Pintada contra el turismo en la ciudad de Cádiz.
Pintada contra el turismo en la ciudad de Cádiz.

Las sucesivas “modernizaciones” andaluzas de las últimas cuatro décadas trajeron mejoras innegables. Andalucía se mantuvo durante la mayor parte del siglo XX en una situación de economía primario-exportadora, proveedora de mano de obra para las regiones industrializadas, carente de infraestructuras que articularan su propio territorio y con una enorme precariedad en las condiciones de vida de su población rural y urbana. Las mejoras en las condiciones de vida son indiscutibles. No obstante, también parece innegable el hecho de que se llevaron a cabo bajo un modelo extremadamente vulnerable y dependiente. Un desarrollo que ha ocultado el mantenimiento de las condiciones de subdesarrollo de esta tierra.

De la especialización exportadora agrícola se pasó a la dependencia del complejo turístico-financiero-inmobiliario, fomentado por la integración en Europa y las sucesivas liberalizaciones del mercado inmobiliario y financiero durante la década de los ochenta. El “todo al turismo y la construcción” ha funcionado a ratos. Las sucesivas rondas de inversión en infraestructuras y viviendas han conseguido ocultar una situación de desempleo estructural sin comparación en Europa occidental, demandante de una mano de obra de cualificación baja, con una fuerte estacionalidad en el empleo. Esto, movido por empresas y capitales predominantemente exteriores. Alemania y Francia enviaron sistemáticamente sus capitales sobrantes a la ruleta especulativa del Mediterráneo durante demasiado tiempo ya, mientras los operadores del norte organizaban y recogían gran parte de los beneficios de esta neocolonización del sur de Europa.

El modelo es una economía basada en el capital ficticio, especulativa y en su mayor parte improductiva, extremadamente vulnerable a las crisis financieras que de forma cíclica acosan al capitalismo global. Tuvimos un ejemplo reciente en la crisis de 2008. Pero, además, el modelo alimenta unas condiciones estructurales que reproducen el carácter periférico del capitalismo andaluz. La mayor parte de la población andaluza activa se aproxima a un trabajador que se ha adaptado a situaciones de precariedad y extrema eventualidad, que vive al día. La mendicidad estacional que acosaba al jornalero andaluz se traslada a la dependencia de los subsidios. En el otro lado, una clase capitalista débil, mayormente iliberal y con escasa simpatía por su propia tierra, cuya idea de éxito es, cuando encuentra algo que funciona, venderlo lo más rápido posible a una empresa alemana. La clase alta andaluza ha pasado del rentismo a identificar riqueza con “revender con beneficio”. La actividad productiva es algo que ocurre en otro lugar.

Desde la izquierda, cuando se ha criticado al turismo se lo ha hecho por cualquier cosa excepto por lo fundamental. Los temas de estructura económica suenan rancios y exceden sus competencias, los de la izquierda parlamentaria y los de la otra. Hemos puesto el foco en cualquier cosa excepto en la manera en que el modelo productivo afecta a las mayorías ¿Por qué sucede esto? Nadie parece capaz de imaginar una alternativa real a algo que medio funciona. Decía Marx algo así como que los pueblos solo se plantean los problemas que se pueden solucionar. O quizás se los plantean solo cuando no tienen más remedio, un momento que puede haber llegado en nuestro caso.

Las consecuencias de la pandemia del Covid-19 para Andalucía pueden ser catastróficas. Ya había una crisis en ciernes y la destrucción de capital y empleo iba a afectar de sobremanera a este tipo de territorios. El virus ha acelerado su llegada, pero además suma un parón sin precedentes en los desplazamientos ociosos. Durante un tiempo indefinido no vamos a recibir visitantes, siendo esta la mayor entrada de divisas para Andalucía. El impacto sobre el empleo afectará a la construcción, igual que en la crisis de 2008, pero se va a cebar sobre todo con el sector turístico, transporte, comercio y hostelería, que es donde se concentran la mayor parte de puestos de trabajos. Además, vamos a tener un radiante sistema de infraestructuras de costoso mantenimiento, infrautilizado y en proceso de devaluación, incluyendo el parque de viviendas.

Sin embargo, las soluciones pasan por seguir apostando al turismo, la hostelería y la construcción. Aunque estaba previsto con anterioridad, la respuesta más rápida a la crisis que hemos visto hasta ahora es el decretazo de la Junta de Andalucía, orientado a fomentar este tipo de economía, relajando la regulación ambiental del sector turístico y de la construcción. La apuesta del gobierno es insistir en el modelo, pero tampoco es que haya planteamientos alternativos que alguien se crea mínimamente. Para escapar de un modelo basado en la precariedad, la dependencia y la destrucción de nuestro patrimonio cultural y natural, que ya ni siquiera funciona para la mayoría ¿no deberíamos virar hacia una economía más real?, ¿más productiva? Pero la pregunta más importante es ¿Quién lo va a plantear? En Europa cada vez hay menos centro y más periferia y parece que no hay lugar para asumir el carácter estructural de este marco de relaciones ¿será el Covid-19 el que haga caer ese velo ideológico?

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