Soy de las personas que cree que el mundo se mueve por dos emociones, por el odio y por el amor. Llamadme utópica, pero soy de las que creo que por suerte el amor mueve más fuerte y más rápido.

Como persona dialogante que soy, si hay algo que me apasiona en mis ratos de ocio es una buena conversación, un debate reflexionado, un intercambio de opiniones entre personas a las que les gusta argumentar y dialogar. Entendiendo dialogar como una conversación pausada, basada en argumentos y experiencias, respetando las opiniones contrarias y respetando el tiempo de los demás para transmitir sus propias opiniones.

Una buena conversación entre amigos y a ser posible con un buen vino o cerveza en mano, en algún sitio agradable, es una de las mejores formas que se me ocurren para pasar los agradables domingos de otoño en Jerez.

Y por suerte, últimamente tengo la suerte de pasar muchos de estos domingos de esta forma y con personas que me aportan y me nutren en este sentido.

Hace poco, la conversación nos llevó a un tema complicado. Un tema al que todos y cada uno de nosotros nos tenemos que enfrentar a lo largo de nuestra vida. Y de hecho, muchas veces: El Perdón.

Una palabra sencilla para un acto tan complicado de gestionar a nivel emotivo.

Como personas, nos relacionamos e interactuamos con otras, es decir, "vivimos". Y tarde o temprano otra persona nos va a herir. Sin querer hacerlo o haciéndolo a propósito. Todos y cada uno de nosotros encontraremos a lo largo de nuestra vida a alguien que nos hará daño. Y puede ser un daño físico y/o un daño emocional. Aunque normalmente siempre que hay un daño físico también lo hay emocional.

Todos hemos pasado y pasaremos por esa experiencia. Que te hieran. Muchos ahora, al leer estas líneas, os acordareis de esa pareja o de ese ligue, de ese jefe/a o compañero/a de trabajo, de ese amigo o amiga, de ese vecino o vecina, de esa persona desconocida o de esa situación que nos hirió, que nos hizo sentir mal, que nos hizo daño. A nosotros o a las personas que nos importan.

Y frente a esta herida, ¿qué podemos hacer?

Existen muchas opciones. Pero normalmente son dos caminos los que podemos escoger.

El primero, lo podemos gestionar siguiendo el camino de los sentimientos negativos. Es decir, devolviendo el ataque. Algo así como el “ojo por ojo”. "Si tú me hieres, yo también lo haré. Si tú me haces daño, yo más".

Es un camino que se suele tomar de forma instintiva. Casi sin pensarlo. A la brava. Desde los sentimientos de rabia, de ira, desde el ego, y desde nuestro lado más oscuro como seres humanos.

¿Los resultados? Bueno, no suelen ser los mejores. Soy de las personas que cree que el odio genera odio. Que el rencor genera rencor. Y si optamos por esta vía, no solo haremos daño a la otra persona. Nos haremos daño a nosotros mismos. Porque nos dejaremos envolver por esos sentimientos de rabia y de rencor. Y eso, nos llevará a tener que convivir con esas emociones negativas. Para entendernos, si sientes rabia, tu vida seguirá entre rabia.

La segunda opción es la que suelo escoger. A pesar de que lo admito, muchas veces y en el primer momento, el primer camino se me antoja el mejor. Pero soy muy reflexiva, así es que cuando alguien hiere, queriendo o sin querer, suelo pararme a reflexionar. Y suelo escoger la segunda vía. La del “Perdón”.  Perdonar pero no a nivel formal sino a nivel emocional. Perdonar no refiere a enviar una nota por wattssapp o por mail. De hecho, el verdadero perdón ni siquiera necesita de un nuevo contacto con esa persona. El verdadero perdón es una opción personal. No hablamos de reconciliación. La reconciliación es cosa de dos. El perdón es cosa de uno solo.

Hablamos de empatía, de entender los motivos que han podido llevar esa persona a actuar así, de entender su contexto, su entorno, de entender incluso posibles carencias personales, comprender diferencias culturales, o que puede que en ese momento de su vida esa persona estuviera pasando por un mal momento.

Si escoges esta opción, y te rodeas de energía positiva, empatizas, respiras y sigues adelante tu camino, el perdonar suele ser más fácil de lo que creemos. Y eso no solo beneficia a esa persona que te ha herido, también te beneficia a ti mismo. No te rodearas de sentimientos negativos, sino solo de positivos. Y eso, afectará a tu vida, también en positivo.

Soy de las personas que cree que el mundo se mueve por dos emociones, por el odio y por el amor. Llamadme utópica, pero soy de las que creo que por suerte el amor mueve más fuerte y más rápido.

El debate fue muy interesante. Pero sigue abierto. Estuvimos de acuerdo en que perdonar es la mejor opción. E Incluso en cómo hacerlo. Otro cantar es cuando entra el juego el motivo de la herida. Perdonar un insulto, un desplante o una calumnia es más fácil. Perdonar una infidelidad también. Pero ¿Cómo se pueden perdonar cosas como un asesinato, una violación, un abuso sexual a menores, malos tratos?

Ahí está el debate abierto. ¿Hasta dónde podemos perdonar? Según el video que puedes ver en esta columna, no hay límites. Sin perdón no hay futuro. Difícil opinar. Sinceramente, hasta ahora solo he tenido que perdonar nimiedades. Espero no encontrarme con tesituras parecidas a las que se menciona en el video.

@DolorsVallespi

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