Una concentración del 15-M en Cádiz.
Una concentración del 15-M en Cádiz.

Esta semana se han cumplido 45 años de la Revolución de los Claveles, el día en el que algunos dicen que la política se hizo poesía. Otros 82 años han pasado desde Gernika, cuando los franquistas entregaron a ciudadanos españoles al fuego nazi y fascista. Dos momentos para recordar de cara al domingo, ya que como sociólogos e historiadores han detallado durante décadas, las calles portuguesas nunca se vaciaron del todo tras alcanzar la democracia, todo lo contrario que las de nuestro país.

El 15M, la aparición de Podemos y Ciudadanos, la repetición de elecciones, el 1 de octubre, la moción de censura, el vuelco en Andalucía y Vox. La historia en España se ha acelerado durante esta década, después de 30 años estancada en el bipartidismo. De dos fuerzas políticas de gobierno, hemos pasado a cinco. En Andalucía, la segunda mayor hegemonía partidista de Europa ha dado paso al gobierno de las dos derechas auxiliadas por la extrema. Todo ha pasado de forma rápida, casi brusca, pero el domingo regresaremos a esa caja negra donde depositamos nuestro voto, sin conocer qué ocurrirá después con él. Muchos votantes de centro que confiaron en Ciudadanos vieron como su voto se traducía en un pacto con Vox. Por otro lado, cerca de la mitad de los andaluces, en su mayoría progresistas, decidieron quedarse en casa, observando incrédulos como la extrema derecha se convertía en fuerza de gobierno.

La lección que debemos aprender de Andalucía no es solo la importancia del voto, es la relevancia de otras muchas actividades asociadas a la política. Porque, por desgracia, las democracias occidentales han quedado convertidas en ‘votocracia’, dejando al margen otras formas de participación política olvidadas por los partidos políticos, refugiados en un Estado que debería velar por la democracia y no por esta maldita ‘votocracia’. Esas otras formas de participación política son aquellas con mayor capacidad de protegernos de la amenaza a los derechos y las libertades encarnada por la España de Colón. La democracia, ‘soberanía del pueblo’, precisa de un pueblo que ostente esa soberanía. He aquí la clave de bóveda, al menos tal como yo lo veo. Los partidos políticos no deben esconderse en el Estado para aparecer cada cierto tiempo. Deben refugiarse en el pueblo para representarlo dentro del Estado. Un pueblo fortalecido por los partidos políticos es el mejor antídoto al grupúsculo de explotadores y lacayos de las élites liderado por Santiago Abascal y el pijo de mil apellidos Iván Espinosa.

Si, todo lo comentado con anterioridad es cierto. Pero, respondiendo a la pregunta del título, este no es un domingo cualquiera. La confrontación de dos modelos de España se llevará a cabo este domingo. Uno, formado por aquellos que quieren regalar ESPAÑA al IBEX-35, defensores de la banca, a la que se deben, y de una reforma laboral que convierte al trabajador español en animal de circo. Otro, formado por aquellos que quieren recuperar ESPAÑA para familias y trabajadores, mejorando las condiciones de vida de todos ellos. Es momento de tomar partido, una batalla donde el futuro vital de jóvenes, pensionistas, obreros, etcétera, dependerá de un puñado de votos. Votos, que hace no mucho tiempo, no se podían depositar porque estaba prohibido. El voto es un derecho que en España amaneció 40 años tarde respecto al resto de Europa. Un derecho por el que muchos lucharon, e incluso, murieron. ¿Y ya no lo queremos?, ¿de verdad nos hemos cansado de él? Creo que no. Que hay un momento para confiar en la ‘caja negra’ es esté. Si queremos una oportunidad de construir el país que merecemos, debemos tomarla, porque empieza este domingo.

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