Nueva Constitución, nuevo Estado, ahora

Cristóbal Orellana.

Licenciado en Filosofía (US), Diplomado en Geografía e Historia (UNED), Máster en Archivística (US), Máster en Cultura de Paz y Conflictos (UCA), de profesión archivero, de militancia pacifista, de vocación libertario, pasajero de un mundo a la deriva.

Felipe VI y Juan Carlos I, en un acto en Elcano. FOTO: MANU GARCÍA.
Felipe VI y Juan Carlos I, en un acto en Elcano. FOTO: MANU GARCÍA.

Todos y todas conocemos las graves noticias relativas a la Casa Real por las que Juan Carlos I, anterior Jefe de Estado, podría haber incurrido supuestamente en delito de corrupción grave relativo al supuesto cobro de comisiones en, por ejemplo, la participación de empresas españolas en la construcción del AVE a La Meca (Arabia Saudí). Las declaraciones de la, según todos los medios de información, amante del rey Corinna Zu Sayn-Wyttgenstein acerca de los supuestos turbios negocios del rey emérito Juan Carlos I ha hecho que la Fiscalía Anticorrupción investigue los supuestos hechos constitutivos de delitos, aunque Pedro Sánchez ha impedido una comisión de investigación en el Parlamento. 

Todos recordamos los muy ostentosos regalos que la dinastía real saudí hizo a Juan Carlos I, así como no ha pasado desapercibida la inmensa cantidad de dinero, 80 millones de euros, que supuestamente el rey emérito se habría embolsado como fruto de sus supuestas “comisiones”. La prensa extranjera, desde hace tiempo, viene hablando y publicando informes sobre una “fortuna personal” del rey de España. La red internet ofrece mucha información en este sentido: por ejemplo, los 1.800 millones de euros que el The New York Times estima que podría poseer el rey emérito en información publicada en 28/09/2012. El reportaje Juan Carlos, el crepúsculo de un rey, reportaje de Canal+ Francia publicado en la Red en 2013, también llama la atención por la visión que ofrece de una familia real completamente descoyuntada y sujeta a situaciones que van mucho más allá de lo personal, es decir, que afectan al erario público de una manera inaceptable. 

El teniente Gonzalo Segura describe en un artículo supuestas maniobras de Juan Carlos de Borbón en relación con la venta de armas a Arabia Saudí: “De hecho, una publicación de 18 de mayo de 2015 confirmaba que la empresa Nytel Global, localizada en Girona, recibió una transferencia por valor de 16 millones de euros desde United Patrimonium, empresa de Beatriz García Paesa. Y lo hizo con motivo del intento de venta de los 200 carros de combate Leopard que se querían vender, aunque esta venta no se produjo finalmente. A poco que revisemos la hemeroteca comprobaremos que el rey Juan Carlos I recibió, en junio de 2012, al ministro de Defensa de Arabia Saudí, el príncipe Salman bin Abdelaziz, para tratar la venta de 200 a 270 carros de combate Leopard por un importe de unos 3.000 millones de euros y dos años después, en mayo de 2014, intentó reactivar la operación y acudió a Yeda (Arabia Saudí) junto a altos cargos, empresarios y consejeros”.

Pero no solo estas circunstancias. Es que además, el Jefe de Estado que el dictador general Franco eligió como sucesor suyo ha dejado un reguero de actos políticos y personales completamente inaceptables que debemos recordar aquí sin ambigüedades: 1) posicionamiento a favor de la OTAN en el referéndum de marzo de 1986, cuando debió permanecer neutral en esta consulta democrática, 2º) dedicarse, probablemente con el dinero que el estado español asigna anualmente a la casa real, a matar elefantes en los safaris de África, 3º) mantener comportamientos totalmente inadecuados, como aquel famoso “por qué no te callas” al presidente de Venezuela en noviembre de 2007, 4º) lógicas conexiones, aunque no sabemos de qué tipo ni nivel ni objetivos, con su yerno Urdangarín y su hermana Pilar, ambos en situaciones fiscales o legales nada claras o sufriendo condenas judiciales diversas, 5º) consentir en la existencia de títulos nobiliarios como el “ducado de Franco” para los herederos del dictador, 6º) discursos políticamente activos, claramente parciales, en lo que se refiere al debate político catalán, cuando debería permanecer —en este como en otros asuntos políticos– neutral, 7º) posicionamientos políticos siempre a favor de unas especiales relaciones de España con Estados Unidos de América, cuando en esta materia debería permanecer neutral...

Recordemos también que estamos ante una monarquía de la que existen algunas versiones sobre su papel ambiguo —hasta determinado momento— en el golpe de estado de 23 de febrero de 1981; un rey emérito que se vio obligado a abdicar deprisa y corriendo por sus diversos comportamientos y conductas escandalosas justo mientras la población padecía recortes sociales sin límites; un rey que por ejemplo en el tema de la memoria histórica y en la dignificación democrática de las víctimas del franquismo siempre ha guardado férreo silencio…

No seamos ambiguos nosotros: en Jerez cambiemos ya el nombre de la “Avenida rey Juan Carlos I”, en el noreste de nuestra ciudad, por el de, por poner un ejemplo, “avenida Ramón de Cala”, un nombre mucho más popular que recuerda al diputado jerezano del partido republicano que defendió las causas sociales y dio muchos ejemplos de honestidad, compromiso y apuesta por la dignificación del pueblo de Jerez ante tanta injusticia como sufrió en su época. Apoyemos también la iniciativa de Izquierda Unida de presentar una moción en cada ayuntamiento por la que la monarquía española quedaría reprobada y se exigiría un referéndum sobre el modelo de Estado.

Se están poniendo en marcha en todo el país iniciativas diversas que van a hacer posible que ciudadanos, instituciones, estudiantes..., voten testimonialmente a favor de un cambio de modelo de estado si así resultara de estos referéndums populares que están surgiendo. También en Jerez deberíamos organizar algo similar y demostrar así que somos conscientes del callejón sin salida en el que nos han metido la monarquía y el feroz bipartidismo cuajado en sendas tramas de corrupción.

Por todo ello es el momento, en el 40 aniversario de la Constitución, de proponer públicamente la proclamación de una III República Española, una nueva forma de estado que nos aleje lo más posible de la situación de corrupción institucional y de crisis social por la que estamos atravesando. Sería una manera de generar un nuevo norte colectivo que avive en los ámbitos económico, político, ciudadano, ético, etc., una nuevas ganas de seguir adelante con nuestra historia colectiva en común.

No hacerlo es seguir donde estamos: partidos políticos —entre la complicidad y la pacatería— que ni siquiera se atreven a colocar los restos de Franco donde se merecen, a saber, en el cementerio más lúgubre, apartado y triste de la vieja España que se resiste a pasar página y desaparecer de una vez para siempre. Unidos Podemos está siendo muy clara al respecto al señalar que de lo que aquí se trata, en definitiva, es de salvar la democracia, que viene a ser lo mismo, en estos momentos, que alejarse del trampantojo monárquico-parlamentario que Franco logró imponernos en estos últimos 40 años de supuesta felicidad transicional.

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