Imagen promocional del musical 'Billy Elliot'.
Imagen promocional del musical 'Billy Elliot'.

De todos los géneros musicales siento especial predilección por el musical. En los últimos años he podido disfrutar de una veintena de espectáculos de este tipo. Bueno, a veces he disfrutado y a veces me he aburrido. Porque como en todo, alguno deja mucho que desear. El último que he visto ha sido Billy Elliot, que actualmente está en cartel en el Nuevo Teatro Alcalá de Madrid. Me ha parecido una maravilla. Sin duda lo incluiría en el top 3 de los musicales que he podido ver hasta el momento. Y no, El Rey León no está en el pódium.

Llevaba meses queriendo asistir a ver la historia protagonizada por el niño que se quiere convertir en bailarín pese a que el ballet se considera algo de mujeres. En su día la película me fascinó. El mensaje de superación, de luchar por los sueños y de no hacer caso al qué dirán que hace veinte años transmitió la película es perfectamente extrapolable a la actualidad. Por eso es tan necesario.

Antes de llegar a nuestro país el espectáculo se estrenó en Londres y Nueva York. En ambas ciudades ha sido todo un éxito y ha recibido las mejores críticas de los profesionales del sector. Esto siempre resulta delicado porque cuando algo que en otros países ha triunfado llega a España, no se sabe lo que puede pasar. Pero afortunadamente en este caso se puede decir que el musical es un sobresaliente en varios aspectos más allá de su argumento que por cierto, está muy bien adaptado.

La escenografía es espectacular. Los continuos cambios de escenario de los que el público es partícipe son una gran muestra de todo el trabajo que hay detrás de este montaje. Las letras de las canciones abordan temas tan importantes como la crisis minera, la muerte, el rechazo que sienten algunos niños, la homosexualidad, la falta de dinero o el alzheimer. El elenco de actores está a la altura. Hay que destacar el trabajo de la actriz Natalia Millán, que interpreta a la profesora de ballet de Billy Elliot, y el de los niños. Niños que hacen que se mantenga la esperanza en el futuro de este género. Si hay algo que hace mágico al teatro es su capacidad de conmover. Y en este caso se consigue. Provoca risas, lágrimas, empatía, solidaridad. El espectáculo logra que la sensación al salir del teatro sea la de tener ganas de reflexionar y de luchar por tus sueños.

Tan solo hubo algo que no me gustó. Algo que incomodaba. Como he comentado anteriormente en Billy Elliot se trata el tema de la homosexualidad. Se trata reflejando lo mal que lo pasan quienes son rechazados por su familia y amigos o por quienes por dedicarse a un sector concreto o tener gustos considerados de otro género también son rechazados. Cada vez que el tema salía a la luz, cada vez que un niño se ponía el tutú, o que otro confesaba que le gustaban los hombres, no faltaban las risitas del público. Unas risas nerviosas que denotan que todavía hay cierto rechazo a que se aborden estas cuestiones incluso encima de un escenario. Menos mal que la exquisitez del musical de Billy Elliot está por encima de eso. Si tienen la oportunidad de verlo no lo duden, merece la pena.

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