Un plato de berza jerezana con pringá.
Un plato de berza jerezana con pringá.

Les confieso que me he hartado de buscar frases célebres sobre “comienzos” y “etapas” con las que inaugurar esta columna que gentilmente el equipo de lavozdelsur.es y especialmente su director, Paco Sánchez Múgica han tenido a bien prepararme, pero para qué les voy a mentir, si es que todas esas frases suenan demasiado rocambolescas y, finalmente pueden pensar que el que les escribe se las sabe de memoria, corriendo el riesgo de quedar como un maestro liendres. Quedan bien en los textos, pero ahora que no nos lee nadie les confieso que la mitad de los que las usamos hemos hecho una búsqueda previa y hemos terminado por elegir la que más nos interesa. Ojana de esas de escritores y columnistas.

La columna quincenal que tratará de acompañarles como bien pueden leer más arriba, se titula El Potaje. Sí, ya sé que ahora con las calores veraniegas no pega, pero incluso así al que más y al que menos nos gusta rebañar con sopones el fin del manjar, el cual se calienta en una olla a fuego lento. Durante las horas de cocción suelen suceder las cuestiones más variopintas que jamás puede uno imaginar: desde que llame a la puerta alguien vendiendo libros o dé testimonio de Jehová, de Yahvé… hasta que te suene el teléfono y se te vaya el santo al cielo. Incluso puedes acompañar las horas de creación del manjar con una copita de vino, continuar teletrabajando o entrar en una conversación sobre cualquier asunto con el cual quiera usted cambiar el mundo. Mientras que hierven las papas puede uno darse una ducha o hacer el amor e incluso, puede usted leer un libro y no utilizarlo para coger las citas a la hora de comenzar un artículo. Eso sí, durante el tiempo que se tarda en hacer un potaje estos dos ojos han visto iniciarse las mejores fiestas (primero por rumbas o tangos y finalmente por bulerías o por soleá). A partir de ahí se intensifican los lazos familiares y, posteriormente pueden ustedes crear todas las teorías que quieran, pues caben, se lo aseguro. Es antropología pura. Antropología gastro-flamenca si quieren.

Se puede entonces tener un potaje de muchas cosas que aquí trataremos de mostrar. Abordaremos temáticas sociales, deportivas, existenciales o culturales, con especial relevancia en dos cuestiones iniciales: la crisis y el racismo, dos temas estructurales que nos afecta a toda la ciudadanía, incluida la no racializada (tal y como se argumenta ahora). Si no me creen les pregunto, ¿hay más racismo con una crisis como la del covid-19? Si a una clase trabajadora (sin conciencia, por cierto) ahogada por una crisis sanitaria, social, económica e incluso de valores, le señalan con el dedo a los supuestos creadores de todas las crisis, ¿hay o no más racismo? Ojo, que no me lo invento, que Europa lleva años avisando de que el racismo estructural e institucional nos come el terreno, pero ahí sigue, nadando en aguas mansas mientras que otros a nado o con rodillas sobre el pescuezo, o con los mercadillos suspendidos durante varios meses de 2020, o dependiendo de un ingreso mínimo vital que a ver si llega…se ahogan, se asfixian… por tanto nos falta el oxígeno; no podemos respirar y, por cierto, que las calles no arden, ni sale nadie a protestar si te llamas Wafaa, Younes, Eleazar…O si te ha ocurrido un nuevo acto de brutalidad policial en el que el resultado ha sido la muerte, pero ha sucedido en Teplice, República Checa, y además eres gitano, pues ya importa menos. De hecho no sabemos ni su nombre, ni ha salido en prensa.

Por suerte en Andalucía no hay racismo, o eso dicen. Ni crisis tampoco, o eso dicen. Por eso los barrios más pobres de España según el estudio de Indicadores Urbanos 2021 publicado por el Instituto Nacional de Estadística (INE) no son ni de Sevilla, ni de Cádiz, ni los municipios con más paro no están en Córdoba, Linares o en La Línea de la Concepción y, por eso los rostros que allí conviven son todos blancos y nacidos en Santiago o en Triana, aunque estén plagados de todo, como en el barrio de Salamanca, vaya. Igualito todo.

En este Potaje, como les decía habrá momentos para la crítica, el análisis y la información, pero también para echarse risas, siestas y reflexión al por mayor. Trataré por tanto de serles de utilidad a la hora de hacer el almuerzo, que debe siempre ser hecho a un fuego lento, pues ya está comprobado que es como los platos salen buenos de verdad, aunque también es cierto que con el tarifazo feliz no está el horno para bollos. En cualquier caso pondremos el fuego literariamente hablando, que es a lo que venimos. Fuego como uno de los elementos más importantes entre mi Pueblo, el gitano. Desde siglos pretéritos y en el éxodo de la India, o incluso ya afincados aquí, el fuego fue y todavía es símbolo de unidad y fuerza mientras vienen las buenas vibras, ya sea en la noche de San Juan o no. De hecho, fíjense si es importante el fuego entre el Pueblo Gitano que hasta para hacer compás nos acordamos de él. Con cuánto aje lo hacía el Bó, capaz de meter a compás a un séquito de centroeuropeos cuya máxima relación con el Flamenco pudiera ser el de Flandes y, por cierto, que a ver para cuándo un homenaje a su altura.

Como ven, el elemento  indispensable para un buen potaje está metido entre nosotros hasta el tuétano, así que para ir apartando el primer plato hagamos como el Bó: ¡Fuego! ¡Huye! Y de ahí al éxtasis.

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