Pedro Sánchez, durante su rueda de prensa por el estado de alarma.
Pedro Sánchez, durante su rueda de prensa por el estado de alarma.

El crack del 29 y la Gran Depresión supusieron la remodelación del sistema, creando así el Estado del Bienestar. De la misma forma, la crisis de 1973 supuso un nuevo cambio hacia el Estado Neoliberal. La crisis de 2008 no destruyó al Estado Neoliberal, pero sí lo dejó bastante tocado. Se demostró de nuevo que el laisser faire, laisser passer no siempre es aplicable, y que la crisis solo se empezó a atajar con la intervención activa del BCE. Gracias a ella, darle a la máquina del dinero, endeudarse y hacer política social no está mal visto. Incluso es la receta que estamos aplicando por ahora.

Esta semana he podido leer varias opiniones sobre las oportunidades de cambio que ofrece esta nueva recesión. Ignorando las centralistas y filofascistas, la gran mayoría son de mi agrado. Pero muchas de ellas no tienen ninguna posibilidad o no aportan una solución real a los problemas que plantean.

Se han popularizado las propuestas hacia modelos económicos más respetuosos con el medio ambiente, normalmente orientadas a mantener la reducción del consumo provocada por la recesión. Sin embargo, no creo que el problema esté en la cantidad sino en su diseño.

Principalmente, existe un problema de esquilmación de recursos junto a otro de acumulación de desechos por su muy lenta asimilación. Este problema continuaría independientemente de la cantidad a consumir, ya que seguiríamos en la misma dinámica. Lo único que nos salvaría es cerrar el círculo. Cambiar el diseño del consumo e invertir en I+D+i para que los desechos se conviertan en recursos o sean asimilados.

Además, una reducción del consumo agravaría la recesión. El camino hacia la economía ecologista ha de llegar por otros cauces. Aun así, es entendible lo chocante que es pensar en que para que la economía se mantenga sana, el PIB debe estar en continua expansión. De todas formas, siendo abogado del diablo, una parte importante de dicha expansión es puro efecto de la inflación.

Tampoco podían faltar las reivindicaciones comunistas. Las hay que se escudan en el ecologismo, aunque eso es mezclar el tocino con la velocidad. Que los medios de producción y las fábricas sean titularidad del Estado no significa que dejen de ser contaminantes, por mucho que se hable del fin de la obsolescencia programada y que se produzca menos. En cualquier caso, se trata del escenario más improbable.

Lo más probable respecto a esta recesión es que termine lo que la de 2008 empezó, el desmantelamiento del Estado Neoliberal. Es así como 40 años después del alzamiento de Reagan y Thatcher la legitimidad de la gestión de los bienes preferentes, de interés para toda la sociedad como la sanidad o la educación, vuelva al Estado.

El capitalismo se adapta siempre a las circunstancias del momento. Se encuentra siempre en continuo cambio, como el peor de los virus. Siempre desde la inestabilidad, evoluciona para su supervivencia según se le plantean problemas. Parece que ha llegado el momento de que vuelva a mudar su piel de serpiente, y luzca de nuevo los colores de la socialdemocracia. Un nuevo momento. Una nueva gestión. Un nuevo reparto. Un nuevo día.

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