Por todas las Marías Lejárraga, por todas las mujeres

La desaparición de María es la misma que la de Isabel Oyarzábal, la de Maruja Mallo, María Teresa León, la de Federica Montseny o la de Concha Méndez

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Periodista.

Por todas las Marías Lejárraga, por todas las mujeres.
Por todas las Marías Lejárraga, por todas las mujeres.

Cuando hace cerca de diez años empecé a escribir de memoria histórica, me di cuenta, desde mi absoluta ignorancia, que la cadena de víctimas del franquismo fue y sigue siendo muy larga. Es una de esas frases que siempre repito en las charlas o en las entrevistas porque, cuanto más te acercas, investigas, o lees, más consciente eres de hasta dónde llegaron los tentáculos de esa cruel dictadura y esa injusta desmemoria de nuestra democracia.

Y entre las víctimas, tengo especial querencia por los y las exiliadas. Por eso tenía que hacer -salvando las distancias- el mismo camino que hizo Machado a pie desde Els Balitres, en Portbou, con su madre y con las casi 500.000 personas que tuvieron que exiliarse a Francia aquel invierno del 39. La retraite, la Retirada, el éxodo masivo de mujeres y hombres entre enero y febrero de 1939 está en mi memoria visual sin que fuera consciente desde que era pequeña, gracias a una película fundamental en mi vida, Valentina. La cinta empieza con un José Garcés, soldado del Ejército republicano, caminando hacia la frontera francesa, donde terminaría muriendo en el campo de Argelès-sur Mer.

Francia, Méjico, Argentina o la Unión Soviética fueron los principales países de destino de toda una generación de españoles que perdimos. Especialmente, las mujeres. Las mujeres y las niñas perdimos referentes, heroínas, mentes de mujeres privilegiadas, fuertes y talentosas. Por eso, anoche, viendo otra vez el documental de Laura Hojman A las mujeres de España. María Lejárraga no sólo te conmueve y te indigna a partes iguales la historia de María, víctima de un machismo que la invisibilizó y de un marido sin escrúpulos, una María que era un ser de luz de talento y, sin embargo, fue silenciada, olvidad y, afortunadamente, ahora rescatada por Hojman en un documental bellísimo que espero que se lleve el Goya. 

La desaparición de María es la misma que la de Isabel Oyarzábal, la de Maruja Mallo, María Teresa León, la de Federica Montseny o la de Concha Méndez. Pintoras, escritoras, dramaturgas, políticas, feministas que perdimos, que no conocimos, que siguen están ocultas en una democracia que no se ha construido con estas referentes, que nos siguen siendo negadas en los planes de estudio.

Por eso, el documental de Laura Hojman, trending topic en twitter, es tan importante. Por María Lejárraga, por supuesto, y su redescubrimiento, pero también por todas las invisibles y por todas las mujeres. Por recordarnos a todas aquellas que tuvieron que exiliarse y cuánto debemos a esos países que las acogieron.

Como Argentina, desde donde hoy mismo me escribe una profesora, egresada de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, que ha sido subsecretaria de Cultura y directora de la Biblioteca Nacional para hablarme de María. Josefina Delgado, que es como se llama, conoció a María cuando tenía unos diez años, según recoge en un capítulo que me ha mandado de su libro Memorias Imperfectas.

Y al leer que sus padres fueron unos exiliados andaluces que se relacionaron con María, me invade un sentimiento de agradecimiento eterno por todo ese cariño que nuestro país le negó. Cuánto debemos, cuánto perdimos y cuánto nos queda por recuperar. 

El documental de María Lejárraga es un precioso comienzo. 

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