¿Por qué no perdonamos? ¿por qué no pedimos perdón?

"Ser capaz de olvidar es la base de la cordura. Recordar incesantemente conduce a la obsesión y a la locura", Jack London

Brazos en un acto de perdón.
13 de abril de 2026 a las 12:49h

Cuando nos han dañado emocionalmente y ello nos hizo sufrir, la reacción más común es no querer perdonar ni olvidar. Cuanto mayor es el peso de la afrenta sufrida, más tiempo se requiere para procesar lo sucedido e ir sanando capa a capa, ese sufrimiento. Y como siempre sucede, cada persona lleva su ritmo. No todos lo hacemos a la misma velocidad.

El perdonar es un regalo para uno mismo mas grande, que para la o las personas que hemos perdonado. Al perdonar soltamos el dolor, el resentimiento y la rabia, sintiendo paz.

No implica que volvamos a relacionarnos con aquellos que nos hicieron daño, o que nos cueste olvidar o no podamos, pero si debemos dejar atrás ese peso emocional, que nos impedía remontar el pasado. Esa actitud, nos libera de cargas emocionales.

No es un hecho que tenga que ocurrir siempre instantáneamente, es un proceso que según los expertos no se puede forzar, requiere tiempo, auto observación y voluntad para sanar.

Cuando no podemos perdonar ni olvidar una afrenta del pasado, el aquí y el ahora puede volverse insostenible.

Los psicólogos concluyen, que hay una interconexión entre la neurología, la psicología y el sistema nervioso, lo que han llamado la Psiconeuroinmunología. Es el fruto de muchos estudios de como las emociones, los pensamientos y los comportamientos influyen en el sistema nervioso y a la inversa.

El cerebro como órgano físico del cuerpo, al igual que la mente como responsable de las funciones y procesos mentales (de la conciencia y del inconsciente), tienen una capacidad natural para repararse, equilibrarse y recuperar la salud sin intervenciones externas. Es lo que se llama (homeostasis).

Médicos especialistas en Medicina Interna e investigadores de la Neurociencia como Peter Sterling, tras explorar la función cerebral y la relación con la homeostasis, han llegado también a esta misma conclusión.

La Clinica U. de Navarra como centro de estudios e investigación, también proporciona la misma y concluyente información sobre la homeostasis y su relación con la salud.

Cada uno en sus respectivas áreas son coincidentes.

Desde la perspectiva de la salud física y mental, el perdonarse así mismo es muy saludable y protege nuestro organismo de enfermedades .

Al liberarse y dejar ir el pasado y las culpas, se equilibra el sistemas inmunológico. Algunos psicólogos denominan a esta actitud y decisión, autosanación.

Ocurre lo mismo, al saber y sentir que has sido perdonado.

El perdón entre familiares puede ser complicado, pero debe ser solucionado antes que por causa de muerte de alguna de las partes , quedase sin resolver.

La carga psicológica, podría en muchos casos producir un desgaste, el cual se prolongaría a sus descendientes, si estos no tuvieran un acercamiento que facilitara el poderse perdonar mutuamente.

El haber privado por ejemplo, a un progenitor del disfrute y conocimiento de sus nietos, podría afectar a estos también de la misma manera a lo largo de sus vidas adultas. Se puede perdonar igualmente a una madre o a un padre, (cancelar la deuda emocional) sin necesidad de restablecer una relación cercana o permitir que siga infligiendo daño. El perdón es compatible con establecer límites firmes.

Es igualmente sabido y demostrado, por los expertos, los diferentes trastornos psicológicos e incluso físicos, que sufren los hijos de parejas divorciadas mal avenidas y llenas de rencor.

¿Por qué no pedimos perdón? La negación y la proyección nos llevan a culpar a la otra parte o a minimizar el problema para proteger nuestra autoimagen, a menudo sintiendo que la disculpa da "victorias" al otro.

¿Podríamos evitar conflictos entre diferencias políticas, a través del perdón?

En contextos políticos, el perdón no debe confundirse con la falta de justicia o la impunidad; busca una justicia más humanizada sin reducirse únicamente a la retribución tradicional.

En los conflictos de guerra el perdón entre los dos bandos, podría ser un paso para la reconciliación y la paz, abriendo espacios de dialogo y juntos avanzar en la reconstrucción de lo destrozado, sin justificar los hechos ni olvidarlos pero erradicando el odio y la venganza con el perdón mutuo. “A pesar de los intereses económicos de los que se nutren las guerras”, esta actitud les produciría un desánimo bélico ante la unión de los pueblos.

Desde el prisma cristiano, los verdaderos creyentes deberíamos tener la actitud de perdonar y pedir perdón (aunque no nos quieran perdonar).

Hace apenas una semana que hemos recordado a través de la celebración de la Semana Santa, el sacrificio en la Cruz, que Jesús, el Cristo, el hijo de Dios hizo por nosotros.

El antes y el después, el exponente más grande del amor y el perdón.

Cristo nos dio el perdón de nuestros pecados y faltas, y nos lo da cada vez que se lo pedimos arrepentidos y con fe.

Si Él nos perdona no importa el tamaño del pecado, solo por creer y estar arrepentidos, ¿quiénes somos nosotros para no perdonar al prójimo?, ¿por qué no nos perdonamos?

El perdón de Dios nos aporta sanación espiritual y muchas veces física ;y a través de ella, seguridad y protección. Es el fruto de que además de haber pedido perdón al Padre, y a quienes hallamos hecho daño, Dios canceló toda nuestra cuenta pendiente, al morir por nosotros en la Cruz.

Perdona a tus enemigos ,y serás perdonado. Lucas 6:37.