Pandemia y ecología. En la imagen, sillas recogidas con Doñana al fondo, en una imagen reciente. JUAN CARLOS TORO
Pandemia y ecología. En la imagen, sillas recogidas con Doñana al fondo, en una imagen reciente. JUAN CARLOS TORO

Febrero ha sido el mes con más muertes por covid-19. Se divulga que la cepa británica tiene mucho que ver. Bueno, habrá que esperar a ver si es la cepa británica la responsable del récord negro o la responsabilidad es del tema estrella de noviembre y diciembre, "salvar la navidad”, oponiendo salud a economía.

Recordemos aquellos debates centrales de noviembre y principios de diciembre pasados sobre el número de comensales a las mesas de casas y restaurantes, sobre el numero de burbujas o unidades de convivencia, sobre si se abren los desplazamientos entre regiones, provincias o ciudades o se prohíben, sobre la hostelería y la hotelería, sobe los horarios comerciales. Sobre si la culpa es del gobierno central, del autonómico o del cha cha cha.

Hechos. Hay una amenaza invisible, no se ve pero se nota con retardo, le gente enferma, alguna lo pasa mal y una parte importante muere. Lo que no se ve en tiempo real se ignora aunque se note en diferido. Cuando se nota la gravedad, es tarde para reparar el daño. Si alguien dice que lo mejor es tomar medidas drásticas, están quienes dicen que con esas medidas no pueden vivir porque su economía se desmorona. Es verdad, si las instituciones de poder no intervienen dando dinero directamente, las empresas se resienten y algunas desparecen, las y los trabajadores se empobrecen y las familias sufren.

El proceso tiene un enorme parecido con el calentamiento global y sus efectos, o con la contaminación de todo tipo y sus efectos, o con la destrucción y agotamiento de recursos naturales y sus efectos. Los daños se notan tarde, cuando se notan, rectificar es muy costoso o imposible. Algunos efectos son gravísimos y producirán otros aún más graves. Si la ecología dice que hay que tomar medidas drásticas ya, para paliar y frenar la destrucción porque nos va la vida en ello, están quienes dicen que no podrán vivir si se toman esas medidas.

El chantaje entre empleo y protección ambiental ha sido recurrente desde la aparición de las primeras luchas ecologistas. El movimiento ecologista que lucha para proteger nuestra condición de posibilidad para vivir mínimamente bien, para proteger la tierra, el aire y el mar, ha sufrido y sufre la misma incomprensión que quienes para luchar contra la pandemia han pedido medias de estado fuertes e inversiones rápidas y sin miramiento en personas y empresas.

El resultado de no salvar el planeta será peor que el de salvar la navidad. No se podrán salvar vidas cuando no haya vidas que salvar. Por eso la oposición electiva entre economía o vida, es una trampa mortal, como lo es la oposición entre protección ambiental o empleo. La pandemia nos ha dado unas cuantas lecciones de ecología que no debemos olvidar. En síntesis que la economía, la administración productiva de nuestro hogar planetario, ha de adaptarse a la ecología la ciencia de los ecosistemas que hacen posible la vida. ¿Aprenderemos?

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