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Lejos del manido recurso de "la verdad nos hará libres" nos toca hoy por hoy marcar con tiza nuestras metas como gremio

Son días de reflexión. De corrillos periodísticos donde se debate sobre el bien y el mal, sobre futuros gobiernos y errores pasados. Esta semana la Asociación de la Prensa de Jerez y nuestro Colegio de Periodistas nos ha unido de nuevo en nuestro encuentro anual de confraternización. Jornadas marcadas en rojo en mi calendario personal porque refuerzan mi vocación y traen a mi memoria los orígenes de una pasión innata llamada periodismo.

Tras más de dos décadas ejerciendo esta bella pero ingrata profesión, cada año renuevo mis propósitos reafirmando la función social que tenemos los comunicadores, y aún más en estos tiempos de batalla y barbarie social que nos rasga las entrañas.

Lejos del manido recurso de "la verdad nos hará libres" nos toca hoy por hoy marcar con tiza nuestras metas como gremio: reivindicar lo que por derecho nos corresponde (como lo hacemos con otros colectivos), empatizar con nosotros mismos, y paralelamente hacer visibles a aquellos compañeros y compañeras a los que la maldita crisis económica se ha llevado por delante.

El corporativismo se torna por tanto en más esencial que nunca. Debemos sacar músculo ante quienes intentan dividirnos y silenciarnos. Sólo desde la fortaleza de nuestro colectivo podemos ejercer nuestra labor con más garantías de éxito. Sólo desde la unidad enfrentamos en mejores condiciones económicas y laborales lo que la sociedad nos pide a gritos. En suma, ser libres para denunciar lo que otros callan y poner rostro a quienes no tienen voz.

Cada uno desde nuestras respectivas trincheras podemos, si queremos, colocar nuestra pieza en el puzzle del ejercicio democrático de la información, de las libertades y de los derechos conquistados durante las últimas décadas.

Cabe aprender del viejo pero también del nuevo periodismo; ese que escucha a quien grita sin ser oído, a quien sufre por injusticias que no ha provocado y a quienes nos exigen un papel que no hemos perdido y que se reivindica cada día en titulares contra la corrupción y la mentira.

Mientras no perdamos cada día la ilusión por lo que hacemos y seamos conscientes de que somos más que meros mensajeros podremos rescatar nuestra dignidad colectiva y de paso la de quienes motivan todos y cada uno de nuestros pasos silenciosos. Aunque son tiempos de renovación y de emprendimiento, y al son del minutero de nuestro reloj, no podemos dejar en el tintero que los principios que nos inspiran son inmutables y que desde el inicio de los tiempos recordamos que "al principio fue la palabra"… y la nuestra tiene más peso que nunca. Es sólo cuestión de que nos lo creamos.

(*A todos mis compañer@s periodistas y fotoperiodistas de Jerez a los que adoro).

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