Una pareja haciéndose una foto en el alumbrado de la Feria del Caballo. FOTO: MANU GARCÍA.
Una pareja haciéndose una foto en el alumbrado de la Feria del Caballo. FOTO: MANU GARCÍA.

“Yo ahora mismo debería estar metiéndome codazos por entrar en el templete de González Byass”, declaraba alguien. Parece que otro día será. A lo mejor en octubre, a lo mejor el año que viene, o puede que en el día del juicio final. En días como estos Facebook es el puro reflejo de como mucha gente está encajando a duras penas el golpe de la feria. Nostalgia provocada por el recuerdo de tiempos mejores, ganas de fiesta… La situación es digna de análisis.

Con la misma firmeza del que piensa que la guerra termina cuando cae el último hombre, hay quien piensa que la feria termina cuando cae la última maceta de rebujito. De la misma forma, si no se puede ir al campo de batalla, que dé comienzo la guerra de guerrillas, en este caso la feria de feriecillas. Empieza así la feria en casa. En este sentido, ha sido muy simbólico el cartel que ha circulado con las zapatillas de andar por casa a los pies del traje de gitana.

Aunque haya a quien le cueste admitirlo, Jerez para estas cosas es la Little Sevilla. Al igual que todos los años la moda de los trajes de flamenca de Sevilla marcaba la de Jerez, este año hemos replicado bastantes elementos de “la feria de los balcones”. Hace un par de días estuve comentando la situación con amigos de la capital andaluza. “Ya, eso se hizo aquí también.” Se ve que la iniciativa del Diario de Los Jereles de apagar y encender todas las luces a las 10:00 para simular el encendido del alumbrado pudo estar basada en una idea parecida que imitaba el encendido de la portada de la Feria de Abril.

Traje enfundado y copa de manzanilla en mano para el pescaíto, los sevillanos nos llevan un par de semanas de ventaja. Farolillos en los balcones y alguna portada de caseta. Parece que lo único que si ha sido de nuestra propia cosecha han sido las luces de navidad como adaptación del alumbrado, algo único nuestro. También el más avispado ha sido capaz de hacerse con el audio de Chocolatería y Churrería Hermanos Pernía, pero no se puede asegurar que no haya sido otra importación.

La feria en casa no solo tiene un componente nostálgico y festivo. Hay quien lo lleva más allá y lo justifica pensando en el apuro de los productores de farolillos tal y como salió en su tiempo en las noticias. Dada la idiosincrasia de la ciudad, más preocupante sería el desplome del consumo de vino. Aunque seamos realistas, sobre todo lo que se bebe es vino de grandes bodegas, costándote la media botella el doble que en supermercados; o Montilla-Moriles de garrafón, la clásica caja de 5 litros.

De esta forma, el impacto sobre pequeños despachos de vino y pequeñas bodegas no es tan grande como se podría pensar en un primer momento, aunque no deja de ser importante. No sé que estará haciendo el PP de Jerez para no haber salido a repartir vino en apoyo a la industria vitivinícola local y para alegrarle la semana a nuestros jóvenes adultos, a veces no tan jóvenes y otras veces no tan adultos. Puede que sean nuestra última esperanza y línea de defensa contra el garrafón.

Como casi todas las cosas, la feria en casa también se nos irá de las manos. Los incidentes con fiestas caseras están por ver la semana que viene en el parte de guerra. Como quien dice también por Facebook, estamos actuando como idiotas que nunca se han perdido una feria a falta de responsabilidades mayores. Todavía no habíamos salido de la fase 0 y ya hay quien la estaba montando con cervecitas en la Alameda Vieja o fiestas en azoteas con pizza a domicilio. A saber que pasa con el mayor abanico de posibilidades que ofrece la fase 1 para bordear el confinamiento y una feria de feriecillas en el aire.

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