¿Para cuándo un parque homenaje a las víctimas del franquismo en Jerez?

Cristóbal Orellana.

Cristóbal Orellana

Licenciado en Filosofía (US), Diplomado en Geografía e Historia (UNED), Máster en Archivística (US), Máster en Cultura de Paz y Conflictos (UCA), de profesión archivero, de militancia pacifista, de vocación libertario, pasajero de un mundo a la deriva.

Escultura a Primo de Rivera en la plaza del Arenal jerezana.
Escultura a Primo de Rivera en la plaza del Arenal jerezana. MANU GARCÍA

Llevo algunos años trabajando en la memoria histórica. Unos años que coinciden con un paréntesis, obligado por varios motivos, en mi militancia como pacifista. Un paréntesis que en realidad no ha sido tal, ya que me he dado cuenta de que no he hecho otra cosa que repetir lo que venía haciendo: denunciar la violencia sin alma practicada por los poderosos hacia el pueblo. Por tanto, no es que haya descansado mucho.

He cambiado de participar directa e intensamente en la organización de las marchas contra las bases militares de Andalucía a pedir públicamente en mi ciudad que la memoria de las víctimas del franquismo sea respetada y que los cuerpos de quienes sufrieron la brutal carnicería del fascismo golpista puedan tener una sepultura digna.Me sorprendo a mí mismo, cansado como estoy ya, por mi afán incontrolado, quien sabe si enfermizo, de seguir en esta apuesta por la no violencia... frente a quienes, por ejemplo, en Jerez se muestran hoy brutal y desvergonzadamente xenófobos y, encima, aspiran a tener responsabilidades públicas en esta ciudad.

Creo que igual que ha llegado el momento a esta sociedad democrática de sacar definitivamente a Franco y a Queipo de Llano de sus miserables tumbas de privilegio, ha llegado el momento también para Jerez de hacer lo que hay que hacer: 1) quitar los símbolos franquistas de la vía pública, 2) derogar honores y distinciones a quienes se entregaron en cuerpo y alma a defender la dictadura, 3) activar programas especiales en los centros educativos que hablen de lo que realmente ocurrió en 1936, 4) pedir a los jueces que inscriban y reconozcan jurídicamente a los fusilados y desaparecidos, 5) erigir un gran memorial en Jerez a las víctimas, no solo homenajeándolas sin más, sino reconociéndolas justamente como el soporte democrático sobre el que hoy vivimos, 6) apoyar iniciativas (a las que el parlamento de Andalucía ya se ha adherido) como la llamada querella argentina, 7) financiar investigaciones que avancen sobre el conocimiento de aquellos hechos, 8) evitar gestos institucionales que nos siguen vinculando a tradiciones rancias del franquismo, 9) intervenir integralmente sobre el ahora llamado “Parque Scout”, sobre el solar del antiguo cementerio de Santo Domingo, para cerciorase de que están allí o no los restos de nuestros familiares masacrados, etc., etc.

Igual que ha llegado el momento a esta sociedad democrática de sacar definitivamente a Franco y a Queipo de Llano de sus miserables tumbas de privilegio, ha llegado el momento también para Jerez de hacer lo que hay que hacer

Nada de esto se está haciendo en Jerez, o se está haciendo a un ritmo más que lento y éticamente inasumible por los familiares de las víctimas. Ya no podemos esperar más. Y no vamos a esperar más. Efectivamente, vamos a ser radicales en la exigencia de que la dignidad de las alrededor de 500 personas que mataron en Jerez se respete de verdad y sus huesos sean encontrados. Sí, ha llegado el momento de ser radicales. Los que nos acusan de eso tienen toda la razón. Lo que no saben es que es el pueblo de Jerez quien le está mirando a ellos a la cara y exigiéndoles que cumplan ya la Ley de Memoria Histórica.

Me siento muy molesto con algunos que hablan con tono compasivo de memoria histórica pero, temerosos de perder votos en una ciudad conservadora como esta, repiten hasta el hartazgo que no pretendemos remover heridas ni generar odio de ningún tipo… Creo que algunos políticos que hablan de oídas de memoria histórica, pero inmediatamente piden perdón por causar algún pequeño inconveniente al cambiar el nombre de una calle, no se han enterado de nada, no quieren caer en la cuenta de que las heridas las abrieron quienes apostaron por la impunidad y el silencio, no nosotros los que seguimos exigiendo dignidad.

Poner en la lápida conmemorativa que ahora está en el acceso al salón de plenos del Ayuntamiento de Jerez que los que allí figuran, trabajadores municipales, concejales y alcalde, fueron “represaliados” en vez de asesinados es, simplemente, injusto y doloroso. Hacer eso es, quizás por desconocimiento, dejar las heridas abiertas por más tiempo. Grave asunto.

Algunos políticos que hablan de oídas de memoria histórica, pero inmediatamente piden perdón por causar algún pequeño inconveniente al cambiar el nombre de una calle, no se han enterado de nada

Me sobrecogen profundamente estas palabras: “Una mañana íbamos todos los hijos con mi pare, los que podían trabajar, para el campo. Entonces, al llegar al puente de Trebujena, había un puñao de cadáveres apilados a un lado de la carretera. Como nosotros éramos casi todos chavales chicos, mi pare y mi tío nos dijeron: “Dejarse vení¡¡ dejarse vení¡¡, irse todos para atrás¡¡”. Para que no viésemos nada de eso porque había un montón de muertos” (testimonio del cantaor Manuel Soto Sordera de Jerez). Recientemente he oído un testimonio, no cotejado, de que lo que allí ocurrió ascendió a más de cien muertos. No solo mataron en el teatro Eslava o junto a la plaza de toros, frente al cementerio. Jerez no puede olvidar esta descomunal carnicería.

En Jerez no se conoce gran cosa de la guerra civil. Se ha escrito muy poco al respecto. No se conocen, particularmente, ni los nombres de todas las víctimas, ni dónde están los cadáveres, ni los datos del victimario, ni existe un repertorio científico de testimonios, etc. Esta ciudad, me refiero al absoluto terror que sembraron algunos, ha logrado un efecto estremecedor, paralizante, eficaz para que nadie hasta ahora se haya atrevido a decir basta.

Aún se conservan símbolos franquistas en la Barriada España. FOTO: MANU GARCÍA.

La memoria histórica no ha sido restaurada y continúa una lucha absurda, sórdida, profundamente dolorosa por inaceptable, de algunos carcamales -con intereses políticos- que continúan hablando de los dos bandos y no del golpe militar de Franco ayudado por Hitler y Mussolini contra un estado democrático. Por supuesto, el intento de lapidación de la concejala Ana Fernández, que denunció a las claras la posición política fascista de Pemán, no logró nada.

Es bueno que se sepa que en Jerez se está desarrollando un fuerte impulso, lo mismo que en otras poblaciones cercanas, a favor de la memoria histórica. Es conveniente que se sepa también que nadie de las personas que trabajan en este movimiento social, que no va a tolerar ninguna manipulación política por parte de nadie, tiene ningún objetivo de odio ni de venganza. Solo quieren recuperar los restos de sus seres queridos. Y se están haciendo muy fuertes, muy seguros y decididos en esta su pretensión de recuperar los restos de sus familiares, un objetivo que no será fácil de acallar o descafeinar con dos o tres gestos poco importantes. Los memorialistas y los familiares y amigos de las víctimas están organizados y preparados para conseguir sus objetivos, con la ley en la mano, con el convencimiento en los corazones y con la dignidad que les proporciona la absoluta justicia de sus exigencias.

Saber que Jerez está presidido por la estatua de un dictador en la plaza del Arenal y por un alcalde del franquismo en la avenida principal de la ciudad es duro, es triste

Creo, como  lo creen muchos en Jerez, que no puede pasar ni siquiera un día más antes de que se rotule el ahora llamado Parque Scout con, por ejemplo, el nombre de “Parque Homenaje a las Víctimas del Franquismo en Jerez”. Entiendo que una asociación cristiana como lo es la organización scout sabrá ceder gustosamente el nombre de este parque ante una petición así. Las centenares de víctimas, que quizás yacen allí mismo todavía, lo merecen. El memorial, el monumento que públicamente recuerde los nombres de los fusilados y fusiladas, ya vendrá (obviamente pronto), pero rotular ahora un lugar como ese Parque en memoria de los que lucharon por la República y por la Libertad es casi de obligado cumplimiento ético y político. Hacerlo inmediatamente es importante. El 18 de julio de 2018 podría ser un buen momento.

Saber que Jerez está presidido por la estatua de un dictador en la plaza del Arenal y por un alcalde del franquismo en la avenida principal de la ciudad es duro, es triste, es resignarse a una imagen poco democrática de la ciudad. Ya va siendo hora de que está más que rancia situación cambie. Ahora.

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