Los jugadores de River Plate, celebrando la Libertadores. FOTO: VERTELE
Los jugadores de River Plate, celebrando la Libertadores. FOTO: VERTELE

Es indignante que el partido de la final de la Copa Libertadores que disputaron el River y el Boca el domingo se celebrara en Madrid. Si el motivo de la suspensión del encuentro hace unas semanas en Argentina fue la agresividad de algunos de los aficionados, la solución debería haber sido cancelar el partido o jugarlo a puerta cerrada. Pero no, aquí está España para salvar el fútbol. Como siempre. Porque cuando de fútbol se trata hay poco que discutir. El Gobierno, las fuerzas de seguridad y algunos ciudadanos se vuelcan con este deporte, aunque sea una competición que ya de por sí no tiene sentido que se celebre en nuestro país.

Durante el domingo y los días previos al partido, Madrid se ha blindado para la seguridad de quienes han asistido al partido y de quienes han estado por los alrededores del Santiago Bernabéu. En el aeropuerto los controles se han extremado. Han devuelto a algunos argentinos que pertenecen a las hinchadas radicales a su país para evitar conflictos mayores. ¡Qué eficacia, oye! Porque, repito, cuando se trata de fútbol, ciudadanos, políticos y demás autoridades se vuelcan. Pero, ¿qué necesidad había de albergar aquí esta competición?

Claro, como al Gobierno, televisiones, radios, negocios hosteleros y al Real Madrid les conviene que el encuentro se celebre aquí, pues adelante. Dinero, dinero, dinero. Fútbol, fútbol, fútbol. Da igual el motivo por el que se suspendiera el partido, da igual poner las entradas a la venta a precios desorbitados, da igual que en otras situaciones no se extreme la seguridad como se debería. Parece que cuando de fútbol se trata hay que darlo todo. Y que no nos engañen. Acoger este encuentro no es necesario para demostrar que España es uno de los países más seguros. Eso ya está demostrado. Y el hecho de que este partido haya dejado dinero en nuestro país tampoco es motivo para que la final de la Libertadores se celebrara en Madrid. Que por cierto, a algunos les habrá dejado dinero, pero a otros nos ha costado, porque las cifras del despliegue de seguridad son impresionantes.

Que este partido se haya disputado aquí no ha sido más que oportunismo para tener contentos a los aficionados al fútbol y para aumentar la dosis de egocentrismo de quienes decidieron que Madrid fuera la sede de la competición. Que cuando viajas a algún país extranjero, en especial a Estados Unidos, solo escuches Madrid, Barça, Messi, Ramos y Ronaldo, dice mucho de la imagen que tienen de nosotros. Eso sí, cuando quieren trasladar algún partido de nuestra Liga a Estados Unidos los aficionados, los políticos y trabajadores del fútbol ponen el grito en el cielo. Habría que ver qué ocurre si aquí se suspende un clásico por violencia y lo trasladan al otro lado del charco. Pero cuando es al contrario, con tal de ver hora y media (aunque en este caso fue un poco más) de toques de balón aunque sean toques malos, todo vale.

Lo que hay que hacer es poner el foco en los problemas que ocasiona la violencia en el fútbol. Porque hay que resaltar que aunque en España la cosa estuvo tranquila, algunos de los que se quedaron en Argentina volvieron a celebrar la victoria y a llorar la derrota de sus equipos con violencia. Hay que apoyar más a otros deportes. Hay que desplegar a las fuerzas de seguridad en situaciones necesarias. Con esto no quiero restar la importancia del balompié en nuestro país. Pero es lamentable cómo en más de una ocasión se nos va de las manos este deporte cuando se trata de su versión masculina.

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