Los problemas del centro histórico

Francisco Romero

Licenciado en Periodismo por la Universidad de Sevilla. Antes de terminar la carrera, empecé mi trayectoria, primero como becario y luego en plantilla, en Diario de Jerez. Con 25 años participé en la fundación de un periódico, El Independiente de Cádiz, que a pesar de su corta trayectoria obtuvo el Premio Andalucía de Periodismo en 2014 por la gran calidad de su suplemento dominical. Desde 2014 escribo en lavozdelsur.es, un periódico digital andaluz del que formé parte de su fundación, y con el que obtuve en 2019 una mención especial del Premio Cádiz de Periodismo.

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Los problemas del centro histórico de Jerez, como de muchos otros, son una manifestación del cambio urbano y de los desequilibrios en el espacio interno del conjunto de la ciudad. Y sí, la protección y recuperación de estas realidades urbanas, configuradas en coyunturas con ritmos más lentos que los actuales, es un reto difícil.

Sin duda, el planeamiento urbanístico sigue siendo una pieza fundamental de las políticas de recuperación, al permitir crear el marco adecuado para abordar globalmente los problemas relacionados con la protección y con la recuperación, pero hemos de reconocer que en nuestro caso está teniendo dificultades operativas ante la prioridad asignada a las dimensiones físicas, la limitada capacidad de recursos y de gestión del Ayuntamiento, y el descuido de las dimensiones sociales y funcionales. Y la vivienda continúa siendo uno de los problemas pendientes, pues la rehabilitación, incluso cuando se han aunado voluntades de las diversas administraciones, tiene muchos obstáculos para desencadenar procesos de recualificación en las zonas en situación más crítica.

La experiencia nacional e internacional acumulada en estos últimos años nos enseña que la recuperación de los centros históricos ha sido más eficaz cuando se ha abordado desde una perspectiva integrada, una práctica de actuación, desgraciadamente, no muy frecuente. Y nos demuestra también que el aislamiento del problema del centro histórico y su tratamiento al margen de los cambios en la funcionalidad de la ciudad, ha sido una de las mayores limitaciones de las políticas de protección y recuperación desarrolladas. Por tanto, uno de los grandes retos que tenemos por delante es la revitalización funcional, y para avanzar en esta dirección no queda otra alternativa que instrumentalizar políticas donde estén mejor conectadas las estrategias, los planes y los proyectos, vía que también permitirá reforzar el compromiso social con la conservación activa del patrimonio cultural.

La apuesta por la multifuncionalidad requiere, por un lado, aprovechar las oportunidades de funciones emergentes, caso de la turística y la cultural, y, por otro, introducir innovaciones en el terreno de la gestión (consorcios, patronatos, fundaciones, centros de gestión urbana, etc.), así como un mayor protagonismo de la administración local. En España, planes de ciudad como el de Gerona o programas como los impulsados por Ciutat Vella, S.A. en Barcelona, la Agencia de Renovación Urbana en Vitoria o el Consorcio de Santiago de Compostela, pueden ser ejemplos de instrumentos adecuados para diseñar estrategias de futuro y consolidar alianzas que permitan resolver los problemas planteados y la utilización del patrimonio cultural urbano como motor de desarrollo en el marco de estrategias de recuperación urbana integrada.

Todas estas experiencias tienen en común que “la política” se lo cree, y que la revitalización del centro histórico se considera uno de los proyectos estratégicos de la ciudad, fundamentado sobre dos paradigmas: un modelo de gestión integral que supere la habitual departamentalización de las actuaciones, y liderazgo municipal en la dinamización de un compromiso interinstitucional de financiación que garantice inversiones plurianuales Y cuatro líneas de actuación: intervención permanente en espacios públicos y viviendas; regeneración y reactivación de la actividad socio-económica interna; revalorización y recuperación del patrimonio para incorporarlo a la actividad socio-económica de manera sostenible desde un punto de vista social, cultural y económico; y, por último, revitalización de las dinámicas sociales de su vecindario como motor del cambio, a través de su participación operativa e implicación en el desarrollo de los proyectos.

Entiendo que sólo así lograremos, tras mucho esfuerzo, que nuestro centro histórico pueda desempeñar un papel relevante en la estructura urbana del Jerez del siglo XXI. Un entorno que sea capaz de aprovechar su patrimonio histórico y social como impulsor de un sentido de pertenencia y vinculación que favorezca nuevas dinámicas. Un espacio atractivo para vivir, trabajar, divertirse o soñar, donde aprovechar la diversidad y fomentar la confianza y la relación positiva entre sus gentes. Todo ello con un objetivo: conseguir un entorno atractivo para la innovación y el desarrollo social, cultural y económico.

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