La letra chica de la carta de dimisión de Clara Serra

Raúl Solís

Raúl Solís

Periodista, europeísta, andalucista, de Mérida, con clase y el hijo de La Lola. Independiente, que no imparcial.

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La ya exdiputada autonómica de Más Madrid se marcha del proyecto errejonista. Lo hace después de haber sido apartada de los puestos de dirección del grupo parlamentario e invisibilizada por Iñigo Errejón, a favor de Tania Sánchez, la gran estratega del espacio errejonista, quien de verdad controla los municipios, curtida en el conflicto interno, líder de una de las tres familias que ya se dan en la escisión de Podemos –errejonistas, carmenistas y tanios- y con grandes dosis de maquiavelismo que aprendió desde su más tierna juventud en la aldea gala de Rivas, gobernada por Izquierda Unida desde tiempo inmemorial, de donde se marchó con imagen pública inmaculada aunque venía de las mismas prácticas de marxistas-ladrillistas por las que Alberto Garzón desfederó a IUCM de Izquierda Unida y que a ella, en un requiebro olímpico, le sirvió como argumento legitimador de su ruptura con la coalición de izquierdas para saltar a Convocatoria por Madrid y a los pocos meses a Podemos.

Hablar de Tania Sánchez, de su papel activo en la división de la izquierda madrileña y en el marcaje hecho a Clara Serra, que ha provocado la dimisión de la exnúmero dos del partido de Errejón, podría llevarnos a una tesis doctoral. Tania Sánchez es la Susana Díaz del espacio del cambio: sin oficio ni beneficio, su historial político se cuenta por víctimas y son innumerables la guerras inhumanas a cara de perro contra sus enemigos internos.

Lo destacable de la carta de dimisión de Clara Serra, no obstante, no es lo que no cuenta sobre Tania Sánchez, que ha sido la gran urdidora del arrinconamiento de Clara Serra en Más Madrid, dentro del conflicto interno, aunque soterrado, que se da entre carmenistas, errejonistas y tanios en la formación de Errejón.

Lo subrayable de la carta con la que dimite Clara Serra es un párrafo que apenas se ha destacado y que abre la puerta a la esperanza para quienes sostienen, con razón, que el espacio del cambio debe abrir un periodo de reconciliación tras el 10N si de verdad quiere alguna vez aspirar a gobernar España.

En el antepenúltimo párrafo de la misiva de Serra, dice: “Las mujeres del espacio del cambio, si somos capaces de construir espacios transversales, podremos sumar mucho en la necesaria reconstrucción que hará falta mañana para coser heridas y cerrar conflictos”.

No hace falta ser catedrático de Análisis del Discurso para comprender que de lo que habla Clara Serra es de la necesidad de que el espacio del cambio, entendiendo a Podemos, IU, Más Madrid y sus confluencias, abra un proceso después del 10N que permita la reconciliación y dotarse de organicidad para evitar “la tiranía de la falta de estructuras” que señala también la ya exdiputada madrileña en su carta de dimisión.

Es posible que unos tengan más culpa que otros en esta locura que ha terminado siendo el espacio del cambio nacido tras el 15M, aunque, como indica Serra, “todos y todas hemos sido responsables de los errores y es nuestro trabajo aprender de ellos y no volverlos a repetir”.

Igual suena naif, pero lo más esperanzador de la misiva de Serra es que se deja la puerta abierta a que, después de que Errejón e Iglesias compitan en la concurrencia electoral del 10N, se abra un espacio de reflexión que reorganice, rediseñe y reconcilie a un espacio que atomizado está llamado a fracasar, situando en la marginalidad las demandas de las clases populares.

Se avecina una Gran Coalición entre PP y PSOE para recortar por abajo en la nueva recesión económica que está por venir y que nos pillará sin colchón para amortiguar el golpe, porque ha sido gastado en la crisis de la que aún nos relamemos las heridas, y sería un drama en términos sociales que nos pillara sin una herramienta democrática, en la que sea posible disentir sin por ello ser enviado al rincón de pensar, con la que disputar la hegemonía a la derecha y a un PSOE neoliberal que ha renunciado a los principios sociales más básicos de la socialdemocracia y que tiene en la restauración del bipartidismo su principal proyecto político.

La dimisión de Serra puede servir de puente para unir, reconciliar y recuperar la sensatez de un espacio político que nació para combatir la hegemonía neoliberal y que, curiosamente, se ha comportado con los métodos más insanos asociados al neoliberalismo: las ambiciones desmedidas, la deslealtad, el desprecio a la construcción colectiva y el caudillismo de ganar a la primera y, si no se gana, se tira todo por la borda buscando el elixir de la eterna juventud como nos vende la publicidad cosmética.

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