La vergüenza y el engaño del 'bienestar social patrocinado'

Francisco Romero

Francisco Romero

Licenciado en Periodismo por la Universidad de Sevilla. Antes de terminar la carrera, empecé mi trayectoria, primero como becario y luego en plantilla, en Diario de Jerez. Con 25 años participé en la fundación de un periódico, El Independiente de Cádiz, que a pesar de su corta trayectoria obtuvo el Premio Andalucía de Periodismo en 2014 por la gran calidad de su suplemento dominical. Desde 2014 escribo en lavozdelsur.es, un periódico digital andaluz del que formé parte de su fundación, y con el que obtuve en 2019 una mención especial del Premio Cádiz de Periodismo.

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Imagino una sociedad distópica, como en V de Vendetta o en los dibujos de Miguel Brieva. Un Estado que abandona por completo la aspiración a garantizar los derechos básicos y donde las multinacionales, cual “capos” de pueblo, arrojan sus migajas a una ciudadanía desesperada.

Imagino una sociedad distópica, como en V de Vendetta o en los dibujos de Miguel Brieva. Un Estado que abandona por completo la aspiración a garantizar los derechos básicos y donde las multinacionales, cual “capos” de pueblo, arrojan sus migajas a una ciudadanía desesperada. Donde las multinacionales convocan subvenciones para construir hospitales, colegios, residencias de ancianos y los ayuntamientos, los gobiernos, con sus políticos al frente, agobiados por la deuda que tienen con esas mismas multinacionales, se arrastran a solicitar su “ayuda”, que tienen que justificar hasta el último céntimo.

Amancio Ortega (Inditex) ha donado a la Sanidad pública andaluza, como hace unos meses lo hacía con la Sanidad pública gallega, 25 aceleradores lineales para el tratamiento del cáncer, valorados en 40 millones. La foto de hace unos meses la protagonizaba el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, del PP y esta vez la imagen era con Susana Díaz, presidenta de la Junta de Andalucía, PSOE. Parece que ambos partidos en esta cuestión mantienen los mismos criterios políticos y la misma estética, como en tantas cosas. Escenifican la firma de un acuerdo que podríamos llamar de “bienestar social patrocinado”, con la vicepresidenta de la fundación Amancio Ortega, que no es otra que Flora Pérez, esposa del susodicho, encargada de las obras benéficas de la "familia", ya se sabe que en cuestión de reparto de papeles entre hombres y mujeres las grandes fortunas son de las que menos han avanzado.

Todo precioso si no fuera porque estos equipos son construidos y mantenidos, la mayoría de las veces mediante contratos de renting, por multinacionales afines donde Ortega mantiene intereses. No olvidemos que la Sanidad, como el agua, es uno de los grandes trozos de tarta que las grandes corporaciones se quieren comer, y en España el negocio sanitario sería uno de los más prósperos si la senda de recortes en esta materia, iniciada hace ya unos años, se consolida.

Todo conmovedor si no fuera porque Amancio Ortega ha estado diez años peleando con Hacienda por no pagar 33 millones de euros de los años 2001-2003, que en 2013 triplicó sus exenciones fiscales en España llegando a los 900 millones, que su fortuna ha pasado desde entonces de 40.000 millones a 70.000, disputándole la corona al mismísimo Bill Gates, que en 2014 Inditex pago menos impuestos y cotizaciones sociales en España (821 millones) por todo su negocio, que lo que ganó de dividendo solo Amancio Ortega (900 millones), que en 2015 solo aportó en España 770 millones. Y sin entrar en las prácticas de explotación laboral infantil denunciadas en algunos paises en los que Inditex tiene a proveedores de sus fábricas.

Amancio Ortega pelea cada día y escatima a la hora de pagar sus impuestos y contribuir justamente a la sociedad que lo ha encumbrado. De su propio bolsillo dona “calderilla” dada su fortuna. Miles de personas contribuyen mucho más, de manera proporcional a sus ingresos, a numerosas causas sociales y por supuesto pagan muchos más impuestos que él.

Un reciente informe de los servicios técnicos de CCOO cifraba en 50.000 millones la reducción del gasto público en España en los últimos cino años, 1.000 veces más que lo donado por Ortega. Y en este contexto, Susana Díaz, la Presidenta "socialista" de la Junta de Andalucía, acepta una donación de este multimillonario, lo encumbra como ejemplo en esta sociedad y se permite decir en el mismo acto que ve "irrenunciable" y "sostenible" la sanidad pública.

A este paso, en esa sociedad distópica que imagino, los ciudadanos no se manifestarán ante los ayuntamientos, los parlamentos, o las calles céntricas de las ciudades, rodeados de policías, sino ante las sedes de las multinacionales, custodiadas por ejércitos privados, para pedir las migajas de esta suerte de bienestar social patrocinado.

Peleemos por destapar a estos “capos”, sus manejos mediáticos y su modelo depredador y seamos los ciudadanos quienes cojamos las riendas para garantizarnos una vida digna, justa, en armonía con la naturaleza y en paz.

Deshagámonos de estos políticos que nos hacen pasar la verguenza de permitir que unos ricachones nos den limosnas con una mano mientras con la otra nos roban nuestros derechos, dejando de contribuir mediante una fiscalidad justa, progresiva y exigida a la sociedad.

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