Sir Ken Robinson, durante una charla.
Sir Ken Robinson, durante una charla.

Hace unos días falleció Sir Ken Robinson, uno de los principales expertos y divulgadores acerca de la importancia de la creatividad, especialmente en relación con la educación. Su charla TED titulada ¿Las escuelas matan la creatividad? y pronunciada allá por 2006 es la más vista en la historia de esta plataforma de divulgación del conocimiento. Su idea central era que la creatividad debería tener la misma importancia en la educación que la alfabetización.

Y sobre esto escribimos hoy. Sobre algo que es importantísimo para el desarrollo humano, pero que va mucho más allá de una idea neohippie. Porque, en pleno siglo XXI, el mundo no se parece demasiado al que surgió de la Revolución Industrial. Pero nuestros sistemas educativos siguen pensados para anquilosar las capacidades creativas de nuestros estudiantes, para encajarlos en los moldes de conocimiento que ya tenemos preparados para ellos, como si fueran productos que salen de la cinta transportadora de la fábrica de Tiempos modernos. Y las pocas asignaturas que, a través del arte, sí fomentan la creatividad (música, dibujo, teatro, etc.) siempre están por debajo de las asignaturas consideradas como importantes. Son, como se dice popularmente, “marías”.

Quien aquí escribe es un firme defensor de la creatividad en todas sus dimensiones y aplicaciones, y más aún en el sistema educativo. El motivo principal es su importancia para el desarrollo humano, porque este no consiste únicamente en saber sumar o conocer listas de acontecimientos históricos. Los niños necesitan pensar por sí mismos, procesar y transmitir emociones complejas, buscar soluciones a problemas que no se pueden resolver con una fórmula matemática. Como decía el personaje de Robin Williams en El club de los poetas muertos, “la medicina, el derecho, el comercio, la ingeniería... son carreras nobles y necesarias para sostener la vida. Pero la poesía, la belleza, el romanticismo, el amor... son las cosas que nos mantienen vivos”.

Pero podemos ir más allá para convencer a las mentes cínicas que piensen que esto es palabrería buenista, que el sistema educativo debería ceñirse a formar a trabajadores eficientes. Pensemos, por ejemplo, en el teatro. Vivimos en una sociedad en la que saber relacionarse y comunicar puede ser tan importante como los conocimientos y destrezas que uno posea. Es algo que repito a mis estudiantes: las actitudes son tan importantes como las aptitudes, o incluso más. Y, en ese contexto, el teatro puede ser una herramienta fabulosa para que los niños aprendan a superar la timidez, a expresarse en público, a adaptarse a diversos roles y contextos, a comunicar ideas y emociones, etc.

 Pero es que, además, la capacidad de tener ideas originales que aporten valor (es decir, esto que llamamos creatividad) es clave en casi cualquier trabajo. Carreras tan poco vinculadas a priori con las artes como Administración y Dirección de Empresas se verían muy beneficiadas de una intensa formación creativa. ¿O el gestor de una empresa no necesita comunicar? ¿Tampoco pensar en soluciones a problemas? ¿Relacionarse con otras personas? Incluso en España tenemos la cantinela del emprendimiento —ojo, no confundir con El Prendimiento—. ¡Todos a emprender! El emprendedor es como el self-made-man del siglo XXI. Pues bien, si uno lee o acude a un curso sobre emprendimiento, escuchará los mismos mensajes una y otra vez. Emprender, emprender, emprender. Si fuera tan fácil, seríamos ya el Silicon Valley de la Bahía. Porque, claro, es difícil. ¿Y saben ustedes lo que hace falta para emprender? Primero, dinero, algo que no abunda por estas tierras. Y segundo, creatividad. Porque el éxito de emprender depende de tener una idea novedosa, además de luego saber ejecutarla. Y no basta con formación sobre planes de empresa, contabilidad, finanzas... Pero, como mucho, se forma sobre “mentalidad emprendedora”, como si eso bastara. Porque para tener ideas originales y con potencial de éxito, necesitamos estar preparados y entrenados para ser motores creativos. Como decía Ken Robinson, “no nos volvemos más creativos al crecer; perdemos creatividad al crecer. O más bien, se nos educa para perderla”. La enseñanza de las artes es clave para mantener nuestras capacidades creativas cuando crecemos y, ay, las necesitamos.

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