4049_967_544.jpg
4049_967_544.jpg

Estamos ante una oportunidad histórica de dar a nuestras vidas un halo de importancia sin parangón, de decoración y merchandising de proporciones bíblicas. No hay nada como crearnos un club de fans a la carta, que nos permita tener reservado el derecho de admisión o de expulsión ante la más mínima ofensa. Un poder que jamás tuvimos ni creímos tener. Informarnos al segundo, recibir piropos y tener asegurada los diez comentarios que te eleven la autoestima diaria es tranquilizador.

Ser filósofo, poeta, escritor, historiador, político, sociólogo y psicólogo en tan solo tres frases y tener éxito es algo extraordinario (como si la cosa fuera así de sencilla) y contar con la posibilidad de ni siquiera entrar en un debate tras cometer una barrabasada intelectual es cojonudo. No salir de una zona de confort donde el perímetro está diseñado a nuestras exigencias, es una experiencia estimulante, pero crea una pseudo realidad cavernaria.

Críen fama y duerman porque plácidamente hemos diseñado un mundo virtual perfecto. Creemos que nuestros 500 amigos son el reflejo de la sociedad. Gran error. Con las palabras e imágenes adecuadas y un sentido decente de la retórica proyectaremos la vida que nos interesa y que fascine a los demás. Evidentemente procura no dar información de tu ser a quienes, por descontado, tienen más capacidad analítica que tú y manejan mejor las artes anteriormente mencionadas. Esto sería un despropósito, te desmotarían el chiringuito de la autopromoción. A estos top ten solo hay una manera de conservarlos, rendir pleitesía intelectual, si quieres tener en tus redes a las vacas sagradas. Su ego también les hará picar. No falla.

Por cada ansiado me gusta somos capaces de sentarnos ante nuestro "¿qué estás pensando?" y creer que estás diseñando la Capilla Sixtina o los diálogos de Platón. Esto acaba por desvirtuar lo cotidiano y creernos ser alguien que no existe, que no eres, porque en realidad solo compites con gente que te va a dorar la píldora.

¿Qué necesidad hay de todo esto? ¿Qué utilidad debería tener una red social más allá de ser una herramienta de comunicación? Yo tengo una teoría, esto sucede por la competitividad extrema, por la exclusión laboral y en lo emocional. Vivimos en un mundo donde cada vez sobramos más personas, donde para ocupar un lugar adecuado en la clase media que te permita sobrevivir con el éxito que nos marcan los cánones del mercado capitalista, hemos de realizar todas estas peripecias cansinas y sin sentido. Agradar, impresionar, competir, encajar, seducir y pasar inadvertidos es cada vez más exigente, y quedarte sin opciones está a la vuelta de la esquina, cada vez más rápido. De ahí que con pasión nos volvamos drogadictos insaciables de las redes.

¿Quien renuncia a un poco de maquillaje? Hay que tener cuidado con los mundos artificiales fabricados con mimo por nuestro ego, porque cuando salgamos a la vida, a la realidad de la jungla cotidiana y dura, nos estrellaremos con tanta fuerza en el muro que solo recogeremos los restos de algo que es ficticio.

Archivado en:

Si has llegado hasta aquí y te gusta nuestro trabajo, apoya lavozdelsur.es, periodismo libre, independiente y en andaluz.

Comentarios

No hay comentarios ¿Te animas?

Ahora en portada
Lo más leído