Este título, ya lo sé, rezuma puretismo por los cuatro costados. Los jóvenes —sí, jóvenes— que hoy rondamos la treintena, un par de años arriba o un par de años abajo, podemos comprobar cómo los niños de hoy están creciendo en un mundo muy diferente al nuestro. ¿Peor? Algunos aseguran que sí, llevando por bandera una agridulce nostalgia. Los que crecimos en los 90, por poner un ejemplo, no disponíamos ni de la mitad de canales de televisión que hay hoy gracias a la TDT o la tele por cable, pero en casi todos emitían dibujitos animados, para nuestro regocijo. ¿Qué chaval de aquel entonces no pasaba las mañanas de los sábados viendo el Club Disney, la Banda del Sur o el Club Megatrix? ¿Quién no llegaba del colegio y se ponía a ver los dibujos que echaban en La 2? Por aquel entonces, vivimos los últimos momentos de cordura televisiva de Leticia Sábater, ahí es nada. Incluso los niños jerezanos de aquellos entonces recordaremos el Guati Guati de Onda Jerez, presentado por Rafa Delgado, programa que causaba furor cuando visitaba nuestros colegios.

También vivimos la época en la que en España estalló el boom de las consolas domésticas, siendo la Sega Megadrive y la Super Nintendo las grandes rivales. Por supuesto, no existía el juego online, pero no había nada mejor que jugar con tu amigo, cada uno con su mando, una partida al Streets of Rage o al Street Fighter II. Por desgracia, el multijugador casero ha perdido fuerza en pos del online, que te permite jugar con tus amigos, cada uno en su casa, o con un chaval de Dakota del Norte si hace falta.

Las consolas portátiles también comenzaron a hacerse populares a principios de los 90, especialmente la Game Boy, recordada cariñosamente como la Game Boy Ladrillo; aunque no era tan frecuente ver a los niños —y no tan niños— jugando en la calle como hoy. Recuerdo de mi niñez, en mi plazoleta, que uno de los mayores —que no debía pasar de los 18— se bajaba a la calle la Game Gear de Sega, ese mazacote de portátil devorador de pilas y con pantalla a color; todos los chavales teníamos la ilusión de que nos la prestara, pero nunca lo hizo. Dejando recuerdos de la infancia atrás, ¿quién no ha visto a día de hoy al grupito de niños que se baja a la calle, expresamente, para echar unas partidas con su Nintendo DS , 3DS o su PSP, cada uno a su rollo? Algo muy criticado por gente de mi generación que, paradójicamente, y de forma frecuente, sale a la calle para estar pendiente del Whatsapp y chateando. A todos nos están pudiendo las máquinas, al fin y al cabo.

Pese al florecer de las consolas, domésticas o portátiles, las calles o plazoletas, especialmente en las tardes de verano, estaban abarrotadas de niños y niñas que jugábamos al escondite, al coger, a poliladrón, a churro pico terna, al trompo, al diábolo, a la lima —cuando los jardines estaban humedecidos por la lluvia—, a fotopepe, al elástico —especialmente las niñas—, al fútbol.. A día de hoy, por ejemplo, paso por mi antigua plazoleta y no veo esa vidilla infantil de hace veintitantos años, ese constante jaleo risueño.

Las cosas hoy han cambiado y no diré si a mejor o a peor. Toda generación critica a su generación posterior, es ley de vida. Los que se criaron en los 80, seguramente, verán mejor su infancia con respecto a los que nos criamos en los 90 y así sucesivamente, por los siglos de los siglos. La infancia es ese período de la vida que, muchos de nosotros, guardamos como un tesoro en nuestro recuerdo.

Hoy por hoy, los niños tienen acceso a internet vía PC o vía smartphone casi desde la cuna, estando familiarizados con el manejo de las redes sociales de forma, según algunos expertos, alarmantemente prematura; los referentes juveniles ya no son los deportistas, son los youtubers; las niñas —que en mi época se llevaban el radiocassette al colegio y hacían las coreografías de las Spice Girls— ahora quieren hacerse los mejores selfies y conseguir muchos seguidores en Instagram. Son algunas de las diferencias que aprecio a grandes rasgos. Lo que está claro es que los años pasan y la vida se nos pasa volando. ¿Querrías ser niño o niña otra vez?

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