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Tampoco he sentido una gran devoción por la moda ni le he dedicado más atención que la necesaria a lo que cada mañana me arrojo al cuerpo.

La semana pasada asistí por primera vez a un desfile de moda. Siempre he asumido, al ser la menor de mis hermanas, que la ropa se hereda —cual tesoro—, hasta que creces, te la compras y, por sorpresa, toma la dirección contraria y aparece en sus armarios. Tampoco he sentido una gran devoción por la moda ni le he dedicado más atención que la necesaria a lo que cada mañana me arrojo al cuerpo. Sin embargo, curiosa por pisar un mundo ajeno como éste, me fui a descubrir la Sur Fashion Experience, que se celebró en Jerez hace una semana.

Allí me vi, cautiva y despeinada, sin carmín rojo, y en zapatillas, en un evento fashion, donde todo era glamour, it y trendy, camuflando mi torpe aliño indumentario con una cámara de fotos al cuello. Admito que asistí con recelo. El mundo de la moda siempre me ha parecido un espacio donde prima la superficialidad, lo efímero, cuyos cánones de belleza han causado y causan tantos estragos en la sociedad. Pero he de reconocer que me di de bruces con otras realidades en las que no me había detenido hasta el momento.

Como la ilusión de las jóvenes de una escuela de formación de diseño —todas mujeres—, que protagonizaron el primer desfile precediendo a las firmas más conocidas, y que pudieron ver cómo sus creaciones desfilaban por una pasarela de verdad.

Como la almalgama de personas autónomas y pequeñas empresarias, tanto locales como de la provincia y otros lugares de Andalucía, cuyo negocio se basa en el mundo de la moda y que allí se dieron cita —visibilizando que existen y son de aquí—, entorno al debate de las sinergias entre moda, empresas y turismo. Gente que diseña —vestidos, zapatos, tocados, joyas, etcétera—, que crea e innova, y, harta de tener que ir fuera a vender sus productos, se vieron con un evento en la ciudad desde el que proyectar su trabajo. Destacando que la moda también tiene su nicho de mercado y crea empleo.

Como la constancia y el trabajo de Marta Silva y Ainhoa Rosado —periodistas y organizadoras de la Sur Fashion Experience—, que no han dejado de dar puntadas sin hilo desde su pequeña agencia de comunicación, para tejer esa red de pequeñas y grandes empresas, de particulares, con la que sacar adelante un proyecto de tal magnitud: diseñadores, fotógrafos, peluqueras, bloggers, floristas, hoteles, bodegas,... Y como no hay puntada sin dedal, la guía de Lola Rueda, imparable por darle un vuelco a la provincia.

Y sobre todo, esa red de patrocinadores y contactos que han sido enredados en este encuentro de moda, que con diferentes telas, lanas, botones e hilos han sobrehilado, remendado y zurcido una manta de patchwork que ha podido arropar un proyecto tan arriesgado como este, en el que el vino, el caballo y el flamenco no han sido esta vez los protagonistas que han puesto Jerez en el mapa. Y para eso no siempre hace falta dinero, sólo una buena agenda de contactos -que no es moco de pavo-, innovación, tesón y querer.

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