Mudanza de la antigua Comisaría del Arroyo, esta semana. FOTO: MANU GARCÍA
Mudanza de la antigua Comisaría del Arroyo, esta semana. FOTO: MANU GARCÍA

Cuando los primeros becarios del prestigioso estudio de arquitectos Herzog y De Meuron vinieron a Jerez hará más de quince años para ver sobre el terreno dónde iba a ubicarse la Ciudad del Flamenco se llevaron las manos a la cabeza, dio igual que tuvieran peinadito cool o calva lustrosa. “Pues aquí no va a ser”, se dijeron en inglés o en cualquiera de los cuatro idiomas oficiales de Suiza –para este cronista que fue en romanche, que debe molar lo suyo- tras comprobar que el centro de Jerez viene a ser hoy en día todo el entorno de Chapín, una zona que, en principio, no tiene pinta precisamente de ser el enclave histórico en el que les dijeron que iba a ir este proyecto, futuro motor dinamizador de una zona, al parecer, deprimida.

Esta vieja anécdota, más o menos contada en crónicas periodísticas de la época, sirve para recordar que, efectivamente, todo lo que ocurre con el centro de Jerez es distinto. El centro real de la ciudad de Jerez es una zona nueva, con amplias avenidas, importantes dotaciones deportivas, una cierta oferta de ocio y habitada mayoritariamente por clases medias, mientras que el centro histórico, un adjetivo en el no repararon estos becarios al desplegar el mapa de Jerez, va camino de convertirse en una barriada más ubicada en el suroeste de la ciudad.

En realidad, en estas líneas no se trata tanto de valorar el peculiar crecimiento de una ciudad que ha ido arrinconando su centro histórico como de analizar otras cuestiones que hacen pensar que, efectivamente, el tratamiento actual y el futuro que se le reserva se acerca más al de una barriada que al de una cuidada y dinámica zona (más allá del auge que viven parcialmente la restauración y algo el turismo), con la evidente cronificación de los problemas de un espacio del que se lleva hablando ¿cuánto… treinta, cuarenta años? que hay que hacer algo para revitalizarlo.

Ese algo, esa apuesta, ese plus que iba a hacer revivir la zona, tanto en población como en actividad económica, estaba llamado a ser la Ciudad del Flamenco. La fuerza de los hechos –unas arcas municipales exhaustas, la escasa implicación del resto de Administraciones y la nula implicación del capital privado en el proyecto, bien por desinterés, bien porque no se supo hacer cómo- llevó a que la Ciudad del Flamenco se desechara completamente y que en su lugar, sobre el solar de la plaza Belén en el que se iba a erigir, se pavimentara una simple plaza que, además, es el orgullo del gobierno municipal de la Corporación. El signo de los tiempos.

Pero si algo puede ir a peor, tranquilidad lectores, que lo hará. La comisaría de la Policía Nacional está a punto de culminar su traslado a unas dependencias nuevas, a la Asunción (a unas afueras ‘céntricas’). No vamos a evaluar lo que significa la marcha de una ‘empresa’ como la comisaría: que pregunten a los bares de las inmediaciones, a la tienda de fotografías para el DNI… No por estar programada –e incluso demorada— esta marcha, las distintas autoridades municipales que se han sucedido han sido incapaces de llegar a acuerdos con otras Administraciones que permitan nuevos usos para el edificio, el Palacio de los Condes de Puerto Hermoso, acuerdos que pudieran compensar esta pérdida (y ya ve el lector que estamos manteniendo el debate en la economía sin llevarlo a la seguridad, son muchos los habitantes de la zona que ven con resquemor esta partida en una zona tan solitaria en cuanto se dejan de lado las luces de los bares: el propio Arroyo o la espalda de la misma comisaría, el Barranco, San Lucas y San Mateo); aunque es cierto que el actual gobierno municipal ha conseguido una cesión en su uso por parte del Gobierno central está por ver para qué. Desde luego, sobre la propuesta más atractiva de las que se han puesto encima de la mesa, que pudiera convertirse en un parador nacional –iniciativa de IU en el anterior mandato-, no hay nada de nada…

El gobierno municipal tiene previsto realizar una reordenación del  Arroyo e inmediaciones coincidiendo –es un decir- con la marcha de la Policía Nacional, plan que incluye una semipeatonalización parcial de la zona. Y aquí puede surgir un nuevo problema. Dos fuentes consultadas por este cronista –pero de las que te cruzas por la calle, sin necesidad de levantar un teléfono… a la primera de ellas en realidad sin necesidad de preguntarle nada, que vino a soltarlo como una locomotora– afirman que el SAS está barajando la posibilidad de trasladar el servicio de urgencias que se presta en el centro de salud Centro (doce horas, de ocho de la tarde a ocho de la mañana) ya que entiende que dicha reforma puede, de alguna forma, perjudicar el servicio que allí se presta. O sencillamente, y por motivos que ahora mismo se nos escapan, puede que dicha reforma urbana sea una excusa para trasladar el servicio a otro lugar, que sería, con toda probabilidad, el (semi) nuevo centro de salud de la Zona Sur.

En realidad, tanto da. Mientras que el gobierno municipal se empeña en batallas menores y estériles desde un punto de vista vecinal, como reurbanizar en los próximos meses la cercana plaza Vargas (ante el resquemor de los propios vecinos, que temen la aparición de más terrazas y veladores, de la ‘legalización’, en definitiva, del ruido hasta las tantas las noches de buen tiempo), lo cierto es que el centro histórico está a punto de ver cómo se va para siempre la comisaría y crecen rumores sobre el futuro de las urgencias de su centro de salud. No se trata solo –que también- de los menguantes servicios que reciben o recibirían los vecinos de la zona sino, y más importante, de la constatación de la imparable devaluación del centro histórico como punto neurálgico de la ciudad, el golpe de gracia para convertirlo en una mezcla de parque temático de la restauración y área deprimida llena de iglesias, según la zona que se visite de esta barriada de la zona suroeste. Una zona desbordada en Navidad, Semana Santa y sábados soleados de entretiempo y casi deshabitada el resto del año. Es lo que hay. Al fin y al cabo, el centro de Jerez está en Chapín…

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