Hoy ha regresado a la Tierra Artemis II, la primera misión tripulada que se aleja de la órbita terrestre en más de cincuenta años. Lo que la hizo singular no es solo la distancia recorrida, es que las mujeres han tenido un protagonismo excepcional. Para empezar, lleva el nombre de una de las grandes del Olimpo, la diosa de la naturaleza, los animales, la caza, y hermana melliza de Apolo.
Artemis II ha establecido un nuevo récord: es la misión que más lejos ha llevado a seres humanos desde la Tierra. Sus cuatro tripulantes viajaron más allá de la órbita baja terrestre, hasta la cara oculta de la Luna, en la primera misión tripulada de ese alcance desde el Apolo 17. Pero la distancia recorrida en kilómetros no es el único parámetro que mide la magnitud de este momento. Hay otro, menos medible y más significativo: la distancia recorrida en derechos.
De hecho, el 6 de abril, se viralizó una imagen que valía más que cualquier comunicado oficial de Houston. En el Science Evaluation Room del Christopher C. Kraft Jr. Mission Control Center, un grupo de mujeres ante las consolas de control celebraba el sobrevuelo lunar completado con éxito por Artemis II. Eran las responsables de la planificación y ejecución científica de la misión. La euforia en sus rostros no era solo profesional: era también histórica para las mujeres. Décadas atrás, sólo habríamos visto a hombres caucásicos en la foto.
Artemis II abre una nueva era en las misiones espaciales
La era Apolo fue un prodigio científico protagonizado, casi en exclusiva, por hombres caucásicos. No porque las mujeres no estuvieran, sí que estaban, y su contribución fue decisiva, pero sistemáticamente invisibilizada. En Artemis II el talento femenino ha cobrado visibilidad. Aproximadamente el 35% de los puestos técnicos, científicos y de liderazgo de la NASA están ocupados por mujeres, los cargos de mayor responsabilidad operativa tienen nombre de mujer y la última promoción de candidatos a astronautas de 2025-2026 es la primera en la historia en tener una mayoría de mujeres: 60%. La participación activa de las mujeres en la NASA ha sido el resultado natural de la trayectoria profesional de mujeres brillantes, tenaces, extraordinariamente preparadas y, desde luego, también de la lucha feminista que reivindicó sus derechos, en la cual participaron científicas e ingenieras de la NASA, que abrieron el camino para las demás.
Las lideresas de Artemis II
Christina Koch, astronauta, física e ingeniera eléctrica, es parte de la tripulación de la misión Artemis II como especialista de misión. Entre los cuatro miembros de la tripulación de Artemis II, Koch ocupa un lugar singular. Su presencia a bordo no es simbólica, es la consecuencia lógica de una magnífica carrera científica construida sobre una preparación técnica excepcional, en un campo en el que, hace apenas unas décadas, las mujeres simplemente no eran bienvenidas.
Koch fue seleccionada por la NASA en junio de 2013 como miembro de la Clase 21 de astronautas, completando su entrenamiento básico en 2015. Su primera misión fue la Expedición en la Estación Espacial Internacional (ISS), donde estuvo durante 328 días consecutivos en el espacio (2019-202), estableciendo el récord de la misión espacial continua más larga realizada por una mujer, superando a Peggy Whitson. En esa expedición realizó seis caminatas espaciales (EVAs), sumando más de 42 horas fuera de la estación. Entre ellas destacan las primeras tres caminatas espaciales exclusivamente femeninas de la historia, realizadas junto a la astronauta Jessica Meir.
Vanessa Wyche, ingeniera afroamericana, con un amplio palmarés de reconocimientos profesionales, es la directora del Centro Espacial Johnson, máxima responsable del centro neurálgico de las operaciones humanas de la NASA, donde se coordina la formación y entrenamiento de las y los astronautas y se gestiona el control de misión.
Charlie Blackwell-Thompson, ingeniera, es la directora de lanzamiento de Artemis y primera mujer en la historia de la NASA en este cargo. Bajo su autoridad se tomó la decisión de lanzamiento de Artemis II, ante el éxito de la Misión Artemis I, que también dirigió. Lleva décadas en el Kennedy Space Center, rompiendo el techo de cristal que había permanecido intacto desde los inicios de la agencia en 1958. Charlie fue quien dio el “GO!” para autorizar el despegue del Artemis II.
Diana Trujillo, directora de Vuelo Houston Mission Control. Es una brillante ingeniera aeroespacial colombiana. Desde el Centro de Control de Houston, supervisó el conjunto de la misión en tiempo real. Su trayectoria es también la historia de una mujer excepcional migrante de América Latina: llegó a lo más alto del olimpo de la ingeniería aeroespacial, después de aterrizar en EEUU sin saber siquiera hablar inglés, pero decidida a convertirse en ingeniera, pagando sus estudios trabajando como limpiadora.
Sharon Cobb, ingeniera, responsable del sistema de lanzamiento espacial. Lideró el equipo de gestión, planificación y logística necesaria para que el diseño y la construcción del cohete se lleven a cabo. Es la encargada de que todas las piezas del programa SLS encajen y se cumplan los plazos. Su equipo construyó el cohete más potente jamás construido por la NASA, el mismo que llevó a cumplir la misión Artemis II.
Laura Poliah, ingeniera principal, lideró el equipo de Ejecución de Pruebas de la nave espacial Orion para la misión Artemis II, sin el cual esta misión no se habría podido realizar. Su equipo somete a la nave a condiciones extremas (vibraciones, vacío, temperaturas) para simular el espacio y garantizar el éxito de la operación.
Teresa Nieves-Chinchilla, física española y directora de meteorología espacial en la NASA, en su trabajo se centra en predecir y vigilar el comportamiento del Sol para garantizar la salud y seguridad de los astronautas en misiones de larga duración debido al peligro que entraña la radiación solar.
Nicola Fox, física, Administradora Asociada de la Dirección de Misiones Científicas de la NASA, ocupa el puesto científico más alto de la NASA. Fue la científica jefe de la misión Parker Solar Probe, la sonda que "tocó" el Sol.
Liliana Villarreal, ingeniera aeroespacial colombiana, que ha hecho una destacada carrera en la NASA. Es la Directora de Aterrizaje y Recuperación para Artemis II, coordinó el operativo de recuperación en el Pacífico para rescatar a la tripulación y la cápsula Orion tras su amerizaje: la fase final de la misión, donde ningún fallo es admisible.
Laurie Leshing, geoquímica y científica espacial de gran prestigio y amplia experiencia en la dirección de institutos de ingeniería universitaria y espacial. Su trabajo científico se ha centrado en la búsqueda de agua y vida en el sistema solar, siendo investigadora en instrumentos clave del rover Curiosity en Marte.
Angela Garcia & Kelsey Young, primeras oficiales científicas certificadas de Artemis II, responsables de la planificación y ejecución de la investigación científica lunar desde el control de misión. Fueron ellas quienes coordinaron las operaciones desde el Science Evaluation Room durante el sobrevuelo lunar del 6 de abril.
Las pioneras que abrieron el camino
El protagonismo de estas mujeres y muchas otras más en la misión Artemis II, no es solo un salto tecnológico, es un logro que le debemos en parte a las pioneras que abrieron el camino, entre ellas, la cosmonauta soviética Valentina Tereshkova, primera mujer en el espacio (1963), que realizó 48 órbitas a la Tierra durante casi tres días, y la única mujer que ha volado en solitario. Sally Ride (EE.UU.), primera mujer astronauta estadounidense; Svetlana Savitskaya (URSS), primera mujer cosmonauta en realizar una caminata espacial (1984) y, desde luego, las cuatro matemáticas legendarias del programa Apolo, “las calculadoras humanas”, que contribuyeron de forma decisiva a que los hombres del Apolo 11 volviera a la Tierra después del alunizaje (1969).
Katherine Johnson, física, matemática y científica espacial afroamericana que contribuyó decididamente a la aeronáutica de Estados Unidos y sus programas espaciales. Calculó a mano y con gran exactitud las trayectorias orbitales del Apolo 11. Su talento matemático era tan extraordinario que, antes de confiar su vida a los ordenadores, John Glenn exigió que los datos de su misión Mercury-Atlas 6 (1962) fueran calculados y verificados por Johnson.
Dorothy Vaughan, matemática, la primera mujer afroamericana en liderar un equipo en la NASA. Cuando se anunció la llegada de los ordenadores IBM y muchos matemáticos temieron quedarse obsoletos, ella aprendió sola el lenguaje de programación Fortran y lo enseñó a todo su equipo. Su visión anticipó la era digital de la NASA.
Mary Jackson, primera ingeniera aeroespacial afroamericana de la NASA, tuvo que solicitar permiso judicial para asistir a los cursos de ingeniería en una universidad segregada de Virginia. Lo obtuvo, se graduó con honores y dedicó el tramo final de su carrera a asegurarse de que otras mujeres no tuvieran que pedir permiso para formarse y trabajar donde desearan: dirigió programas internos de promoción femenina en la NASA que abrieron el camino a generaciones posteriores.
Christine Darden científica aeronáutica afroamericana de la NASA, una de las llamadas "calculadoras humanas" de la NASA. Destacó por su trabajo en el desarrollo de vuelos supersónicos, uniéndose a las otras tres como figura clave en la investigación aeroespacial.
Margaret Hamilton, matemática y filósofa, la primera programadora contratada para el proyecto Apolo, ascendida a directora de la División de Ingeniería de Software. Lideró un gran equipo responsable del software de vuelo “on-board” para el Módulo de Mando y el Módulo Lunar de todas las misiones tripuladas Apolo, y posteriormente para Skylab. Acuñó el término ingeniería de software, para darle el estatus que merecía la profesión.
Johnson, Vaughan, Jackson y Darden, las cuatro “calculadoras humanas” afroamericanas, rompieron barreras y techos que parecían infranqueables e hicieron aportaciones decisivas al desarrollo de la carrera espacial en una época donde la población afroamericana tenía grandes restricciones, trabajando en una institución androcéntrica y étnicamente segregada, cuando las mujeres afroamericanas debían entrar a los edificios de la NASA por puertas distintas a las de sus colegas caucásicos, usaban baños separados y aislados y comían en comedores aparte. Valga también este homenaje al piloto de la Artemis II, Victor Glover, primer afroamericano en ser astronauta.
Lo que le debemos al feminismo
La feminización de la NASA en cargos técnicos y científicos de responsabilidad es prueba de que cuando se eliminan las barreras estructurales que impedían a las mujeres acceder a la educación científica, a las instituciones y a los puestos de responsabilidad, el resultado es una misión más sólida, más diversa y, a todos los efectos, mejor y más representativa de la humanidad.
El 35% de la fuerza laboral científica y técnica civil de la NASA hoy en día son mujeres, pero no debemos olvidar que hace cincuenta dos años, cuando se hizo la última misión Apolo (1972), estaba en pleno auge la llamada Segunda Ola del feminismo y las feministas en Estados Unidos seguían luchando por tener plenos derechos, especialmente en materia de violencia machista, sexual y doméstica, derechos reproductivos, divorcio, educación, representación política, autonomía económica, plena inclusión de mujeres afroamericanas y migrantes, práctica deportiva y, sobre todo, la lucha porque se aprobara la enmienda de la Constitución que reconociera expresamente la discriminación por razón de sexo.
En esta prodigiosa década de los setenta, se empezó a escribir La creación del patriarcado, por la historiadora Gerda Lerner, el sistema de opresión construido por los hombres para someter a las mujeres y mantener las desigualdades entre unos y otras, aún vigente. La misión Artemis II no resuelve las causas de la desigualdad que seguimos sufriendo las mujeres y niñas, pero sí demuestra, con la contundencia de los hechos, todo lo que las mujeres somos capaces de hacer cuando se deja de ponernos obstáculos. Por ello, los logros de Artemis II es un motivo más para agradecer a todas las mujeres que lo han hecho posible, es decir, a las feministas y al feminismo, porque como dice la legendaria abogada y política Lidia Falcón, presidenta del Partido Feminista de España, todos los derechos que tenemos las mujeres se los debemos al feminismo y a las feministas.
