Jerez 2031: la importancia de la tilde

La 'liberación' del libro de candidatura con el que Jerez trató de convencer a un jurado de expertos internacionales de que merecía ser Capital Europea de la Cultura en 2031 deja un puñado de evidencias claras de que se confundió la realidad con el deseo

Detalles de merchandising de la candidatura de Jerez a Capital Europea de la Cultura en 2031.
26 de marzo de 2026 a las 09:45h

Los pequeños detalles son a menudo esenciales y reveladores. Un síntoma de que algo es muy bueno o, sencillamente, fallido. Liberado el Bid Book o libro de candidatura con el que Jerez ha tratado de convencer, sin éxito, a un jurado de expertos internacionales designado por la Comisión Europea de que podía tener opciones de ser Capital Europea de la Cultura en 2031, al fin hemos tenido la oportunidad de profundizar en los diagnósticos y planteamientos que este proyecto resumía en sus 64 páginas. 

Sin duda, era una oportunidad nacida de la nada, desde el abismo de una ciudad con bibliotecas cerradas, archivos históricos en riesgo de extinción y, en general, infrafinanciación en Cultura —confundida a menudo con las fiestas populares—. Era una inmejorable ocasión para que la ciudad al fin pudiera recuperar autoestima perdida con una iniciativa aperturista que debía tener una raíz colectiva y participativa o no germinaría. 

Un camino común hacia una especie de tierra prometida o Argónida, por citar a Caballero Bonald en el año del centenario de su nacimiento, que a menudo ha sido percibido por la ciudadanía con descreimiento y sin entusiasmo, lo cual ya daba pistas de que algo no iba bien. En lugar de abrir esas fronteras, en la espiral competitiva del proceso se optó por hacerlo aún más hermético, lo que a la postre ha resultado un fiasco colectivo y una victoria de los yo ya lo dije.

La realidad anterior se evidencia en que una candidatura que pretendía ser de territorio apenas haya contado con 15.000 adhesiones de personas e instituciones en una provincia con más de 1,2 millones de habitantes. Un dato elocuente: solo se sumó formalmente a la candidatura el 1,25% de la población que debía conquistar el corazón de la Comisión Europea.

Portada del 'Bid Book' (libro de candidatura) con el que Jerez quiso ser Capital Europea de la Cultura en 2031.

Forma y fondo: un naufragio, cerrado a cal y canto

Desde el diseño del libro de candidatura, que por ser suaves podemos resumirlo en un tanto naíf —solo hay que comparar con los de otras candidatas eliminadas, como Burgos— y poco cuidado —hay erratas que un simple repaso con IA se habrían detectado (el texto "necesita revisión profesional profunda", me dicta un modelo de IA de análisis profundo) o fotos que no tienen suficiente resolución o sentido—, hasta el contenido del mismo, donde a partir de un diagnóstico sincero y contundente, sobra eso que pomposamente llaman storytelling y faltan concreciones.

Unas lagunas que podían generar más dudas que certezas de que la candidatura tenía unos cimientos sólidos. La respuesta a todo esto desde quienes defendían la propuesta presentada es que cualquier cosa podía corregirse en una fase final, ya en marcha para Granada, Oviedo, Cáceres y Las Palmas de Gran Canaria, sin contar que esa confianza en el ya habrá tiempo también ha cercenado a la postre las opciones, según se aprecia. 

Una vez más, se confundió la realidad con el deseo y se pecó de ombliguismo —España-Jerez, lo mejón del mundo— lo que ha acabado por dejar un proyecto comunitario —que seguro que tiene cosas buenas que deberían tener visos de prosperar— para una ciudad dividida entre los que veían posible la designación y quienes le dieron la espalda al proyecto —y no se hizo nada por tratar de convencerles— desde su alumbramiento.

La IA me responde, tras preguntarle que me evalúe el contenido del Bid Book de Jerez 2031 como si fuera un miembro del jurado de la Comisión Europea. "He leído con bastante detalle el documento y voy a darte una valoración honesta y estratégica, como si estuviera en un panel de evaluación de Capital Europea de la Cultura (ECoC): Problemas serios de ejecución, claridad y credibilidad. Diría que está en un 6,5 / 10 (potencial de 8,5 si se pule bien)".

Sin embargo, sin entrar en más profundidades —que cada uno saque sus conclusiones cuando profundice en este libro de candidatura—, lo que sí está claro es que, desde la portada del Bid Book, ya hay un hecho que llama la atención. El Panhispánico de Dudas de la RAE determina: Olé u ole es una interjección que se emplea para animar y aplaudir. Se pronuncia indistintamente como voz aguda o llana, por lo que son igualmente válidas las grafías olé y ole. La forma llana ole es además un sustantivo masculino que significa 'baile y son típicos de Andalucía (España).

Cualquier jerezano, o cualquiera que se sumerja de verdad en la cultura de este territorio de la Baja Andalucía, comprenderá que aquí rara vez escuchamos Olé, por lo que parece ya de entrada un error —sin entrar en lo manido o tópico del concepto— haber denominado la candidatura Olé Europa. Porque aquí, en cualquier tabanco o peña con flamenco en vivo, podremos escuchar Ole los que saben; o hasta un sonoro Ole cuando te sirven un café o una copa de amontillado. Pero nunca Olé. Hasta a Lola Flores, nuestra artista más universal, la Lola de España, su familia la llamaba cariñosamente Oleole y hasta en la Semana Santa, cuyo inicio es inminente, escuchamos la voz del capataz proclamar: ¡Ole (hasta con cierta j al principio de ese Ole-jjole) las cuadrillas que trabajan bien! Así, sin tilde. El demonio, ya saben, está en los detalles y las palabras (y las tildes) siempre importan.