas injusticias salimos a las calles para gritar con fuerza y protegernos si hace falta. Y si tenemos que hacer que “arda Troya”, se hace, aunque tengamos que hacerles frente a caballeros de la Edad Media, provistos de armaduras de acero y pelotas de goma. Y aunque como defensa tengamos un bastón en unas manos ajadas, una pluma en un alma inconformista o una pancarta sujetada por un grupo de vecinos que al unísono se dejan las cuerdas vocales proclamando sus derechos. Lo hacemos por nuestro presente y nuestro futuro. El enésimo ejemplo de resistencia lo hemos tenido en Cádiz.

Oh, blanca Navidad, nieve
Un blanco sueño y un cantar
Recordar tu infancia, podrás
Al llegar la blanca Navidad

También quería felicitar a quienes siguen proclamando luz. Luz para más de esos 1.600 niños y niñas que siguen soportando una de las mayores vulneraciones de los derechos humanos de los últimos años, como es el terrible caso de Cañada Real, en Madrid. Sin olvidar los de Font de la Pólvora en Cataluña, Zona Norte de Granada o Polígono Sur de Sevilla, entre otros tantos. Ojalá que en esos hogares donde la luz se cortó en mitad de una pandemia, con restricciones, confinamientos y olas de covid-19 llegue un milagro en formato de sentencia firme para su restitución inmediata. Y por qué no desear también que sus verdugos, sean quienes sean, incluidos aquellos que tienen puesto el ojo para poner sobre el terreno sus nuevos ladrillos también lo paguen. O al menos, que pasen una temporada en las mismas condiciones que estos miles de niños y niñas.

Oh, blanca Navidad, nieve…

Y felicitarte también a ti, sanitario. A quien me cuida si es que tengo que hacer uso de las urgencias a tenor del desmantelamiento continuado de la Atención Primaria. Felicitarte a ti, doctor o doctora (permíteme que el apellido se lo pongas tú) y también disculpa a mis mandamases que te enviaron a un campo de batalla con una espada de madera. Primero sin EPIS, después sin prevención, tras ella a vacunarnos y tras haber mandado a la calle a miles de tus compañeros… ahora volvemos a empezar. Dan vergüenza los mandamases, lo sé. Felicitarte a ti, maestro, maestra. Que has sido capaz de llevar todo un curso reinventándote, pese a las dificultades. Que has tenido la santa paciencia de estar pendiente del crío, de su protección física y de su engrandecimiento social y académico. A quienes les habéis acercado un ordenador a quienes tenían encima la brecha digital…Felicidades a ti, técnico, técnica de ONG. Que has tenido que estar por encima de las exigencias. Que has hecho trámites de SAE, de SEPE, de banco y de psicólogo si ha hecho falta porque estaban en casa. A quienes habéis tenido que arrimar el hombro para que todo fuera un poco mejor y no contribuir a la caída del sistema…Felicidades.

Oh, blanca Navidad, luces…

Al fin y al cabo, felicitarte a ti. Al defensor del sistema. Al verdadero patriota y no al de boquilla. A quien ha contribuido de una manera u otra a que el mundo no se vaya a la mierda. No sé ni cómo hemos sido capaces de sobrevivir ya no sólo a esta pandemia, sino a quienes durante ella nos han dominado, representado, legislado y gobernado, así como a sus opositores de todo, con todo y para todo. La gente de abajo somos de una pasta distinta, no me cabe duda. Resistir, defenderse con espadas de madera, plumas de inconformistas, pancartas y voces vivas de derechos humanos. No queda otra. Hasta que nos hartemos, claro.

Oh, blanca Navidad… ojana…

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