Manifestación negacionista del coronavirus celebrada en Berlín. IMAGEN: RT/YOUTUBE
Manifestación negacionista del coronavirus celebrada en Berlín. IMAGEN: RT/YOUTUBE

Quizá con más claridad que nunca hemos podido ver en las calles lo mismo que vemos en esa realidad de impulsos, y eléctricos, que se llama Twitter. 20.000 personas venidas desde muchos rincones de Alemania, no pocos desde Stuttgart, para protestar contra la virocracia, según ellos mismos. Reclaman haber sido más de un millón, como en aquellos tiempos de la Plaza de Oriente, pero no ha sido. Y a diferencia, también, de los cayetanos, la diversidad de esa microsociedad que se ha manifestado en Berlín es amplia, a la vez que preocupante. Han sido 20.000, pero una manifestación es solo la punta del iceberg. Que salga la jefa del SPD a llamarlos idiotas en Twitter no va a cambiar las cosas, y en un punto la iguala con uno de los manifestantes, según él, maestro jubilado, que cuando le preguntan si no le molesta estar en la misma calle con los nazis responde que les hacen falta los estúpidos. Luego, claro, él mismo se ofende si le llaman idiota.

Lo que se observa en Twitter estaba en los barrios, en las tiendas, en los bares y en las calles, solo que no se habían puesto de acuerdo para quedar y gritar juntos por su libertad. Una libertad rara, por otra parte. La libertad de sentirse informados tras ojear páginas de internet de dudosa credibilidad y rechazar a toda la prensa como un único instrumento de la mentira y la virocracia. Niegan la pandemia, niegan los muertos, nada está probado. Lo niegan, codo con codo, los antivacunas con los defensores del viejo imperio alemán, imperio que fue quien impuso la obligatoriedad, incluso por la fuerza, de las vacunas por primera vez en Alemania. Junto a todos estos, nazis, neonazis y profesoras de yoga. Una rara mezcolanza sociológica que, si hacemos por entender, nos podría ayudar a neutralizar la próxima tiranía; la misma rara mezcolanza sociológica que ha compuesto las anteriores tiranías. Las ultraderechas, bien organizadas y con objetivos claros y concretos, están ahí porque es río revuelto y han salido a pescar.

La sensación de fuerza que experimentan los tenidos en cuenta en las redes sociales, pero son despreciados o expulsados del sistema social formal, es un elemento a tener en cuenta. Así como la sensación de fuerza interior que le proporciona, en su autoestima, a quien ha aprendido a manejarse con el lenguaje de los mentideros de los textos cortos, o más largos, y que es endiosado por los me gusta. Hay un enorme grupo social que busca identificarse con figuras que se le parecen, en su forma de hablar, en su indignación, en su arrebato. Las redes sociales lo han articulado perfectamente; los medios sensacionalistas prepararon el camino.

La pregunta es qué hacer y la respuesta es combatir la pobreza, la marginación social y un sistema escolar que, también en Alemania, está para perpetuar a los perpetuados. La clase política ha ido convirtiéndose en un espacio para personas de menor capacidad a la que se esperaba y se espera, incluso por parte de las capas sociales en peores situaciones. Ahí arriba no están los mejores, esto se ve de lejos. Igual que se observa que en cuanto llega alguien con mejores cualidades es enviado a la sala de tortura pública para ser desacreditado y derribado. Las derechas han producido este raro sistema de banalización de la política, de desprecio por los políticos más cualificados y de uso del lenguaje y los modos de los sectores sociales más desfavorecidos para ganarse a la mayoría social menos favorecida. El problema es que hoy se desdibuja, como nunca antes, además, la frontera que hace unas décadas establecía una buena formación: hoy salen con títulos académicos de todo nivel personas que no entienden demasiadas cosas. La excesiva especialización y el bajo nivel generalizado es preocupante.

La tiranía no suele traerla un tirano sino una sociedad que entroniza a su tirano, voluntariamente, deseosamente, salvando distancias definitivas, también temporales, da lo mismo hablar de Fernando VII o de los dictadores europeos del siglo XX. El vivan las cadenas español lo es, en parte, también europeo. Lo vimos en los años 30 y lo ha reactualizado el neoliberalismo brutal, que es ahora la ideología más relevante. Quizá la diferencia más acentuada ahora sea que antes hubo dos ideologías en colisión y hoy los contornos están desdibujados y no se identifican claramente para muchos. La socialdemocracia desdibujó esos contornos. Tenemos que buscar soluciones a la realidad que nos muestran los 20 mil de Berlín antes de que suframos la próxima tiranía.

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