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Estamos llegando a un punto de disparate por parte del Ministerio de Defensa y su peregrina idea de la cultura de defensa que el tema religioso-castrense causa no ya solamente sorpresa, sino preocupación.

Estamos llegando a un punto de disparate por parte del Ministerio de Defensa y su peregrina idea de la cultura de defensa que el tema religioso-castrense causa no ya solamente sorpresa, sino preocupación. Porque podríamos considerar que mandar, oficialmente, izar a media asta en todas las instalaciones militares la bandera de España porque han matado a Cristo es una cuestión menor, irrelevante, ajena al interés político general, una anécdota. Y sin embargo este hecho puede ser un mensaje, nada subliminal, de en qué claves nacionalcatolicistas se mueve la nueva ministra de Defensa. En Jerez, donde el Partido Popular se vuelca sin tapujos para publicitarse en su carrera de recuperar la Alcaldía, las cosas se desenvuelven —iglesia católica de por medio— aún con mayor claridad si cabe: la hermandad de la Defensión organiza un acto donde nombra a Cospedal hermana honoraria, creo, de dicha cofradía.

Pero mezclar los actos político-religiosos con los actos castrenses tratando de aprovechar el respaldo popular de la Semana Santa para lograr de tapadillo apoyos a las políticas de defensa del belicista gobierno del PP es algo que la Constitución prohíbe en su artículo 16, que habla claramente sobre la no confesionalidad del estado. Estas arcaizantes escenas, donde religión y fuerzas armadas se mezclan sin rubor alguno, deberían estar prohibidas por la ley: salida de los legionarios portando al Cristo de la Buena Muerte en Málaga.

El arzobispo castrense señor Juan del Río está, claro, al día en materia de guerra, y prueba de ello es que acaba de publicar un alucinante libro titulado Bajo la bandera de Jesús, en cuyo prólogo el arzobispo escribe “... es una obra del sacerdote y escritor Jorge López Teulón. El título del libro es muy gráfico y está inspirado en los Ejercicios Espirituales (136 ss.) de san Ignacio de Loyola, en ‘la meditación de las dos banderas’, que tiene lugar el cuarto día de la segunda semana. Se nos muestra el mundo como un gran campo de batalla donde se enfrentan dos ejércitos. El cristiano no puede permanecer indiferente ante esta lucha, debe saber escoger cuál es su lugar y bajo qué bandera combatir: bajo la bandera de Cristo o bajo la bandera de Satanás”. Me abstengo de todo comentario sobre trasladar el enfoque jesuita, del siglo XVI, del militar que fue Ignacio de Loyola a la mentalidad de los militares de hoy bajo esa "meditación de dos banderas", pero no me resisto a traer aquí un texto de Sánchez Ferlosio donde se denuncia cómo esa "meditación de dos banderas" se tradujo no hace mucho en guerra fría entre potencias nucleares enfrentadas:

"...los años de la llamada guerra fría: hasta tal punto de la historia universal llegó a ser algo que se mascaba en el aire, que se palpaba en el ambiente, como la evidencia más indiscutible, que la famosa Meditación de dos banderas, en la que san Ignacio no quiso hacer más que una alegoría, se plasmó en la creencia de las gentes, tomando cuerpo material en una encarnación histórica y sensible. Mas he aquí el arranque literal del texto referido (Meditatio de duobus uexillis): "primer preámbulo. El primer preámbulo es la historia: será aquí como Christo llama y quiere a todos debaxo de su bandera, y Lucifer, al contrario, debaxo de la suya. Segundo preámbulo. El segundo, composición viendo el lugar: será aquí ver un gran campo de toda aquella región de Herusalén, adonde el sumo capitán general de los buenos es Christo nuestro Señor; otro campo en región de Babilonia, donde el caudillo de los enemigos es Lucifer". Pero mientras Loyola, con la dramática territorialidad de su figura, quería sólo excitar la imaginación de los ejercitantes, por el contrario, en la mentalidad de guerra fría, la territorialidad del bien y el mal trasciende todo carácter alegórico y se materializa como una distribución sensible y practicable sobre la superficie del planeta. La territorialización y militarización de un antagonismo ideológico entre concepciones o doctrinas cada una de las cuales reclama para sí misma una excluyente universalidad (por mucho que la universalidad así disputada no sea sino la fórmula encubridora del alcance mundial de las respectivas aspiraciones hegemónicas, como la pretendida disparidad ideológica no es sino máscara de la más miserable política de potencias) tenía que conducir, congruentemente, a la secularización del combate escatológico, con la correspondiente territorialización militarizada del bien y el mal. El alegórico combate ultraterreno de Ignacio de Loyola viene así a cuajarse en literal territorialidad terrestre, mas no sin que de rechazo la historia terrenal se tiña a su vez de lívida luz escatológica".

La sintonía entre el Partido Popular y la cúpula de la iglesia católica en lo que se refiere a aprovechar el tirón de la Semana Santa para arengar a la población, adoctrinarla y esparcir su peculiar enfoque de la cultura de defensa parece muy estrecha. La burda contraposición entre países democráticos y países fallidos-yihadistas (¿las dos banderas?) se oye latir bajo esa castiza cultura de defensa que pretenden inyectarnos a través de telediarios y actos castrenses hasta en la sopa. Al paso que vamos, cualquier día veremos desfilar entre las cofradías material de combate, blindados, tanques, drones de guerra... Todo será 'por la paz' a la que nos tiene acostumbrado un PP sediento de acudir a todos y cada uno de los frentes de combate que mandan la OTAN y Donald Trump.

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