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Nadie ha sido capaz de parar esta bochornosa sangría. Nadie. ¡Hagan algo ya, por el amor de Dios!

No, no estamos para bromas. De nuevo la barbarie y la sinrazón se han cebado en dos mujeres cuyo único delito fue confiar ciegamente en un compañero de viajes que resultó letal, sibilino… como una víbora. No estamos para bromas porque son muchas a lo largo de 2017, muchas a lo largo de los años, de las décadas. Porque la violencia machista no discrimina fecha, lugar, estación, edades ni clases sociales. Porque está ahí, arraigada a esta sociedad que se autodenomina “moderna” mientras entierra sin rubor decenas de mujeres al cabo del año, víctimas del puño, la navaja o la escopeta. 

Uno trata de entender que puede pasar por la mente de un asesino, de un psicópata, para estar dispuesto a sacrificar su propia vida estrellándose contra un surtidor de gasolina, con tal de llevarse por delante a su expareja, esa misma a la que idolatró, veneró y amó meses antes. Qué tipo de sentimiento puede crecer en las entrañas de tipejos como éstos, para acabar con la vida de sus propios hijos con el único objetivo de causar dolor.

Y lo que realmente indigna más es ver la inoperancia de la clase política española, incapaz de articular leyes que sean eficaces en la defensa de las víctimas amenazadas. Nos damos golpes de pecho de democracia puntera y vanguardista, se nos llena la boca de palabras como “igualdad”, “paridad” … y sin embargo, cuando de verdad una mujer necesita de la protección del Estado, se encuentra desamparada, a merced de un hijo de la gran puta que la agarre por los pelos a plena luz del día, la arrastre por los suelos, y la introduzca a la fuerza en un coche con la intención de ser juez y verdugo. Nadie ha sido capaz de parar esta bochornosa sangría. Nadie. Y cuando digo nadie me refiero a las derechas, las izquierdas, los centros, los arribas, los abajos… ninguno. 

¡Hagan algo ya, por el amor de Dios! Siéntense en una mesa y dejen sus diferencias colgadas en el perchero de la puerta, aunque sea por una puñetera vez en sus vidas. Hagan aquello por lo que muchos depositaron su confianza en ustedes en unas urnas… por aquello para lo que se les paga, y muy bien, por cierto.

Dejen la retórica, la dialéctica, el debate vacuo y el discurso vacío. Traten de llegar a acuerdos sin pensar en elecciones. Dejen el dichoso “asunto Cataluña” de lado durante 48 horas, tiempo más que suficiente para idear alternativas que garanticen, no un derecho, sino la vida de las acosadas. Déjense de lamentaciones a posteriori, y remánguense: la sociedad española exige hechos, soluciones… y ellas, tan solo se conforman con que les den protección. Intenten que nos sintamos orgullosos de ustedes por primera vez en décadas.

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