Flamenco-fusión: Kant ya desconfiaba de las verdades absolutas

jose (2)

Trabajador social en Fakali, Federación de Asociaciones de Mujeres Gitanas

Kant desconfiaba de las verdades absolutas.
Kant desconfiaba de las verdades absolutas.

El ser humano lleva siglos preguntándose cosas en un permanente estado de revisión. Por ejemplo, los más distinguidos padres de la filosofía se devanaban los sesos preguntándose por la verdad. Y así llegó Platón y dijo que la verdad era la felicidad, el bien de las cosas, o más profundamente decía que la verdad pertenecía al mundo de las ideas, donde lo verdadero se convertiría en un ideal que estaría al laíto justo de lo bello y lo bueno.

Aristóteles, discípulo de Platón le dio una vuelta al tema y vino a decir que lo que es, es y lo que no es, pues no lo es. En realidad, lo decía como un trabalenguas peliagudo, pero básicamente venía a decirnos que el concepto de la phantasía, donde las imágenes o fantasmas nos pueden jugar malas pasadas, afectaba al ser humano a la hora de contar o definir un hecho verdadero. Por lo tanto, mientras que no llegaran las paranoias, el ser humano contaría la verdad. Bien, vamos bien.

Kant siguió dándole más vueltas al tema. Ya en la Crítica de la razón pura comienza a demostrar hasta qué punto le interesaba al genio el concepto de lo verdadero, realizando un concienzudo análisis de la realidad de las cosas. Por eso, Kant nos explica el concepto de la verdad desde el dualismo (ahora recuerdo que en mi etapa del bachillerato ya lo pasaba mal del todo por cosas como éstas). Kant diferenciaba entre los eventos presentes como representaciones y el yo pensante de las proposiciones como sujeto de todas las representaciones. Tracatrá. Por tanto, para contar una verdad hacía falta un objeto y una persona pensante, que puede contar las cosas desde la realidad o, mejor dicho, desde su realidad. Ahora vamos mejor.

Igualmente, realistas o dualistas también contaban las cosas desde su realidad, un problema que nos llegado hasta nuestros días. Por lo tanto, las verdades absolutas deberíamos dejárselas a la ciencia, que ni tan siquiera ella tiene razón siempre. Así sigue habiendo tantas interpretaciones en las decisiones arbitrales durante un partido, cuestión que se convierte en trascendental desde la barra de un bar. Como no hay verdades absolutas podemos interpretar, conversar e incluso discutir, lo malo es cuando la ciencia cuenta las cosas a su conveniencia, casi, casi como a veces pasa con el color del arbitraje. Ella, la ciencia, que cuenta las verdades desde los púlpitos, desde sus conferencias o desde sus medios repite como mantra que la era de la revolución del Flamenco se le debe a dos genios, pero sólo a dos. De hecho, a uno de ellos lo están comenzando a llamar “gran intérprete, pero no músico” (Ortiz Nuevo dixit), para referirse a Camarón.

Y así, desde el mundo de las ideas de una caverna, el flamenco-fusión se le debe a Camarón y a Morente, en ese orden. Pareciera que Manuel Molina no hubiera hecho nada y mucho menos Ray Heredia, a quien la música española le debe tanto. Tal es así, que hace cosa de un mes, para referirse en Lazos de Sangre (TVE) a la familia Carmona y más concretamente, cuando se abordan los comienzos de Ketama se pasa de puntillas por su creador. En ese orden de la verdad absoluta de las cosas, la historia la cuentan ellos, los de siempre. Los que en sus ideales caben los indispensables, pero a medias. Y si les apuran, te hablan de Kiko Veneno, pero no de Diego Carrasco, Lebrijano o de Peret, por citar algunos sin haber puesto aún el apellido Amador, pero lo pongo porque son Pata Negra, los dos. Y todo ello sin poner la lista interminable, que también habría que hacerlo, claro que sí, pues sin Manzanita, Parrita, Tomasito, Las Grecas, Los Chichos o Los Chunguitos no hubieran nacido tantos otros grupos y solistas que vinieron detrás.

Ahora bien, ya que hablamos de la verdad y, sobre ella, hay que tener al evento presente y al yo pensante de Kant como si fuera un mantra. Si hace falta desconfiar, desconfía como cuando lo haces del arbitraje para evitar milongas. Hay que tener conciencia y muy crítica cuando nos hablan desde los púlpitos para, en primer lugar, procurar quitarle empaque al mismísimo Camarón, que lo hacen. Ya no tienen miedo en hacerlo. Lo hacen constantemente con Mairena, como para no hacerlo con José. Y, en segundo lugar, para que, además de citar a Morente porque por justicia hay que hacerlo, pedir dignidad y que también lo hagan con el resto. Si la lista es interminable no es nuestra culpa, pero no me vale el olvido como excusa. Vaya a ser cosa de la phantasía de Aristóteles, esas omisiones constantes pues finalmente, forman parte de la mentira o de las verdades a medias.

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