Extracto de un cartel por el 8M de CGT Andalucía.
Extracto de un cartel por el 8M de CGT Andalucía.

El menosprecio de las palabras que salen de la boca de los niños no es algo nuevo. Hace tiempo que menospreciáis nuestros pensamientos, nuestras ideas, incluso nuestras opiniones, por el mero hecho de llevar aquí menos tiempo que vosotros. Entiendo vuestra postura, en teoría tenemos menos experiencia, y por lo tanto sabemos menos, pero esto no siempre se aplica. Usáis una regla de oro defectuosa que no en todos los casos funciona; “la experiencia se adquiere con el tiempo”. Es cierto que la experiencia nos hace ser más fieles a nuestras opiniones y principios, pero no suma validez a nuestras ideas, al menos no siempre.

Con ocho años, yo ya tenía una opinión que hasta el día de hoy se mantiene, aunque ha ido siendo modificada con el paso del tiempo. Cuando me sentí incomodada por un chico en el colegio la primera vez, mi primer impulso fue ir en busca de ayuda, de algún adulto o figura parental en la que refugiarme. Pero no hallé consuelo en los brazos de mis profesores, quienes no le dieron más importancia al asunto. Todavía sintiéndome sucia, mi opinión se formó; “Los chicos no tienen poder sobre ti”.

La siguiente vez fue peor, mi intimidad fue usurpada por otro niño de mi reducida edad. Desesperada, repetí el ritual previo, sin resultado, aunque esta vez como la ayuda fue pedida entre lágrimas, el castigo del chico fue pedirme perdón y besarme en la mejilla. Desde luego, esto me hizo sentirme mucho mejor sobre mí misma, ya que según los adultos que impusieron ese castigo, mis mejillas enrojecieron, signo claro de que “los que se pelean, se desean”.

Estos eventos se fueron repitiendo conforme iba yo creciendo, e ilusa, yo siempre buscaba ayuda en las figuras de los profesores que siempre aseguraban que debía contar con ellos, con la esperanza de que así fuera. Con el paso del tiempo, las respuestas de los profesores ante estas agresiones, o más bien la falta de ellas, me sorprendía cada vez menos, y fui perdiendo mi confianza en ellos. Por diversas razones, cambié de colegio, pero estos actos machistas no acabaron aquí. Con casi dieciséis años, se me recuerda constantemente que aparento más edad de la que tengo, y los más atentos se atreven a decir por qué. Ya no llevo faldas, ni pantalones cortos, y tengo que armarme de valor si quiero salir a la calle con un escote más bajo de lo “normal”. No salgo sola, y si lo hago no voy tranquila, porque anteriormente he recibido comentarios o incluso he estado en situaciones peligrosas de las que yo, desgraciadamente, era la protagonista.

Ahora, le toca el turno a mi hermana, que empieza secundaria este año, y no paro de pensar en lo que a mí y a otras nos sucedió en ese periodo de nuestra vida. En confidencia, me cuenta sucesos que se asemejan a los míos, y no la veo preparada. Pero lo está; es capaz, valiente e inteligente, y sin embargo sé que algún niño se aprovechará no sólo de su género, sino del de sus amigas y compañeras. Y sé que, aunque están en una edad preciosa, ahora probablemente les tocará sufrir por culpa de algún niño que la intimidará, es más, sé de algunas a las que ya les pasa.

Si todas son capaces y tienen valía ¿por qué deben pasar por esto? ¿Quién tiene la culpa? Algunos dirán que es culpa de las propias niñas, quienes disfrutan siendo víctimas de este abuso a tan temprana edad, o que simplemente son incapaces de defenderse. Otros, en cambio, echarán la culpa a los niños, que se creen con derecho a tocar lo que quieran y cuando quieran. Yo sin embargo os culpó a los adultos. A los padres y familiares de estos niños, que consienten y fomentan esta violencia desde tan pequeños y generan un odio en los niños que algunos dejan salir de esta manera. A los profesores, directores y coordinadores, en cuyas manos depositamos nuestra confianza en vano y los encargados en parte de la educación de los niños. Y si alguna vez has presenciado algún abuso de poder parecido, te culpo a ti, porque tú eres el responsable de que las palabras de una niña desesperada sean menospreciadas.

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