La vergonzosa imagen proyectada por la Universidad de Sevilla para boicotear la acampada propalestina

El centro decidió cerrar el espacio en el que los estudiantes -y docentes- iban a reunirse en asamblea para las acampadas. Todo, un día después de firmar un posicionamiento contra el genocidio de Israel

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Licenciado en Periodismo y Máster en Comunicación Institucional y Política por la Universidad de Sevilla. Comencé mi trayectoria periodística en cabeceras de Grupo Joly y he trabajado como responsable de contenidos y redes sociales en un departamento de marketing antes de volver a la prensa digital en lavozdelsur.es.

Un candado en el patio donde iba a celebrarse la asamblea para la acampada propalestina en la Universidad de Sevilla.
Un candado en el patio donde iba a celebrarse la asamblea para la acampada propalestina en la Universidad de Sevilla. MAURI BUHIGAS

Los pasillos de las universidades se parecen a las moquetas de la política. Ostentar un cargo, cualquiera que sea, genera mérito y prestigio, y abre la puerta a un futuro de posibles escenarios. El salto a la política, a la institucional, no es nunca ajena, y casos hay de sobra. Porque en el espacio universitario -no es el único- se desarrollan habilidades que son útiles para aparecer en puestos de salida de una lista electoral. 

Y se parece en las contradicciones también. No es solo cosas de políticos decir hoy A y mañana B. Eso no entiende de ideologías. Y no es malo evolucionar, ni cambiar de bando. El problema, a veces, es el tiempo en que se producen esos cambios. Si son cortos, si uno dice blanco a las dos y negro a las tres, algo no funciona bien. Hasta San Pablo, que se cayó del caballo y pasó de perseguir cristianos a fundar comunidades, necesitaría más de un día.

En el ámbito de la contradicción, la Universidad de Sevilla suscribía este jueves un comunicado de la Conferencia de Rectores de España sobre la situación en Palestina. Un comunicado que, de por sí, no debería ser papel mojado, sino que habla de hechos, de efectos: piden el cese de las operaciones israelíes en la Franja de Gaza y se comprometen a revisar y "en su caso, suspender", los convenios de colaboración con universidades israelíes. No hay que olvidar que es toda una potencia en investigación, así que para nada es un asunto menor. 

En esas, los rectores no ven con buenos ojos las acampadas de estudiantes -y docentes- importadas desde Estados Unidos en favor de los palestinos. Un movimiento estudiantil que ha obligado al presidente Biden, en plena precampaña, a matizar su apoyo a Israel. Un movimiento que cuenta cada vez con más respaldo entre la población estadounidense, esa que no acampa pero que también está horrorizándose por la ofensiva israelí.

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Carteles de la asamblea en la Universidad de Sevilla.  MAURI BUHIGAS

Málaga, Granada, Madrid... Cada vez son más ciudades donde hay acampadas en sedes universitarias. Podrá parecer un simple gesto, pero si ya ha tenido efectos en Estados Unidos, ¿por qué no en España? Es decir, quien acuse a los estudiantes de exceso idealista, de contagiarse de lo woke, seguramente tenga razón y se equivoque a la vez. ¿Por qué rechazar la sensibilidad de la comunidad universitaria? ¿Qué más da la incomodidad de que haya tiendas de campañas por los pasillos?

La universidad es un espacio de debate, y una cantera de ciudadanos que luego participarán activamente en la sociedad, que aspiran a ampliar su influencia en cualquier ámbito imaginable. Teóricamente, la universidad está para eso: para construir un debate mejor. Es el espacio en el que caben opiniones, ajena a la polarización del mundo, donde se matizan y enfrentan ideologías... Y sí, cambiar el mundo.

Para muchos, eso tiene simple tufo de revoluciones perdidas. Como los movimientos de los 60, los 90 o los 2000 cayeron posteriormente en contradicciones -del 68 salieron feroces capitalistas, de los 90, movimientos antiglobalización que han derivado en no se sabe bien qué, y después en partidos con excesos-, uno puede caer en condenar aquel tiempo de batucadas pasadas. Pero no. Lo de los 60 llegó de la mano de otros movimientos humanistas que impregnaron la cosa pública, y de los 90 y los 2000, nuevas sensibilidades de las que hoy se nutren a izquierdas y hasta derechas: la igualdad, los derechos de minorías, la relación entre Estado y poderes fácticos...

No hay que temer a las ideas grandes, porque son los pequeños cambios del futuro que, acumulados, construyen la sociedad. Claro que encerrarse en la Universidad de Sevilla no paraliza una guerra en el otro extremo del Mediterráneo, pero, como ha pasado en Estados Unidos, tiene ecos en el presente y, sobre todo, en el futuro. 

La Universidad de Sevilla, 24 horas después de suscribir el comunicado de los rectores, cierra un patio que está abierto cada día para impedir una asamblea con 200 personas que planean acampar. Se ha torpedeado, pero torpemente. Porque Instagram, y hasta medios como lavozdelsur.es, han explicado que la convocatoria sigue en pie en la puerta del edificio. Y si desean impedir la acampada, será por facultades en Sevilla. 

Es de una torpeza infinita esta decisión que no puede impedir el derecho de reunión, y sobre todo mancha el prestigio de la Universidad de Sevilla. Los estudiantes merecen una explicación. Y toda la sociedad. Porque la Hispalense, no solo por ser pública, es de todos. Pueden no gustar las acampadas. Pero son inevitables y nutren de debate a la comunidad universitaria. 

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