La serie británica que debería proyectarse en las sedes del PSOE

Raúl Solís

Periodista, europeísta, andalucista, de Mérida, con clase y el hijo de La Lola. Independiente, que no imparcial.

Un fotograma de la serie.
Un fotograma de la serie.

Corre como la pólvora un vídeo de una entrevista de Pedro Sánchez en Onda Cero en la que dice que “no es realizable” la propuesta de Unidos Podemos de regular el precio del alquiler porque “es un intervencionismo del mercado que a los propietarios les pone en una situación complicada”. Aunque admite que el precio de la vivienda en alquiler ha aumentado un 50% en ciudades como Madrid o Barcelona, afirma que no se puede hacer nada para garantizar el derecho a la vivienda.

Nada más escuchar estas declaraciones me he acordado de una maravillosa serie de la BBC que en España ha pasado desaparcebida pero que debería proyectarse en todas las sedes del PSOE e incluso en los Consejos de Ministros que preside Pedro Sánchez.

La serie ‘Llama a la comadrona’ narra las penalidades que pasaba la clase obrera inglesa y cómo las mujeres morían como chinches en el parto y las familias vivían en condiciones infames hasta que llegó el Estado del Bienestar al Reino Unido de la mano del Primer Ministro Clement Attlee, que ganó las elecciones a Winstor Churchill con un programa de socialismo democrático que luego aplicaron otros países europeos.

A cambio de aceptar la economía de mercado capitalista, el pluralismo ideológico, la democracia liberal, el parlamentarismo y de renunciar a la vía revolucionaria para conseguir sus objetivos políticos, los partidos socialdemócratas intervendrían en la economía, a través del Estado, para corregir las desigualdades sociales del capitalismo.

Ese modelo, que aupó a la clase trabajadora inglesa a inéditas cotas de igualdad, supuso una bajada drástica de la mortandad en el parto porque, entre otras cosas, las mujeres dejaron de parir en viviendas insalubres al lado de las fábricas, donde vivía la propia clase trabajadora, y empezaron a tener acceso a partos en hospitales públicos y a viviendas dignas.

La serie no hace otra cosa que narrar lo que supuso para la gente modesta de Reino Unido el Estado del Bienestar al que ha renunciado la socialdemocracia actual. El Primer Ministro Clement Atlee, que le ganó al conservador Winstor Churchill en las elecciones de 1945, justo unos meses antes de que finalizara la Segunda Guerra Mundial, nacionalizó el Banco de Inglaterra para poder tener control sobre las finanzas del país, sobre la generación de deuda y como manera de tener un mecanismo público que financiara a interés cero el modelo de desarrollo del socialismo democrático.

Clement Atlee también puso a servicio del bien común la potente industria del carbón inglesa, la electricidad, el gas, el ferrocarril, la aviación civil y la siderurgia. Con todos esos recursos estratégicos, puestos a disposición del Estado, de la cohesión social y del fortalecimiento del sistema democrático tras la zozobra de la Segunda Guerra Mundial, el exprimer ministro británico creó el servicio nacional de salud, construyó viviendas dignas para la clase trabajadora, propició “trabajo para todos en una sociedad libre”, extendió la educación a todas las capas de la población y puso en marcha un modelo de pensiones públicas que dio seguridad vital a los trabajadores.

Clement Atlee no era un radical de izquierdas. Todo lo contrario, era un hombre moderado, hijo de la burguesía inglesa y estudiante de la prestigiosa y elitista Universidad de Oxford que estaba preocupado por que nunca más se repitiese el clima de sálvese quien pueda que provocó la Segunda Guerra Mundial.

Atlee no era un desharrapado, ni un revolucionario, sino un antifascista, de verdad y no de opereta, que sabía que para evitar el triunfo de los ismos, que habían provocado la Segunda Guerra Mundial, había que evitar que las clases populares fueran de nuevo tiranizadas y, por lo tanto, era necesario intervenir en la economía para garantizar las cosas de comer.

Era un socialdemócrata, un socialista democrático, que a cambio de aceptar el capitalismo intervino en la economía para corregir las desigualdades sociales y llegar donde la iniciativa privada ni quería ni podía llegar. Lo hizo de la única manera que se pueden hacer las cosas en democracia: regulando mediante leyes, poniéndole coto a la avaricia del enriquecimiento rápido de los dueños del capital y protegiendo a la parte más débil de la ecuación capital-trabajo.

Atlee puso la primera piedra de la clase media europea que en los 80 comenzó a ser destruida por la alianza Thatcher-Reagan y que hoy está en aras de desaparición por el abrazo de los partidos socialdemócratas a las tesis neoliberales que sostienen que el Estado sólo puede intervenir si es para defender a las grandes multinacionales, a los bancos o a los ricos de toda la vida. Socialismo para los ricos, capitalismo salvaje para las clases populares.

Las declaraciones de Pedro Sánchez, en las que usa un estatus de autoridad –“no es realizable”- para rechazar la propuesta de Pablo Iglesias de regular el precio del alquiler, que se ha regulado por gobiernos de centro-derecha en Alemania recientemente, son más graves de lo que parece porque es la constatación de lo mucho que se ha ido hacia la derecha el PSOE.

El exprimer minsitro británico Clement Atlee sí era socialdemócrata, socialista democrático, un moderado de izquierdas. Aquella moderación de aupar a las clases populares hacia la clase media es justo lo contrario que hace la actual socialdemocracia, representada en España por el PSOE, convertida en el producto perfecto del binomio Thatcher-Reagan, que fueron los grandes ideólogos de la destrucción de la clase media a la que nos abocamos sin freno, si no lo remediamos desde la moderación de garantizar una vida digna y seguridad vital a las clases populares.

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