Amaia, en una foto que ha agitado las redes sociales.
Amaia, en una foto que ha agitado las redes sociales.

Que Amaia apareciera en una alfombra roja sin depilarse las piernas fue noticia hace unos días. Igual que lo fue que la ganadora de la pasada edición de Operación Triunfo compartiera en Instagram hace unos meses una fotografía en la que se apreciaba que tenía vello en los sobacos. Y lo mismo sucedió cuando una revista se encargó de borrar con Photoshop el pelo que la cantante lucía en sus axilas durante una actuación. La reacción de la triunfita, que pintó con rotulador el vello que le habían borrado reivindicando la no depilación, también fue muy comentada. Hay quien critica que el hecho de que una mujer aparezca sin depilar se convierta en noticia. Pero debe serlo. Porque lo que se critica sin sentido y de forma machista es el hecho de que una mujer luzca vello en zonas de su cuerpo como las ingles, las axilas, las piernas o el rostro. Ojalá llegue el día en el que el hecho de que Amaia (y cualquier mujer) aparezca sin depilar, se vea como algo normal.

Ya sea con cera, depiladoras eléctricas, láser o fotodepilación las mujeres tenemos que invertir minutos y euros en retirar el pelo de nuestros cuerpos. Y de la cuchilla ya ni hablemos. Suele ser el método más rápido pero el menos higiénico. Incluso cuando vamos a los ginecólogos nos obsesionamos por dejar la zona púbica perfecta. Y eso que estos médicos han dicho en más de una ocasión que desaconsejan depilar la zona por completo. Si tenemos vello es por algo, la naturaleza es sabia. Entre otras cosas el vello protege la piel y estar depilándose de forma continua no es positivo. Sea la zona del cuerpo que sea nuestra piel puede verse dañada con tanta depilación.

El principal motivo por el que la mayoría de mujeres gastamos nuestro tiempo y dinero en depilarnos no es la higiene, que debería ser el único por el que deberíamos hacerlo. La principal razón por la que nos quitamos el vello facial y corporal es porque si no lo hacemos nos sentimos observadas, criticadas, feas e inseguras. Algo que no sucede a los hombres. Así es el pensamiento que está implantado en la sociedad actual. Que un hombre vaya sin depilar a la playa, a una entrevista de trabajo, cuando luce pantalón corto, que lleve una barba frondosa o que tenga vello en la espalda y la barriga no tiene consecuencias negativas para ellos. Es más, a veces esto se convierte en símbolo de masculinidad. Sin embargo cuando se trata de nosotras el tener vello y no tener tiempo o ganas de depilarnos puede dar lugar a tomar decisiones como no ir a la playa, no ir a la piscina, optar por una vestimenta u otra, pasar calor en verano por tener que llevar pantalón largo en lugar de una prenda más corta o no quedar con otras personas por el temor al qué dirán o por las miradas que nos vayan a echar. Triste pero cierto.

Desde pequeñas nos han inculcado que el vello es una debilidad, que no podemos sentirnos bien si hay pelos de más en nuestros rostros o en nuestros cuerpos. Y cualquiera nos quita eso de la cabeza. Hasta cuando apenas se aprecia que tenemos lo que se considera algún pelo de más, podemos llegar a obsesionarnos y madrugar, irnos a dormir más tarde o dejar para otro momento alguna responsabilidad con tal de que esos pelos desaparezcan cuanto antes. Menudo alivio cuando llega el frío, porque no tenemos que estar tan pendientes de si nuestras piernas o nuestras axilas tienen más o menos pelos.

Esto debería cambiar. Si no nos da tiempo o no nos da la gana de depilarnos las piernas y queremos ir a la playa, hagámoslo. Si no queremos depilarnos las axilas, pongámonos las camisetas y bikinis que nos dé la gana. Si no queremos quitarnos el vello del bigote, vayamos con la cabeza alta y la seguridad por bandera. Hagamos bello el vello. Si nosotras estamos cómodas con nosotras mismas, no debería haber más problemas. Y si nos queremos depilar, hagámoslo también, pero solo por elección propia y no por el qué dirán.

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