20150605_123411_20150607121953246_20170118183759597.jpg
20150605_123411_20150607121953246_20170118183759597.jpg

Puedes tener 74 años, estar en plena forma porque andas mucho cada día, puedes ser voluntario en una ONG y un gran guía para muchas personas.

Estos últimos días estuve revisando fotos de mi móvil, y me topé con la que veis acompañando este articulo. En esta foto estoy yo, hace algo así como casi un año, y está Paco.

Ese fue el día que le conocí. Cuando lo conocí, Paco tenia unos 74 años, y el fue mi guía turístico especial por el centro y por el barrio del Raval de Barcelona. Digo especial, porque era una ruta "turística" muy especial. Paco fue mi guía para conocer la ruta de los desemparados, la ruta de la desesparacion, la ruta de los "sin techo". Aunque también era la ruta de la solidaridad, del valor, de la superación y del compañerismo.

Paco había vivido durante años en la calle. Sin casa, sin trabajo, sin dinero, sin familia y adicto al alcohol y probablemente a otras substancias.

Cuando le conocí, Paco ya estaba "curado" y vivía en un centro de acogida para ex-sin techo. Para esas personas que ya se han recuperado y han salido de la calle, pero que por su edad o situación, ya no pueden volver a reinsertarse a nivel laboral. Los excluidos de por vida. Los que no volveran a trabajar con un salario a cambio. Paco era, y espero que siga siendo, voluntario de una ONG que ayuda a las personas que viven en la calle. Y Paco era el guía de las rutas que organiza esta ONG y a las que yo me había apuntado.

Durante la ruta, me enseñó muchas cosas. Me mostró donde te puedes cobijar si llueve. En que porteria te puedes más o menos colar facilmente y dormir algunas horas seguidas sin estar a la intemperie. Me enseñó donde poder desayunar caliente, o en que convento puedes conseguir una comida decente si vas bien aseado y no vas borracho. Me enseñó el hostal regentado por una gallega, un hostal de habitaciones por horas, donde solian ir las prostitutas de la plaza y cuya portería, la gallega que lo regentaba abría las noches de frío extremo, para que pudieran dormir dentro Paco y algunos de sus compañeros.

El no lo sabe, pero él me enseñó mucho más que eso. Mucho más.

En ese momento yo ya conocía Jerez y solía venir frecuentemente. Por eso, en cuanto me saludó al llegar al punto de encuentro de la ruta, reconocí enseguida ese acento y esa forma de hablar. Un acento que él no había perdido, solo suavizado, después de casi 30 años fuera de Jerez.

Se sorprendió cuando solo oírlo hablar le solté "Usted es de Jerez!" y se rio mucho. Luego le expliqué que yo solía ir a menudo, que conocía bien la ciudad, que estaba enamorada de Jerez y que incluso tenia un pequeño apartamento allí, aquí.

Me hizo mil preguntas. ¿Cómo estaba ahora tal o cual calle? ¿Qué habia ahora en la plaza Arenal? ¿Y sigue ahi ese bar, esa tienda? Se emocionó varias veces, al recordar esas calles, y al explicarle yo como es ahora la zona donde vivía su familia.

Y Paco me explicó su historia. Su marcha de Jerez y su vida. Y entonces fue cuando me enseñó lo más valioso. Cuando recibí una de las mejores lecciones de mi vida.

Me enseñó que nunca podemos mirar a nadie por encima del hombro. Que nunca podemos pensar que si alguien vive alcoholizado en la calle es "porque el se lo ha buscado". Me enseñó que nunca podemos decir que "esto a mi no me va a pasar". Y me enseñó que todos somos iguales frente a los vaivenes de la vida. Y que la frontera entre una vida cómoda y caliente y una vida en las calles, es mucho más estrecha y fina de lo que nos podemos imaginar.

Me enseñó que la vida te lleva arriba y abajo como una montaña rusa. Y que un día puedes ser militar, luego policía y después dueño de un prospero restaurante, como lo fue él, y al cabo de unos años, puedes estar viviendo en las aceras de una ciudad que no es la tuya.

Y al cabo de otros tantos años, puedes haber recuperado tu dignidad y tu salud. Puedes tener 74 años, estar en plena forma porque andas mucho cada día, puedes ser voluntario en una ONG y un gran guía para muchas personas. Y lo más importante, por el espacio de unas horas, puedes convertirte en un maestro y enseñar cosas muy valiosas a una mujer como yo. Una mujer que en ese momento tan solo tenía una cosa en común con él: el amor a Jerez.

Pd. La ONG en cuestión se llama Fundación Arrels. Para mí, un gran ejemplo de ONG no solo por su seriedad y por su labor social sino también por las diferentes vías que desarrolla para financiarse, buscando alternativas innovadoras a la mera captación de socios o de donaciones sin valor añadido. Entre ellas destaco la organización de estas rutas, no os la perdáis si vas a Barcelona. O la venta de tipografías exclusivas hechas por personas sin techo. Más info en www.arrelsfundacio.org y en http://www.arrelsfundacio.org/es/colabora/homelessfonts/

Y me hace pensar, que una ciudad como Jerez, sería un buen sitio para replicar un modelo similar. Rutas turísticas, y quizás sobre el flamenco, guiadas por jóvenes o no jóvenes en situación de exclusión laboral y/o social. Si alguien se anima, avisadme, ¡me uno al equipo para ponerlo en marcha!

Archivado en:



Si has llegado hasta aquí y te gusta nuestro trabajo, apoya lavozdelsur.es, periodismo libre, independiente y en andaluz.

Comentarios

No hay comentarios ¿Te animas?

Lo más leído