barbi_1.jpg
barbi_1.jpg

Hoy no quiero escudarme en historias reales o ficticias, en relatos más o menos cargados de mensajes cifrados. Hoy quiero contarles mi punto de vista, desnudo, desprovisto de artificio, y haciendo un esfuerzo de claridad. Hoy me gustaría hacerme entender en esta cárcel que son las palabras, aunque no sé si seré capaz. Hoy quiero decirles que mi paciencia está llegando a sus límites. Lleva llegando a sus límites muchos meses ya. Y no solo la mía, si no la de tantas mujeres (y cada vez más hombres) que me rodean, estupefactas, incrédulas, indignadas, frustradas, enfurecidas, y no sé cuántos sentimientos más. Todos estos sentimientos se asientan sobre la base de demasiadas generaciones de mujeres que ni siquiera tuvieron la oportunidad de manifestarlos. Me siento, probablemente como tantas compañeras de mi generación, heredera de una rabia silenciada y de una responsabilidad enorme. La de primero, visibilizar tantos años de injusticia; y segundo, construir, de la mano de aquéllos que nunca debieron sentirse superiores, un mundo feminista en el que hombres y mujeres compartamos la felicidad de vivir en igualdad de derechos.

Yo, me siento terriblemente cansada, con tan solo 36 años, de presenciar y padecer, cada día, situaciones de machismo, abuso, violación, maltrato y asesinato. Yo, ni siquiera ya sé cómo gestionar todo lo que siento. Solo sé que no tengo la oportunidad de rendirme y claudicar, solo sé que hay días que depongo las armas (ficticias siempre) porque no puedo librar todas las batallas que esta situación de desigualdad constante me ofrece. Quedaría, en este sistema patriarcal y machista que respiramos, fuera de toda estructura y probablemente sin trabajo y sin muchos amigos. Dirán, ésos que no están en nuestros cuerpos, dirán que exageramos, que cualquier tiempo pasado fue peor. Y no, no les quito la razón en lo segundo, pero que el pasado fuera un verdadero infierno de sometimiento no disculpa los avernos del presente. Precisamente por todo lo que hemos conseguido, hay que seguir caminando.

Y tenemos que ser muy racionales en el análisis de la realidad actual. Con esto quiero decir que no podemos quedarnos estancados en el discurso de la condena a asesinatos, violaciones, maltrato y abusos. Mi humilde punto de vista es que eso debe estar ya integrado y fusionado en nuestro sentir como sociedad. Aquellos que no lo hacen merecen la consideración de asesinos, maltratadores, violadores y abusadores. Pienso que no podemos quedarnos solo ahí. Que quedarnos ahí no soluciona el problema que tenemos entre manos. Que cada mañana, al levantarnos, soportamos una carga indecente de machismos invisibles (me niego a llamarlos micromachismos) que construyen el caldo de cultivo de esos asesinatos, maltratos, violaciones y abusos. Son peldaños de una escalera de destrucción y muerte. No debemos restarles importancia. Debemos indignarnos igual. Hombres y mujeres. Debemos estar muy atentos a no ser nosotros los que caigamos en esta estructura y a señalar cuando esa estructura nos machaca.

Ya no puedo ver los anuncios de televisión sin sentirme un trozo de carne, no puedo escuchar una noticia en la que se culpabiliza a una víctima de abuso y violación sin que se me revuelvan las tripas. Tampoco soporto escuchar cómo me lanzan piropos aquéllos que no tienen confianza para hacerlo. Ni cómo menosprecian mi opinión porque no la impongo, porque la explico, porque la digo con serenidad. Ni  aguanto a aquéllos que juzgan mis formas y mis decisiones. Soy mujer y soy libre. Por eso, aunque me canse, cada vez que pueda y deba, pondré por delante la construcción de ese mundo mejor. La revolución, será feminista o no será. Bien lo sabemos.

Si has llegado hasta aquí y te gusta nuestro trabajo, apoya lavozdelsur.es, periodismo libre, independiente y en andaluz.

Comentarios

No hay comentarios ¿Te animas?

Ahora en portada
Lo más leído