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El monstruo del vacío. La niebla. El mural de lo desconocido. La página en blanco. El mayor miedo del que escribe. La paradoja de amar el arte y temer al lienzo.

El monstruo del vacío. La niebla. El mural de lo desconocido. La página en blanco. El mayor miedo del que escribe. La paradoja de amar el arte y temer al lienzo.

La gente habla de enfrentarse a la página en blanco, y realmente no lo entiendo. Supongo que será una especie de careo contra un abismo, contra algo que no refleja ni inspira; demasiado limpio, demasiado nada. El negro al menos da la sensación de ocupar su espacio, pero el blanco... te exige que lo llenes, como una pared recién pintada que ofende a la arquitectura sucia de la ciudad.

Si digo que no soy capaz de comprender el afán de la gente por luchar contra su falta de creatividad, no es porque yo no tenga momentos de inspiración nula. Tengo, y muchos. Es simplemente que no puedo llegar a asimilar que te plantes frente a la cueva del dragón, queriéndolo matar, sin espada ni armadura. La pluma es más fuerte que la espada, pero con una pluma a un dragón no le haces ni cosquillas. Si vas a afrontar la aventura de matar al monstruo, debes ir preparado. El peligro no es la cueva, es el bicho que hay dentro y que se está comiendo a tu musa.

Hay trucos de concentración: música, respiración pausada, trino de pájaros. Métodos en los que supuestamente, sentado frente a un folio, las ideas empezaran a brotar de tu cabeza como si de un manantial sereno se tratase. Como salidas de la nada, bullendo hacia la superficie; como una lluvia de dinero de un concurso americano, en la que no te da tiempo a abarcar todos los billetes. Chorradas. No sé quién dijo una vez que todo estaba inventado, y que todo son versiones y modificaciones de cosas ya existentes. Mezclas, quimeras. Aunque puede que no esté del todo de acuerdo, por una parte de mí que se cree original y creadora de mundos, no carece de verdad. Las historias pueden fluir desde tu interior, pero siempre tienen un comienzo, arraigado en lo más hondo de tus vivencias.

Personalmente, veo mucho más productivo dejar de perder el tiempo frente a una hoja vacía. Ya habrá tiempo. ¿Qué digo? ¡No habrá tiempo! Un escritor debe sentarse con la disposición de empezar a juntar letras; de plasmar el primer caracter antes de que su culo toque el asiento. Es más, la primera palabra siempre la escribo de pie. Enclavando los cimientos en estado de alerta.

Leí a Stephen King diciendo que un aspirante a escritor debe leer y escribir mucho. A veces con la intención de llegar a alguien y a veces con la simple intención de escribir. Terminar, arrugar el papel y tirarlo a la papelera. No sé que pensará el señor King de la legibilidad de lo escrito, pero una técnica que me funciona perfectamente es la de escribir cosas sin sentido. No palabras sueltas, sino una historia salida de la nada, lo primero que se me ocurra. Por poca inspiración que se tenga, siempre hay palabras que asaltan la cabeza: perro. ¿Ves? Ya está.

Un perro marrón acalorado se sentía verde por la rareza de ser del norte. Una auténtico Mastín Liliputiense con mil aventuras en sus patas delanteras y 999 en las traseras. Buscaba la fuente de la juventud eterna, que al final resultó ser un Dingo asesino de bebés.

Nadie ha dicho que escribir lo primero que te asalte tenga que ser bueno. Pero yo, que me considero aspirante a escritor, de vez en cuando hago estas cosas. Por la satisfacción de escribir. Incluso escribí una novela entera con este sistema -un poco más fumable-. Escribir tonterías te ayuda a eliminar la página en blanco. Ya está, venciste al engendro alado. De hecho, pasa de ti, no te ve como una amenaza y, de repente, ha dejado de sentir interés por tu musa. Así que pasas a su lado, guiñándole un ojo, y besas a la bella dama, que en realidad es un Dingo asesino de bebés.

Pues a lo tonto he terminado una página entera. Casi no se ha notado que no tenía nada sobre lo que escribir. Sutil, ¿verdad? No temas al blanco, sólo tú tienes el poder de convertirlo en gris al mezclarlo con la tinta negra de las letras.

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