La Religión, la intrusa de las aulas

Que en 2018 continúe existiendo una asignatura dedicada a una religión en concreto es un claro ejemplo de que el sistema educativo todavía tiene que avanzar mucho

Una clase con niños y niñas en un colegio público en una imagen de archivo. JUNTA DE ANDALUCÍA
Una clase con niños y niñas en un colegio público en una imagen de archivo. JUNTA DE ANDALUCÍA
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El curso escolar ha comenzado. Profesores y alumnos han vuelto a las aulas. Y con ellos la intrusa de la educación pública: la Religión. Que en 2018 continúe existiendo una asignatura dedicada a una religión en concreto es un claro ejemplo de que el sistema educativo todavía tiene que avanzar mucho. La Junta de Andalucía quiere reducir las horas lectivas de esta asignatura en los cursos de Primaria. Pretenden que en el año académico 2019/2020 no se puedan impartir más de 45 minutos semanales de Religión. La reducción está bien, pero lo que deberían hacer es eliminarla de los planes de estudio. En Andalucía y en toda España.

Adoctrinar a los niños en las escuelas públicas en aspectos referentes a la ideología y en cuestiones de libre elección debería estar prohibido. ¿Les parecería normal que se impartieran clases sobre Podemos, Partido Popular, Ciudadanos o Partido Socialista que condicionasen a los niños a pertenecer a un partido político u otro? No, ¿verdad? (También hay que denunciar que aunque no haya asignaturas destinadas a partidos políticos hay profesores que intentan adoctrinar en ideas políticas. Que se lo digan a los catalanes).

¿Les parecería lógico que como vivimos en un sistema monárquico hubiese una asignatura dedicada exclusivamente a la corona y que orientase a hacerse monárquicos a quienes por la edad aún no se han formado una opinión con fundamento? Tampoco, ¿cierto? Pues lo que ocurre con la religión es similar. Por poco que sea, el tiempo que los pequeños y jóvenes invierten en las clases religiosas, podrían aprovecharlo para aprender sobre otros aspectos. No estaría mal dedicar un tiempo a mostrarles cómo funciona el mundo real, a hablarles un poco de la actualidad —por cierto, aunque este sea otro tema también es digno de análisis que en asignaturas como Historia se dedique más tiempo a la Edad Media que a la Historia contemporánea—.

Quien quiera introducirse en la religión, sea cual sea, que se vaya a iglesias, parroquias, mezquitas u otros tantos lugares. Porque esos son los sitios destinados para ello. Las escuelas públicas no deben serlo. Que en un estado laico, que además aboga por la libertad de expresión y conciencia, se introduzca en los planes de estudio la asignatura de Religión es contradictorio además de antiguo.

Y no solo debería eliminarse la Religión de las aulas por el adoctrinamiento ideológico. También por la discriminación que fomentan algunos profesores que imparten esta asignatura. En esta materia existen los dos extremos. Están quienes enseñan de forma cerrada la religión y quienes lo convierten en una asignatura insignificante, en la que algunos se inscriben por el simple hecho de sacar nota, porque con una charlita del profesor en cuestión, sin evaluación ni deberes, consiguen más nota media. Porque no olvidemos que en algunos niveles educativos todavía cuenta la nota de esta asignatura para el futuro de los alumnos. En esta materia todo vale. Y a la hora de contratar al profesorado también. Mientras que quienes quieren acceder a la educación pública para impartir cualquier otra asignatura tienen que pasar por un largo proceso de oposiciones, en la religiosa lo que prima es el libre albedrío.

En más de una ocasión he escuchado a algunos afirmar que en los colegios religiosos los alumnos aprenden los mejores valores y buen comportamiento. Y lo mismo los alumnos de los colegios públicos que están matriculados en Religión. Mentira. En los colegios no religiosos y los alumnos que no están inscritos en esta asignatura tienen la opción de aprender los mismos valores. Profesores y padres deben encargarse de ello independientemente de las creencias religiosas. Estas letras no tienen la intención de ofender a quienes pertenecen a diferentes religiones. Cada uno es libre de creer y estudiar sobre la ideología que mejor le parezca. Pero fuera de las aulas públicas.

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