Un país de Torrentes

La saga cinematográfica de Torrente ha triunfado porque refleja como nadie una gran parte de la realidad social de España. Y seguirá triunfando, porque es una realidad que nunca cambia

Fotograma de la película 'Torrente Presidente'.
11 de abril de 2026 a las 17:23h

Santiago Segura ha estrenado con gran éxito Torrente Presidente, la sexta película dedicada a José Luis Torrente, un personaje cinematográfico que ha pasado a la historia del cine español.  Ya ha superado los 23 millones de ingreso en taquilla, uno de los mayores éxitos cinematográficos en nuestro país. Cuando vi por casualidad en un cine -fui a ver otra película pero me equivoqué de horario- la primera de Torrente, Torrente, el brazo tonto de la ley, nunca pensé que esta película, ni la saga que vino después, llegase a ser tan aclamada.

La película me pareció graciosa, en la línea de las comedias disparatadas de la historia del cine español. De estas comedias que tienen su éxito temporal, con los “gag” del momento y que después pasan de moda. Me acordé de Colón de oficio descubridor (1982) de Mariano Ozores y Andrés Pajares o la más cercana de Aquí llega Condemor, el pecador de la pradera (1995) de Álvaro Sáenz de Heredia y el gran Chiquito de la Calzada.

Ya me llamó la atención en el cine las carcajadas morrocotudas del público, que disfrutaba de la película y estaba a gusto. La película tenía “algo” que llegaba con claridad al espectador. El resto de películas de la saga Torrente las he visto en las televisiones, todas con argumentos cada cuál más disparatados. La escena de Juan Manuel Montilla “El Langui” en Torrente 4: Lethal Crisis (2011), jugando de portero de fútbol a pesar de su minusvalía no deja de ser sorprendente, además de tratarse el asunto con total exquisitez. Ahí queda para la historia del cine.

Reflexionando sobre el insólito éxito de Torrente veo una explicación clara. El personaje de Torrente, extravagante, exagerado, irracional y cuasi surrealista es sin embargo una realidad viva y perenne en la España actual y en la España de siempre. Y qué decir de los secuaces que lo siguen, lo admiran y lo rodean, toda una saga de pillos, pícaros y aprovechados sin suerte que andan sueltos por la historia de España desde los tiempos del Lazarillo y de la Celestina.

España está llena de Torrentes. Se le ve por todas partes, sobre todo en los bares, tabernas y tugurios de España. Apoyados en las barras de los bares, sin parar de hablar de todo lo que se les viene a la cabeza, como si estuvieran en una cátedra universitaria. Son una mezcla de “maestro liendre” y “enterao” del Yuyu de Cádiz. De todo saben: de fútbol, de política, de mecánica, de pesca, de la vida…Sólo con elevar un dedo saben el tiempo que va a hacer ese día. Son escuchados con atención y admirados por los parroquianos que acuden a esos tugurios donde la cerveza y el cubata tienen el precio barato.

Desaliñados, con barba de varios días, con las camisas por fuera, hablan y hablan de su gloriosa vida pasada o de su memorable “mili” y dan consejos a diestro y siniestro. Falsos y mentirosos sin maldad, con numerosas ínfulas, con proyectos disparatados. Son festivos, bebedores, fachitas de los 90 -porque los de ahora dan miedo-, forofos de sus equipos pupas de fútbol a los que siguen con devoción y admiradores de tonadilleros folklóricos como el difunto Fary, a los que idolatran.

Y qué decir de los amiguetes que rodean a Torrente. Un mundo de pillos y desventurados, antihéroes de los que abundan por todo el país. Poco o nada formados, supervivientes de los reveses de la vida, marginados y tramposos. Seguidores fieles de José Luis Torrente, que les hace creer en un futuro mejor. Los pícaros que tan bien reflejó, entre otros, Pérez Reverte en La piel del tambor.

Torrente refleja como nadie la España pícara de siempre. La España poco honrada. Esa España que no trabaja y sobrevive del cuento, la que cobra paguitas y trabaja en negro, la España chapucera que nunca da factura, la que finge una invalidez y corre maratones, la que intenta timarte si puede, la que vive del prójimo sin remordimiento. La que dice que tiene un título universitario o un máster y no lo tiene, la que se va sin pagar de los bares tras ponerse morado, la que ve todos los canales de deportes sin pagar un euro, la que tiene enchufada la luz a la comunidad de vecinos, la que se cuela sin pagar por todas partes, la que nunca paga impuestos…

Ojo, que también está la España deshonesta de los de arriba, que tampoco dan ejemplo:  los bancos que te roban con comisiones excesivas, los seguros que nunca responden bien, los políticos corruptos que se lo llevan calentito, los comisionistas que hacen grandes negocios con el dinero público, las empresas energéticas que te despluman… Esa España inverosímil de los Roldán, Koldo, Tito Berni, Pequeño Nicolás, Villarejo, Bárcenas, etc. La España de los GAL, Malaya, los EREs, la Gurtel o la Kitchen, una lista que sigue y sigue y nunca se para. “Un monumento a la deshonestidad”, como lo canta así Rosalía.

La saga cinematográfica de Torrente ha triunfado porque refleja como nadie una gran parte de la realidad social de España. Y seguirá triunfando, porque es una realidad que nunca cambia.