Una de las manifestantes, en una imagen que circulan en redes sociales.
Una de las manifestantes, en una imagen que circulan en redes sociales.

La izquierda, siempre adelantada. Reconozcamos lo obvio. En márketing, publicidad, propaganda, siempre han sido de largo, los mejores. En gestión, como dirían en los jereles, cero patatero, pero es lo de menos, cuando hay una ingente cantidad de masa votante que te compra el discurso, ya le puedas meter acedía como lenguado.

La izquierda sabe que tiene mercado. Prepara el plato, lo salpimenta con emotividad y un poquito de rencor y vísceras, y a la mesa. La izquierda planta el adjetivo. Pijos, cayetanos. Estigmatiza negativamente a ese espectro de gente que le pone en jaque, que no son afín. Da igual que en mi vida y en la escena pública de nuestras vidas, haya más pijoprogres que cabrillas en un día de fina lluvía. Da igual que Echenique viva las esencias del barrio de Salamanca. Que la verdad no nos estropee el titular...

Una estrategia tan simple, tan sencilla, como efectiva. Repito, hay masa que compra "ese pescado". A partir de ahí, el discurso de esos pijos, no sirve, está descatalogado, arrinconado. Son pijos, ellos. Nosotros, el pueblo. Repito. Gente que compra " ese pescado ".

Antes era con fachas... A veces, no hay que reinventarse. Basta con volver a las viejas fórmulas que funcionaron. La lucha de clases, ya desaparecida por el aumento del nivel de vida, de la sociedad en general, vuelve a escena. Intercalamos con hombre versus mujer, hetero contra homosexual. Da igual. La cosa es dividir a la sociedad. Arrinconar a la sociedad según mis intereses. No de golpe, que se lía. Poco a poco, y el personal por inercia, va "a mi rincón", para que al siguiente escalón, señale con el dedo. "¡Ahí va el pijo!". ¿Les he dicho que hay gente que compra ese pescado?

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