La indignidad de un modelo de hombre

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Juan Miguel Garrido Peña

Miembro de la Asociación de Hombre Igualitarios de Andalucía. (A Rocío siempre, antes, después y luego)

La indignidad de un modelo de hombre.
La indignidad de un modelo de hombre.

Indignado ante una realidad con magnitudes de tragedia y genocidio que a pocos o a nadie parece importar.

No hay un solo día que no sienta la necesidad de cambiar el canal de la televisión para no ver las noticias, y así tener que asumir que no avanzamos, y vamos a peor, porque es difícil que no haya una, a veces dos, en un mismo día, mujeres asesinadas por sus parejas, ex parejas, compañeros sentimentales, u hombres “despechados”, mientras la vida sigue, todo continúa igual, y los partidos “democráticos” pactan alcaldías, gobiernos autonómicos y presupuestos, con quienes niegan esta verdad, sin que a sus dirigentes se les caiga la cara de vergüenza. Sinceramente es una realidad con la que no me adapto a convivir

En nuestro país hemos llegado a la alarmante cifra de mil mujeres asesinadas por la violencia machista, y tenemos que seguir escuchando los indignantes argumentos de siempre, una cuestión de violencias sin más, de individuos con problema, o la recuperada violencia intrafamiliar. Porque hay mujeres que también maltratan y asesinan, o que todo lo demás, eso del patriarcado, del machismo, y la violencia de género es mentira, una estrategia de la izquierda y el feminismo para subvertir el orden, e instaurar la radicalidad.

Es insufrible e inhumano escuchar estas proclamas, de bocas de quienes con sus infames mentiras hacen posible la existencia de una cultura que genera y refrenda estos comportamientos criminales. Nos piden demostrar lo evidente, como que la tierra es redonda, la existencia de un mundo lleno de desigualdades entre hombres y mujeres, mientras  ellos vergonzantemente categorizan lo que no pasa de ser un hecho puntual y aislado, como las denuncias falsas, el maltrato masculino en las custodias compartidas, o el inventado e insostenible síndrome de alineación parental. Se olvidan e ignoran sin embargo, la aplastante verdad de los datos oficiales que desmontan sus totalitarios y misóginos imaginarios, pero siguen mintiendo porque saben que una mentira mil veces repetida al final para muchos es una verdad.

Mientras, todos seguimos mirando hacia otro lado, porque como bien nos ha enseñado el capitalismo, poco podemos hacer, más que preocuparnos por nuestros intereses, que si no lo hacemos nadie lo hará. Individualismo, miedo y egoísmo son la combinación perfecta para agachar la cabeza y meterla bajo el ala, en el colmo de la desfachatez y la desvergüenza.

Nos han lavado el cerebro con tal pericia e intensidad que no vemos el origen de lo que a nuestro alrededor sucede, porque no es necesario que haya asesinatos de mujeres, ni violaciones o abusos para que la desigualdad entre hombre y mujer que genera estos asesinatos y violencias, sea una realidad.

No nos damos cuenta los hombres, que es nuestra forma de ser, no cómo individuos, sino como género, la causante de esta tragedia que padecen las mujeres. Somos tan simples como para no preguntarnos por qué a nosotros no nos sucede eso, por qué no somos los que tenemos peores empleos, los que ocupamos en mucha menor medida puestos de responsabilidad y poder, o por qué las mujeres no abusan, violan, o nos asesinan. Si no somos capaces de hacernos estas preguntas y llegar a la conclusión de que el mal no está en los individuos, sino en la cultura y en la idea de hombre en la que creemos y a la que respondemos, es que algo falla verdaderamente en nuestro interior. Recientemente un famoso deportista ha perdido la vida en accidente de tráfico, cuando circulaba a más de 200 kilómetros de velocidad, pero eso tampoco nos hace reflexionar, sobre el porqué los protagonistas de estos hechos somos siempre hombres y no mujeres.

Si este número de asesinatos afectase a los hombres, el mundo sería un gran estado de excepción, los grandes pactos internacionales, y las medidas excepcionales para atajar este genocidio, serían constantes y ejemplares. Pero es a las mujeres a quienes asesinan, y eso parece no ser tan importante ni alarmante.

Le falta ya tiempo a nuestro presidente del gobierno, para públicamente denunciar este genocidio, convocar un gran pacto de estado, comenzar a concienciar a la ciudadanía,  e impulsar medidas que terminen con este holocausto, asegure y garantice la seguridad de las mujeres, y desmonte las estructuras de un sistema y una cultura patriarcal, que da el poder y los beneficios al hombre, y asesina a la mujer. Pero ello solo se logrará reconociendo la realidad, la responsabilidad de los hombres, y ejecutando decididamente medidas y actuaciones que hagan posible la igualdad real entre ambos sexos. Porque solo desde ese ideal de igualdad se puede lograr la paz en esta violencia que día tras día, mata y nos deshumaniza.

Nos falta tiempo a los hombres para asumir y demostrar nuestro compromiso con la igualdad, nuestro rechazo a todo tipo de violencias y discriminaciones, y a los violentos que las materializan.

Es posible que sea un autor de opinión, machacón, que no deja de repetir las mismas ideas, pero la realidad es tan alarmante, que no me permite otra opción. El silencio a los hombres nos hace cómplices. Allá cada cual con su responsabilidad y conciencia.

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