El antigitanismo mata: el pasado próximo lo demuestra una y otra vez

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José Vega de los Reyes

Trabajador social en Fakali, Federación de Asociaciones de Mujeres Gitanas

Un cuadro representa la Gran Redada de Gitanos.
Un cuadro representa la Gran Redada de Gitanos.

Si tuviera que elegir un tiempo verbal para aglutinar todo lo que hoy les vengo a contar quizás me decantaría por hablarles en italiano, pues el passato prossimo no alude a un tiempo determinado, sino a un período en el que caben los siglos pasados, pero también el ayer y si me apuran, también lo sucedido hace unos instantes. Es por lo tanto una forma verbal, que aunque a veces nos puede crear alguna confusión, finalmente terminamos por entenderlo. Quizás con lo que les cuente hoy suceda lo mismo que cuando escuchamos hablar en italiano, que sin conocer en profundidad la lengua o el tema del que se habla, finalmente y con el contexto, alcanzamos a entenderlo. Además, lo italiano parece que estuviera de moda tras las conquistas musicales y futbolísticas de los últimos meses, por lo que sí, utilicemos el passato prossimo para situarnos mejor.

En la  base de la pirámide sobre la que se representa el odio suele hacerse mención a los estereotipos y los prejuicios, que podría entenderse como el primer escalón hacia la animadversión a un grupo social por cualquier motivo. Ahora bien, antes de ese primer bloque debería presentarse un paso previo quizás, pues la ausencia de acciones de sensibilización es lo que finalmente atrae episodios que desde la antigüedad han ido trayéndonos bulos, mentiras, negaciones, vulneraciones de derechos y, finalmente a los genocidios y/o delitos de odio, tal y como ha sucedido (y sucede) con el Pueblo Gitano.

Concretamente un 30 de julio de 1749 se instauró la conocida Gran Redada de Gitanos (baró estardipen en romanó), una operación urdida entre la monarquía borbónica con Fernando VI, la nobleza (conformada por ilustrados como el Marqués de la Ensenada, que fue parte del cerebro de tan oscuro plan que dio fin a más de diez mil personas romaníes) y el ejército, aunque sin olvidar a la Iglesia Católica, o mejor dicho, una buena parte de sus altos cargos, que sirvieron a la corona a través de censos donde se daba habida cuenta de los domicilios donde los gitanos, ya instaurados en las poblaciones e incluso bautizados en las Parroquias, residían ¿Su delito? Ser un elemento patógeno y desestabilizador que amenazaba de contagio al resto de la población, por lo que era necesario extirparlos de la sociedad”, según el profesor Manuel Martínez Martínez en “Los gitanos y las gitanas de España a mediados del siglo XVIII: El fracaso de un proyecto de exterminio”. En cualquier caso, entre julio y agosto de 1749 se puso en marcha el primer exterminio biológico de Europa, separando a los hombres de las mujeres, llevando a las galeras o a las minas a ellos y a las cárceles y casas de misericordia a ellas. Los niños a partir de los ocho años también serían arrancados de los brazos de sus madres para aquellos trabajos forzosos. En pocos años el resultado fue el de la disminución de una población romaní envejecida, enferma y con un número ínfimo de supervivientes; muchos de ellos conocidos como “canasteros”, que no se habían afincado en ninguna ciudad por aquellos entonces, gracias a Dios o al destino.

También en nuestro passato prossimo encontramos el Samudaripen, otro genocidio de los muchos sufridos por el Pueblo Gitano a lo largo de su historia si también contamos los de Rumanía (esclavitud), Suecia (eugenesia), España (Gran Redada) o la Alemania Nazi y resto de países del Eje colaboracionista (Samudaripen). Seguramente que este les suena más, pues fue un 2 de agosto de 1944 cuando se liquidó el campo de concentración de “Familienzigeunerlager” en Auschwitz. Se calcula que en aquella noche asesinaron en las cámaras de gas a casi 5.000 personas, habiendo alcanzado al menos un millón durante la Segunda Guerra Mundial. De hecho, y aunque nos duela recordarlo, el Doctor Mengele tenía plena obsesión con los experimentos con la infancia gitana.

Todos y cada unos de estos episodios comienzan por una serie de condicionantes que como ya hemos dicho anteriormente tienen en el bloque de los estereotipos y prejuicios el primer paso hacia los delitos de odio o incluso hacia los crímenes de odio, que al fin y al cabo son los que estamos viviendo continuamente. Sin embargo, y tal y como sucediera con los ya mencionados Samudaripen o la Gran Redada, la sociedad en general (a excepción de los movimientos gitanos a nivel mundial) ni siquiera alcanza a enterarse, o si lo hace permanece inmóvil, inerte, sin reacción. Ahora nos alcanzan episodios en Italia, República Checa, Hungría, Ucrania o Brasil, pero parece que aquí, en nuestra España se hacen menos importantes a ojos de unas redes que siguen ardiendo a la hora de discernir sobre la idoneidad del concepto de patria o matria, o sobre el sexo de los ángeles, si fuera necesario. Todo parece tener mayor trascendencia que el hecho de que un grupo de paramilitares patrullen los barrios para cazar gitanos (Hungría), o si es para desmantelar casas (Ucrania), o si es para alertar de la ausencia de vacunas contra el covid-19 en los barrios gitanos de Roma. Si el seguimiento informativo sobre el asesinato de Stanislav Tomáš en República Checa a manos de la policía hace unos días fue escaso, la matanza de varios gitanos en Brasil a manos de también los cuerpos y fuerzas de seguridad del país de Bolsonaro ha tenido un impacto en Twitter de 74 mensajes entre el 16 y el 21 de julio, todo un récord si me permiten la ironía.

Como ven, no sólo tenemos un trabajo por delante para frenar los prejuicios y estereotipos, puerta para los mensajes y delitos de odio, sino también para sensibilizar y poner en valor el precio de las vidas gitanas. El gobierno central y con la reciente ley de memoria democrática, que contará con una comisión estatal de la memoria y reconciliación con el Pueblo Gitano ha vuelto a demostrar la necesidad de justicia, verdad y reparación con la causa romaní, la gran olvidada. También lo ha hecho por ejemplo con la ley de igualdad de trato y no discriminación. Ahora le toca el turno a las autonomías, especialmente a la andaluza, donde mayor número de población gitana habita de toda España (más de un 5% del total de Andalucía), que precisa de una inversión en la sensibilización y el conocimiento, pues lo que no se conoce, ni siquiera existe y, si no existe no podemos esperar que haya un verdadero impacto del Rroma Lives Matter, del que ojalá en un tiempo no sea necesario sacarlo a la luz, aunque lo dudo viendo nuestra historia reciente. Quizás con la divulgación, la sensibilización y la apuesta decidida por el antirracismo pongamos freno a la escalada de odio que vive el mundo entero contra el Pueblo Gitano, tal y como lleva años alertando Europa. Nuestro pasado próximo nos está mostrando las consecuencias de no hacerlo, de permanecer en silencio, inertes e inmóviles. El antigitanismo mata.

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